Gobierno anuncia comando unificado para combatir la delincuencia organizada
La presidenta Keiko Fujimori anunció ayer en el Cuartel General del Ejército la creación de un comando unificado con agentes de élite de la policía y las fuerzas armadas para luchar contra el crimen organizado. Sobre esto y más hablamos hoy en el Newsletter de Comité. ¡Empecemos!
Estamos jueves 8 de octubre y estos son los titulares que desarrollo en el podcast de la mañana:
- El Gobierno creará un “comando unificado” entre policías y militares, con 1,350 agentes especiales y centro de control en el Cuartel General del Ejército, para luchar contra el crimen organizado.
- El Banco Central de Reserva sorprendió ayer a los mercados al decidir que su tasa de interés de referencia se mantenga por un mes más en 4,25% pese al aumento de la inflación.
- El capturado presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores serían acusados por la justicia estadounidense por presuntas torturas a estadounidenses en Venezuela, según CNN
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LA NOTICIA DESTACADA
Gobierno anuncia "comando unificado" que integraría a policía y fuerzas armadas en la lucha contra la delincuencia
El Gobierno de Keiko Fujimori anunció ayer la creación de un comando unificado, es decir, con participación de la policía y de las fuerzas armadas, para luchar contra el crimen organizado. Para tal efecto se establecería un centro de control y operaciones en el Cuartel General del Ejército, según cita el diario El Comercio.
Desde el momento en que se eligió a un ex comandante general del Ejército como César Astudillo como ministro del Interior, es decir, encargado de la seguridad interna, podía preverse que fuera a plantearse algún esquema de trabajo unificado entre la policía y las fuerzas armadas para enfrentar el problema de la inseguridad ciudadana.
Ya esto había quedado evidenciado en el pedido de facultades que hizo el Gobierno, que contemplaba darle a las fuerzas armadas el control externo de los penales. Pero, aquí estamos hablando de conformar un equipo de élite con agentes policiales y militares -unos 1,350 en total- encargados de hacer operativos especiales y desarticulación de bandas criminales. A ello apoyarían también otras entidades como la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI), y Osiptel, en lo que tiene que ver con telecomunicaciones.
El encuadre que le ha dado la presidenta Fujimori a este planteamiento es uno en el que ha resaltado el mensaje “no vamos a esperar”. Esto es como decir que han tomado conciencia de que pueden avanzar en la lucha contra la inseguridad sin tener que aguardar a la aprobación de las facultades delegadas. Esto es cierto, y lo ha sido desde el primera día de gobierno.
Ahora bien, ¿esta propuesta es una buena noticia? Existe el argumento, válido en mi opinión, de que los militares no están entrenados para gestionar la seguridad interna de un país, con lo cual no es aconsejable que desplacen a la policía de esta responsabilidad. Pero, eso no excluye la posibilidad de que se estructure un trabajo conjunto en el que, sin desplazar a la policía de su rol rector y protagónico, las fuerzas armadas puedan dar un apoyo decidido e involucrado.
Es más, tener a las fuerzas armadas participando en todo el proceso podría generarle a algunos la sensación de que se aminora el riesgo de captura o corrupción de la propia policía por las bandas criminales a las que supuestamente debiera estar combatiendo.
Falta ver los detalles de cómo se llevará a la práctica esta propuesta. El desafío, como siempre, va a estar en qué pasa más allá de la teoría, si en efecto este nuevo esquema logra entregar resultados tangibles o no. Ojalá sea el caso, porque el Perú los necesita.

REFLEXIÓN DEL DÍA
La política no es solo competencia, tiene que ser también cooperación
Ayer leí este artículo de Natale Amprimo en El Comercio que quisiera reseñarles muy brevemente porque afirma algo muy cierto:
“…las personas formadas políticamente entienden que, terminadas las elecciones, se debe pasar del discurso de confrontación al de la búsqueda de consensos. Quien no entiende eso es que no entiende lo que es la política..."
Fíjense por qué entender esto es importante. Los seres humanos, en nuestras interacciones en sociedad, a veces competimos entre nosotros y a veces cooperamos entre nosotros. Ambas dinámicas, la competencia y la cooperación, son fundamentales y, por supuesto, tenemos que procurar que ambas se den dentro de un contexto en el que se respeten ciertos valores compartidos y se cumplan determinadas reglas mínimas de convivencia.
Una sociedad donde solo se compite pero no se coopera, no puede mantenerse cohesionada y se desintegra. Una sociedad donde solo se coopera pero no se compite, no es capaz de resolver nuevos desafíos y se estanca.
En la política también se entrelazan estas dos dinámicas. El problema ocurre cuando se pierde el equilibrio y una empieza a desplazar completamente a la otra. Eso ocurre, por ejemplo, cuando los políticos y quienes votamos por ellos, asumimos que representamos bandos irreconciliables y que, por tanto, la política es una especie de juego de suma cero donde la única alternativa es el conflicto y ganar a expensas del otro.
Concluimos, por consiguiente, que un buen político es alguien que sabe pelear, que está siempre preparado para dar batalla.
Pero consideren lo siguiente. No solo son importantes ambas cosas en la política, la competencia y la cooperación, sino que la dinámica política está estructurada de tal forma que hay momentos en los que predomina una lógica competitiva y otros en los que, supuestamente, debe primar una lógica cooperativa.
Esto es lo que explicaba Natale Amprimo en su artículo. Cuando nos acercamos a una elección, el sistema deliberadamente se vuelve más competitivo, porque tiene que haber una disputa de ideas y planteamientos para que los electores votemos y decidamos colectivamente a quiénes les otorgamos poder.
Pero, cuando dejamos atrás la elección, cuando ya sabemos quiénes son las autoridades elegidas, quiénes están en el oficialismo y quiénes en la oposición, el sistema debería transitar hacia una dinámica más cooperativa.
De hecho, para eso existen los parlamentos, para que los representantes de distintas posiciones o territorios puedan “parlamentar”, es decir, conversar para evidenciar sus diferencias pero -aquí lo importante- con la finalidad de identificar espacios de consenso que se puedan convertir en nuevas leyes o reformas.
Por eso, en la formación de un político -y esto es algo que hacemos en mi otra iniciativa, Recambio-, se tiene que entrenar tanto la capacidad para debatir y competir en procesos electorales, como la capacidad para negociar y alcanzar consensos.
De manera que, cuando evaluemos el desempeño de los políticos o los partidos por los cuales hemos votado, debemos estar conscientes de que sino tienen desarrollada esta segunda parte, vale decir, la capacidad de alcanzar consensos, no están en condiciones de hacer bien el trabajo que están llamados a cumplir, que no es solo ganar elecciones sino, principalmente, habilitar que entre sectores de la sociedad que piensan distinto, se puedan forjar acuerdos mínimos sobre cómo avanzar.
No me voy a cansar de decir, en este espacio o donde me toque, que sin cooperación y capacidad de forjar consensos, nuestra política va a seguir siendo disfuncional.

MIS RECOMENDACIONES
¡Ya tenemos nuevo episodio de Margen de Error! Esta semana, Bárbara Salas, Ronald Cross y Javier Albán analizan cómo quedó el mapa regional luego de las elecciones subnacionales y las sorpresas que trajo la elección en Lima:
