¿Sirven para algo los debates presidenciales?
Estamos próximos al inicio de las rondas de “debate” que organiza el Jurado Nacional de Elecciones previo a la primera vuelta presidencial, y por tanto vale la pena preguntarse cuánto valor aportan en el marco de la campaña.
Lo primero que hay que decir es que estos espacios no están diseñados como debates propiamente dichos, sino más bien como una dinámica de exposiciones donde cada candidato va contando lo que piensa hacer en una determinada temática.
Lo que tendría que ocurrir en un debate es que se plantee una moción que fuerce a los participantes a argumentar a favor o en contra, para que se haga evidente para los votantes dónde están parados respecto de una temática que polariza, es decir, que divide opiniones, y cómo sustentan ellos las suyas.
Esto es más fácil hacerlo si hablamos de un debate de cara a la segunda vuelta, cuando ya quedan solamente dos planchas presidenciales en disputa y resulta más sencillo o se hace más necesario diferenciar entre esas dos opciones. Pero, cuando tienes treintaipico candidatos, como ahora en la primera vuelta, lo que se le termina generando al votante es lo que se conoce como fatiga de decisión, porque termina siendo muy trabajoso distinguir entre tantas opciones, aun cuando las diferencias no sean tan grandes.
Entonces, yo me atrevería a decir que los debates presidenciales de primera vuelta sirven muy poco si lo que uno espera de ellos es que sean una confrontación real de ideas o planteamientos. Pero, en términos prácticos, pueden tener otras implicaciones. Por un lado, son un riesgo para los que están en los primeros lugares de la intención de voto, porque para ellos suele ser mayor el riesgo de no hacerlo tan bien y ver por tanto debilitada su posición. Para los candidatos menos conocidos o que están más abajo en las encuestas, suele ser una oportunidad de visibilizarse típicamente atacando a los que están más arriba.
Los debates presidenciales, por tanto, suelen dejar más anécdotas que propuestas de fondo. Los candidatos están esperando que algo de lo que digan o hagan se convierta en un meme que se viralice en las redes sociales, porque hasta la mala publicidad es publicidad.
La reflexión que yo saco de todo es la siguiente, y fíjense porque es bien importante. Más que pensar en esto como debates entre personas, deberíamos verlo como debates entre partidos. Porque la persona que postula a la presidencia ciertamente le imprime su impronta a la campaña y para el votante termina siendo muy relevante si conecta emocionalmente con el candidato, si le parece una persona confiable, competente, etc. Pero a nivel de ideas, la diferenciación principal debería venir por lo que representan institucionalmente los partidos, las posiciones que defienden, los temas que priorizan. Aquí es donde uno debería ver distinciones ideológicas determinantes para el voto. Pero lamentablemente esto no ocurre porque la gran mayoría de los partidos en el Perú hace mucho tiempo dejaron de tener un anclaje ideológico real. Se han convertido en lo que se conoce como “partidos atrapatodo”, es decir, van asaprando sus posiciones a lo que crean que puede generarles más votantes, incluso si para eso tienen que dar mensajes contradictorios a distintas audiencias. Muchos partidos, como sabemos, son vehículos para que determinadas personas busquen satisfacer sus ansias de poder, pero tienen muy poco o nada que ver con un interés real de discutir ideas.
En el Perú muchas veces se le asigna una connotación negativa a la palabra ideología. Pero eso es un error. Yo creo que el problema es inverso. Precisamente porque los partidos han renunciado a defender abiertamente posiciones ideológicas y prefieren, más bien, ir acomodándose según lo que convenga en la campaña, es que no tenemos debates políticos de verdad, solo simulaciones de debate como las que vemos previo a la primera vuelta. Y me apena mucho eso, porque es, en cierta medida, una subestimación de la inteligencia del votante promedio. Las ideas son importantes en todo, pero particularmente en las ideas. Por tanto, en lo que se refiere a los debates presidenciales, pidámosle ideas a los partidos, y no puro show.
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