José Jerí: ¿censura, vacancia o permanencia en el cargo?
Con todo lo que se ha venido conociendo sobre las reuniones clandestinas del presidente encargado José Jerí y empresarios chinos investigados -incluido uno que tiene un mandato de prisión domiciliaria-, se ha activado un debate sobre si debe permanecer en el cargo, o ser apartado de él sea por una censura o por una vacancia.
Lo primero que yo diría respecto de esto, es que a nadie debiera sorprender que estemos en esta situación, considerando que Jerí llegó a la presidencia de la República no solo habiendo sido denunciado por violación sexual sino con denuncias por enriquecimiento ilícito y por supuestamente recibido pagos siendo él presidente de la Comisión de Presupuesto, a cambio de asignar obras.
Todo lo cual él, por supuesto, niega. Pero si uno ve lo que se está dando a conocer ahora a la luz de estos antecedentes, pues cuando menos podría decir que las revelaciones recientes no producen una disonancia cognitiva muy grande.
Pero eso es una cosa, y otra es la discusión sobre qué hacer ahora con esta situación sobrevenida. Veo que hay un sector de la opinión pública que piensa que, al estar tan cerca las elecciones, no conviene precipitar todo un proceso para elegir a un nuevo presidente para un periodo tan corto, con toda la inestabilidad que eso supondría.
Aquí se están manifestando también, creo yo, las preferencias políticas de quienes no quisieran que una eventualidad de ese tipo lleve al poder a, por ejemplo, alguna de las congresistas de izquierda que están ahora promoviendo la censura o vacancia de Jerí, aunque esa posibilidad es muy difícil de vislumbrar por la correlación de fuerzas que todavía controla el Congreso.
En el lado opuesto están quienes abogan por una censura o una vacancia de Jerí, por considerar que lo que se está conociendo que ha hecho tiene un grado de ilegalidad o inmoralidad que vuelve inadmisible que se mantenga en el poder.
Como se habrán percatado, les estoy hablando de censura o vacancia como caminos distintos, porque lo son en este caso. Algunos me han preguntado en los últimos meses por qué yo me refiero a Jerí como un “presidente encargado” y no presidente a secas, y es precisamente por esta diferencia, que es importante.
Cuando, por la razón que fuera, una persona deja de ejercer el cargo de presidente de la República, la línea de sucesión inmediata está dentro del propio Poder Ejecutivo. Por eso es que nuestro sistema considera que haya dos vicepresidentes en la plancha presidencial.
Pero como ya hemos visto varias veces en los últimos años, esos vicepresidentes también pueden caer o quedar excluidos de las posibilidades, y eso generan una situación -que debe ser absolutamente excepcional- en la que la sucesión presidencial va al Congreso, y el presidente de este otro poder del Estado, asume la presidencia de la República como una encargatura, porque no es normal en nuestro sistema de separación de poderes que, a quien se eligió para encabezar uno de ellos, termine controlando a otro.
Por esta razón, tiendo a pensar que no estamos ante un escenario en el que se deba sugerir optar por el camino de la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente, que es una figura que -como ustedes saben- yo encuentro de por sí muy problemática porque se ha convertido en una especie de proceso de destitución sin garantías mínimas de debido proceso, a fuerza de costumbre, por las propias restricciones que tiene la Constitución peruana para procesar a un presidente en funciones por delitos graves como corrupción.
En otro momento podemos regresar a la discusión de cómo debería ser reformada la Constitución en este aspecto, pero por lo que les acabo de decir, este más parece un caso en el que el Congreso podría considerar una moción de censura contra su propio presidente, que es José Jerí, solo que está ejerciendo por encargo la presidencia de la República.
Si Jerí es censurado como presidente del Congreso, tampoco podría continuar como presidente de la República, porque solo es lo segundo en tanto es lo primero. Más que hacer, entonces, todo un proceso de vacancia presidencial por incapacidad moral permanente, el Congreso podría censurar a su actual mesa directiva y elegir otra por lo que resta del mandato.
