¿El cargo de presidente del Perú se parece más al de primer ministro?
Una cosa que siempre me ha llamado la atención sobre el Perú es que tengamos el cargo de primer ministro en el Gobierno, o, para ser más exactos, el de presidente del Consejo de Ministros. Si ustedes se fijan, creo que ningún país sudamericano tiene este cargo.
Normalmente, la figura de primer ministro existe en los países que tienen sistemas de gobierno semipresidencialistas, es decir, aquellos donde existe un presidente elegido por el pueblo, pero es el Parlamento el que típicamente define quién es el primer ministro y lo puede remover del cargo en cualquier momento. Estas figuras coexisten dentro del Poder Ejecutivo, porque a una (el presidente) se le asigna el rol de Jefe de Estado (es decir, quien representa al país fuera de sus fronteras y es la máxima autoridad de las fuerzas armadas) mientras que a la otra (al primer ministro) le asigna el rol de Jefe de Gobierno, es decir, quien se encarga de la gestión del día a día del Poder Ejecutivo.
El Perú es una cosa rara porque tiene presidente y primer ministro, pero el primero es jefe de Estado y jefe de Gobierno a la vez y el segundo es… pues no es propiamente un primer ministro, solo apenas, como decíamos, una suerte de coordinador del gabinete ministerial.
Pues bien, si esto ya era un arreglo institucional medio absurdo, yo me atrevería a decir, porque no tiene sentido tener la figura de primer ministro si no es propiamente un jefe de gobierno con peso propio, pues fíjense lo que está ocurriendo ahora. Y tomo esta idea del análisis que ha hecho el politólogo venezolano Quico Toro en un artículo en Persuasion que compartí ayer en el newsletter de Comité.
En el Perú, yo no es solo que tengamos una figura de primer ministro que es esencialmente decorativa (una especie de ministro con algunos roles potenciados pero que no es estrictamente el jefe de los demás ministros), sino que ahora lo que está pasando en el país es que la figura del presidente se está asemejando a la de un primer ministro.
¿Por qué? Porque el Perú ha dejado de ser un país presidencialista en la práctica, o siquiera semipresidencialistas, y ha pasado a ser en los hechos un país parlamentarista, porque es el Congreso el que elige de sus propias filas al presidente, como hemos visto en los casos de José Jerí y José María Balcázar, similar a lo que ocurría en un país parlamentarista, o en todo caso tiene la capacidad real de sacar presidentes según su antojo, lo cual también hemos visto en las múltiples vacancias presidenciales aprobadas en la última década.
Entonces, al elector le vende la ilusión de que nuestro país es presidencialista y que él o ella vota por quien va a ejercer como jefe de Estado y jefe de Gobierno, pero en realidad el poder de elegir quién gobierna está en el Congreso y es como si este delegara esta función a quien mejor le parezca. Es decir, hay una apariencia de presidencialismo, cuando en realidad alguien podría decir que lo que tenemos es un parlamentarismo velado a que a esa persona a la que llamamos presidente, en realidad tiene funciones más parecidas a lo que sería un primer ministro en un sistema parlamentarista porque, si el Congreso lo quiere sacar, pues lo puede hacer y de manera relativamente fácil si se trata, como en los casos de los últimos dos presidente que hemos tenido (encargados), de personas puestas en ese cargo por el propio Congreso.
Quizá para sincerar las cosas, deberíamos empezar a referirnos al presidente como primer ministro. Puede parecer una broma que yo diga esto, pero de repente no lo es tanto.
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