El 250 aniversario de “La riqueza de las Naciones”, la gran obra de Adam Smith

El 250 aniversario de “La riqueza de las Naciones”, la gran obra de Adam Smith

Ayer, 9 de marzo, se conmemoró el 250 aniversario de la publicación de uno de los libros más trascendentales e influyentes que ha producido la humanidad. Me refiero a “The Wealth of Nations” o “La riqueza de las Naciones”, la gran obra del escocés Adam Smith, conocido también como “el padre de la economía”. El libro tiene en realidad un título más largo, pero así es como se ha popularizado. 

Jesse Norman, el autor de “Adam Smith: padre de la Economía” acaba de publicar un artículo muy interesante en el Washington Post para celebrar esta fecha y recordar algunas cosas importantes sobre Smith. Por ejemplo, La riqueza de las Naciones es su segundo libro, siendo el primero, “La teoría de los sentimientos morales”, un libro de filosofía moral, como indica su nombre. 

Esto es bueno recordarlo porque los críticos de Adam Smith creen que su obra es una especie de glorificación de la codicia porque este afirmó que la economía de mercado permite que, al perseguir cada persona su interés personal, se satisfagan las necesidades de muchísimas personas a través de intercambios en los cuales uno se beneficia por satisfacer la necesidad ajena y viceversa. El que cada quien actúe no necesariamente por altruismo sino por interés personal no hace que el resultado deje de ser socialmente deseable y que, llevado a escala, convierta al mercado en un gran sistema de cooperación para satisfacer necesidades. 

Smith, quien era más filósofo moral que economista uno podría decir, no estaba queriendo ensalzar el egoísmo, cosa que uno entiende si lee conjuntamente los dos libros mencionados, sino más bien proponer una teoría moral basada no tanto en las creencias religiosas sino en el entendimiento práctico de cómo cooperamos los seres humanos para alcanzar nuestro propio bienestar, y esa teoría es tan potente que justamente dio pie a toda una ciencia social como es la economía. 

Otra cosa que hizo Adam Smith en su momento es criticar al mercantilismo, que lamentablemente está resurgiendo en esta época. El mercantilismo se basa en la idea de que la riqueza es estática y que se disputa en un juego de suma cero, es decir, que si yo obtengo más riqueza, es porque se la estoy quitando a alguien más. 

Smith explicó, más bien, que la riqueza no está en la acumulación de tesoros sino en la productividad que puede tener una economía, y que lo que hace crecer a esta última es el intercambio voluntario de bienes y servicios que lleva a la especialización del trabajo y la competencia en el mercado que, a su vez, permite el incremento de los niveles de vida. Este sistema, recuerda Jesse Norman, no es combativo sino cooperativo en esencia. 

Lo que puede destruir los fundamentos de un sistema como este es lo que hoy conocemos como capitalismo de amigotes o crony capitalism en inglés, que es cuando el mercado no es verdaderamente competitivo sino que opera un sistema mercantilista que favorece a algunos productores por encima de otros porque tienen estos, por ejemplo, la capacidad de controlar o influir en el gobierno de turno. 

Mucha gente que critica el capitalismo está criticando en realidad este tipo de capitalismo, que entrega beneficios y protecciones a ciertos productores en perjuicio de los consumidores, pero Adam Smith de seguro lo haría también. Smith habría diferenciado claramente entre una empresa que es exitosa por su capacidad de innovar y una empresa que lo es por su cercanía con el político tal o cual. 

Smith también abogó fuertemente por lo que hoy conocemos como el Estado de derecho, es decir, un sistema de reglas que sean abstractas y generales, predecibles y aplicadas sin discriminación. La legitimidad de ese sistema de reglas depende de que su resultado sea meritocrático. 

Dice Jesse Norman en su artículo en el Washington Post que “quizá la observación más profunda de Smith es que una sociedad comercial es un logro moral. Esta canaliza el interés propio hacia actividades productivas realizadas en competencia y bajo el imperio de la ley, que incrementa los estándares de vida al expandir el intercambio”. Pero, agrega Norman, es un sistema frágil que depende de la justicia, de que haya competencia de verdad y de que el ciudadano actúe juiciosamente. 

Nada que agregar. Me sumo aquí a la celebración por los 250 años de La Riqueza de las Naciones. 

Si quieres ver la Reflexión del día en video, la encuentras aquí abajo:

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