La “canción símbolo de las elecciones” del JNE
Ayer me topé en las redes sociales con una publicación del Jurado Nacional de Elecciones, que es la máxima autoridad en justicia electoral en el país, en la que presentaba la “canción símbolo de las Elecciones Generales del 2026”, a la cual se le ha llamado “Un voto de esperanza”.
Voy a presumir aquí que el Jurado ha actuado de buena fe, sumando esta canción a otros esfuerzos que hace en materia de voto informado. Otros no han sido tan benevolentes y han considerado que al Jurado no le corresponde hacer tal cosa y que es un despilfarro de los recursos de los contribuyentes. Otros más han señalado que las elecciones no necesitan tener canciones símbolo, porque no es como si estuviéramos hablando de un mundial de fútbol al que quisiéramos recordar con música de fondo.
Yo coincido con la crítica. Esta ha sido una mala idea. Pero doy mis razones, que quizá son un poco distintas. El Jurado Nacional de Elecciones es un tribunal, y uno particularmente importante porque, en circunstancias límite, es el que tiene que hacer valer un resultado electoral cuando el país podría estar políticamente enfrentado y circulando, como vimos la elección pasada, denuncias de fraude.
Precisamente pensando en eso, las virtudes más importantes que tiene que cultivar y exteriorizar una institución como esta son, a mi entender, seriedad, neutralidad, ecuanimidad y recato. No está ni debe estar entre ellas el afán de figuración, aun cuando se crea que es por una buena causa.
Por esa razón, el Jurado Nacional de Elecciones no debe asumir riesgos innecesarios o abrirse flancos débiles donde su propia comunicación pueda ser interpretada como una falta de neutralidad o una muestra de excesivo protagonismo.
Y creo que esto pasa con la canción que acaba de presentar, porque el solo ejercicio de plantear una letra para ella genera el riesgo de que cualquier afirmación que esta transmita pueda ser objeto de cuestionamiento o ser entendida como políticamente sesgada. Por ejemplo, la canción dice algo así como “no votes por costumbre”. Lo que quiere dar a entender, me parece, es “no lo hagas como un acto mecánico, infórmate antes de votar”. Pero la frase es ambigua porque un votante puede tener la “costumbre” de votar siempre por un mismo partido por una cuestión de adhesión o militancia partidaria que es perfectamente válida y deseable.
Asumir el riesgo de esa ambigüedad, como les digo, es absolutamente innecesario, porque tampoco es que el beneficio sea tan grande que lo sobrecompense. Porque hay aquí otro problema a considerar y es que la actitud generalizada del electorado peruano hacia la política es una de -yo me atrevería a decir- cinismo. Entonces, si ese es el contexto al que nos enfrentamos, el mensaje de la canción termina siendo interpretado como excesivamente cándido, no porque el mensaje en sí sea equivocado, sino porque no parece entender lo que ya piensa el elector sobre el tema del cual le están hablando.
Es como un soplido de ingenuidad que se estrella contra un muro de cinismo. Y ese cinismo ciertamente es un problema y uno muy grande, pero no es el Jurado Nacional de Elecciones al que le corresponde enfrentarlo ni mucho menos de esta forma, por más buenas intenciones que tenga. Como tampoco le corresponde al Jurado Nacional de Elecciones, por ejemplo, hacer fact-checking en la campaña, porque nuevamente le abre un flanco débil en el que su fact-checking puede ser interpretado como políticamente sesgado. Todas estas cosas se tienen que hacer, pero no las tiene que hacer el Jurado Nacional de Elecciones.
A veces la seriedad o la solemnidad puede ser interpretada como aburrimiento o ausencia de personalidad propia. En el caso de un tribunal tan importante como el Jurado Nacional de Elecciones, yo no veo que eso sea un problema, sino al contrario. Es una de esas instituciones de las que no deberíamos preocuparnos en el día a día hasta que verdaderamente la necesitemos para resolver una disputa electoral, en cuyo caso su capacidad debería estar al margen de cualquier duda y no debería haber razón alguna para pensar que está políticamente sesgado para cualquier lado.
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