Este, me parece, es un escenario menos drástico que el de una vacancia presidencial, pero algunos seguirán pensando que es inconveniente porque, mal que bien, genera un nivel de disrupción e inestabilidad que no es bueno estando en vísperas de una elección.
Ese es un argumento válido, considerando que el diseño constitucional de nuestro sistema busca deliberadamente que el cargo de presidente de la República, para bien o para mal, no esté sometido a tantos cambios como ha sido la experiencia peruana en años recientes.
Pero hay otro camino habilitado, que es el de ejercer una herramienta de control político más ordinaria, que sería la censura no del presidente sino del primer ministro y su gabinete.
Por todo lo que hemos conocido en las últimas semanas, es muy claro para mí que Jerí merece una sanción política en mayor medida que su premier Ernesto Álvarez, pero este último también tiene culpas propias que asumir, como haber implicado irresponsablemente al Gobierno chino como posible causante del Chifagate, por haber salido a decir en televisión muy suelto de huesos que su jefe es un mentiroso, y en general por la inoperancia del gabinete para mostrar avances en temas acuciantes como la lucha contra la delincuencia.
Pero yo iría más allá. Mi entendimiento de lo que está pasando hoy en el Gobierno es que el gabinete funciona de manera muy similar a lo que pasaba con el Gobierno de Pedro Castillo, vale decir, bajo un esquema de "cuoteo" donde se ha repartido los ministerios o puestos clave en sus estructuras a los aliados políticos de Jerí. Algunos ministros, en ese sentido, están pintados en sus cargos, porque se le ha entregado más poder a personas que están más abajo en el organigrama.
Pero esto también pasa en la relación entre Álvarez y sus ministros, a quienes este no parece controlar. Insólitamente, ni siquiera parece saber sus nombres. Cuando Christian Hudtwalcker le preguntó cómo se llama el ministro de Energía y Minas, Álvarez tuvo que reconocer, vergonzosamente, que no lo recordaba.
Fíjense. El discurso que ha tenido Álvarez en los últimos días es que él, de alguna manera, se inmoló sabiendo que nadie más quería aceptar el premierato. Pero parece haberse inmolado no para ser un premier con peso propio, sino una figura decorativa, como si sus dotes de opinólogo fuesen suficientes como para generar impresión de que está haciendo algo, cuando -repito- no sabe ni siquiera cómo se llaman sus ministros.
En fin, por los argumentos vertidos, yo no soy partidario ahora mismo de una vacancia presidencial. Y frente a la posibilidad de una censura de José Jerí como presidente del Congreso que lo retiré también de la presidencia de la República, creo que debe considerarse primero la opción de la censura del gabinete y que la correlación de fuerzas en el Congreso tenga la hidalguía y el sentido de responsabilidad de permitir la conformación de un gabinete para cerrar el mandato que no sea el resultado de un "cuoteo" sino que tenga peso propio e independencia, para desmarcarlo también de los líos legales de Jerí, quien en lugar de seguir haciendo tanta parafernalia en las calles debería bajarle un poco a las revoluciones considerando el lío en el que se ha metido él solo.
¿Se puede esperar que las fuerzas políticas en el Congreso hagan eso? Lamentablemente, la respuesta es no, porque no están pensando en lo que le conviene al país, sino en lo que les conviene a ellas en el marco de la campaña electoral o los beneficios directos que pueden tener si les dan algún nivel de control -más velado que manifiesto- sobre determinados ministerios.
Si terminan yendo por el camino de la censura o de la vacancia, no sería -pienso yo- principalmente como una reacción genuina a los cuestionamientos que pesan sobre Jerí, sino simplemente el resultado de que sienten que este “se ha quemado” y que deben poner a otra persona pero que mantenga el status quo en estos meses previos a la elección, con las cuotas ya repartidas en los ministerios y que puedan seguir haciendo sus campañas sin sobresaltos, como hasta hoy.
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