Caso Epstein: el encubrimiento de la fiscal general de EE.UU. Pam Bondi
La fiscal general de Estados Unidos Pam Bondi se presentó esta semana en un comité del Congreso de su país que está fiscalizando el manejo del Caso Epstein, vale decir, aquel que tiene que ver con la red de tráfico de menores y abuso sexual que manejaba el fallecido pederasta Jeffrey Epstein con su socia Ghislaine Maxwell. La participación de Bondi en esta sesión debe haber sido lo más vergonzoso que yo le haya visto a la vez a un fiscal general en EEUU y que la va a atormentar a ella y a los que están en el Gobierno de Donald Trump por mucho tiempo. Sobre todo esta imagen que quizá alguno de ustedes haya visto en la que un miembro del Comité le pide a las víctimas de Jeffrey Epstein, que estaban ahí presentes, que se pongan de pie y levanten la mano si el Departamento de Justicia no las había querido recibir hasta ahora, y Bondi evita mirarlas porque, como parece a estas alturas más que evidente, no podría interesarle menos las víctimas. Ella está ahí para defender a Donald Trump, a otros miembros de su Gobierno como el secretario de Comercio Howard Lutnick, quien ya se comprobó que le mintió al Congreso al decir anteriormente que su conexión con Epstein terminó en el 2005, cuando los correos revelados muestran que se reunión con él en su isla tiempo después, y no sabemos a quién más está protegiendo Bondi porque ha tapado los nombres de muchas personas en los documentos, en correos en los que visiblemente están hablando de tráfico de menores, por lo cual es de interés público saber quiénes son pero ella y su equipo han preferido ocultarlo. Eso lo sabemos por esta última revelación masiva de documentos, pero hay como 3 millones más que no han sido publicados, así que no sabemos qué puede estar escondido allí.
Aquí hay que recordar que el cargo de fiscal general en EEUU no es como en el Perú que está en una organización constitucionalmente autónoma (el Ministerio Público) sino que es parte del Gobierno, es decir, lo elige el presidente. En teoría, debería operar con autonomía a pesar de eso, pero así como en el Gobierno de Trump se ha cambiado de nombre al Departamento de Defensa para que se llame Departamento de Guerra, el Departamento de Justicia debería pasar a llamarse Departamento de Encubrimiento. Porque eso es lo que muy evidentemente está haciendo Pam Bondi.
No solo se negó a revelar de forma completa los documentos del caso, sino que lo hizo tardíamente y de forma incompleta, pese a que estaba obligada por ley a hacerlo, sino que sigue haciendo todo este ejercicio de tapar nombres que deberían conocerse, y más bien ha cometido la irresponsabilidad y la bajeza de sí publicar los nombres de las víctimas, los que sí debería proteger. Algunos congresistas han podido ir al Departamento de Justicia para revisar en más detalle los documentos, pero se ha comprobado que Bondi ha estado monitoreando qué buscaba cada uno, porque se han visto papeles que ella llevó al Congreso donde se veían sus historiales de búsqueda. ¿Por qué haría esto si no es para comprobar si están tras una pista que a ella le preocupa que sigan?
Ya es absolutamente evidente que aquí no hay una preocupación del Departamento de Justicia de preservar la privacidad de personas que no han cometido delitos o evitar que sean difamadas, porque con los documentos que ya se han conocido es meridianamente claro que se han cometido delitos y que hay muchísimas personas involucradas en ello, pero a la fecha, no hay una sola persona procesada fuera de Ghislaine Maxwell, la socia y ex pareja de Epstein.
De manera increíblemente desfachatada, cuando se presentó en el Congreso visiblemente alterada, Bondi se puso a insultar a los congresistas demócratas y republicanos que le hacían preguntas punzantes sobre el caso, con un nivel de irrespeto que yo nunca había visto de un funcionario del gobierno estadounidense en una audiencia congresal, e incluso dijo, con las víctimas presentes, que no se debería estar hablando de esto, sino sobre el hecho de que el índice Dow Jones de la Bolsa de Valores de Nueva York había roto un récord. Es decir, si a la economía, o mejor dicho, es la bolsa le va bien, pues no importa que se violen a menores de edad.
En estos últimos días he estado reflexionando bastante sobre cuánta porquería está dispuesta a tolerar de quienes tienen poder. Y un artículo que leí me hizo recordar, que así como estamos hablando ahora del caso Epstein, hace no mucho estuvimos hablando del caso del rapero Sean Combs más conocido como Puff Daddy o P.Diddy, quien era famoso por sus fiestas, a las cuales iban múltiples celebridades, pero ahora se conoce que había tráfico sexual, uso de drogas para cometer violaciones y el mismo Combs tiene videos donde se ve cómo golpea brutalmente a su novia. Pero algunas de esas celebridades deben haber pensado que, si las fiestas eran buenas, pues qué más da.
Y antes que eso estuvo el caso de Harvey Weinstein, el todopoderoso productor de cine que extorsionaba a mujeres con sexo para permitirles avanzar en sus carreras. Cuando recién aparecieron las víctimas de Weinstein, recuerdo que las ignoraron y mucha gente de Hollywood siguió en buenas migas con él porque seguía teniendo poder.
Lo que quiero hacerles ver aquí es que no es solo Epstein. Es Epstein, Diddy, Weinstein y quién sabe cuántos más. Es algo que no se circunscribe a un caso aislado sino una manifestación de que, con el poder, se habilita en demasiados casos en entorno de impunidad que permite cometer todo tipo de abusos, entre ellos sexuales e incluso contra menores de edad. Tenemos que reconocer que hay acá una podredumbre moral que se tolera y, cuando es visibilizada, se encubre o se apaña si el acusado sigue teniendo poder.
Por eso es que lo de Pam Bondi que les cuento en la mañana tiene que ser un punto de inflexión. Los votantes republicanos que hicieron campaña a favor de Donald Trump lo apoyaron en buena medida porque él dijo que iba a revelar los archivos completos del caso Epstein. No hay razón alguna para que no esté ahora exigiéndole que haga exactamente eso. Los demócratas, si ganan control de alguna o las dos cámaras del Congreso en las elecciones de medio término, o antes con apoyo de algunos congresistas republicanos que finalmente están entrando en razón, deben censurar a Pam Bondi y conseguir que se revele todo lo que sea de interés público, es decir, los nombres de los co-conspiradores o socios de Jeffrey Epstein en su negocio de tráfico sexual de menores. Ya basta con seguir tolerando y encubriendo estos niveles de degradación moral.
Si quieres ver la Reflexión del día en video, la encuentras aquí abajo: