La correlación que debe haber entre el talento, la amabilidad y la humildad
El comentario de hoy está relacionado con dos cosas que vi en los últimos días y que me emocionaron mucho pero también me dejaron algunas enseñanzas importantes.
Lo primero es que la legendaria actriz de comedia canadiense Catherine O’Hara, a quienes muchos de mi generación recordarán como la mamá de Kevin en “Mi Pobre Angelito” o la mamá de Lydia en “Bettlegeuse”, quien murió a finales del enero, recibió póstumamente el premio a mejor actriz de televisión en comedio en los SAG Awards, que es una premiación bien especial porque la da el sindicato de actores, es decir, muestra el reconocimiento de sus pares.
La galardonaron por su rol en la serie The Studio y el creador de esta, el también actor Seth Rogen, subió a recibir el premio en su honor. Fue muy emocionante y dijo él algo bien bonito, mientras las cámaras enfocaban a muchísimas actrices sobre todo que no podían contener las lágrimas por la pena de ya no estar O’Hara con nosotros.
Según explicó Rogen, lo que caracterizaba a Catherine O’Hara era no solamente su notorio talento y genialidad como actriz, sino la manera como combinaba eso con su extraordinaria amabilidad. Cómo siempre tenía algo que sugerir sobre el guión o las escenas que iba a grabar, sin ningún tipo de arrogancia o condescendencia, y sin embargo era tan valioso que llevaba a que se rehiciera todo, y el resultado final no solo le permitía a ella dar una mejor performance sino que elevaba a todos los actores que compartían esa escena.
Me pareció destacable esto porque las personas normalmente asociamos la genialidad con la soberbia o la autosuficiencia. Pensamos que quien es extraordinariamente bueno en algo, debe darse a sí mismo una suerte de carta blanca para comportarse como un divo o una diva, y mirar a los demás por debajo del hombro. Me hizo recordar otro video de Catherine O’Hara cuando un fan se le acerca en un aeropuerto y le pregunta de qué se siente más orgullosa, pensando que le va a responder refiriéndose a alguna de sus películas o series de televisión, pero ella, de manera absolutamente genuina, le contesta: de mis hijos.
Todo esto me hace pensar cuán distinto sería el mundo si hubiera una mayor correlación entre extraordinario talento, por un lado, y extraordinaria amabilidad o humildad, como en el caso de Catherine O’Hara. Es decir, si fuera más fácil para las personas tener bajo control su necesidad de protagonismo y estatus para concentrarse más en ser gentiles con los demás.
Y la otra cosa que vi y que me emocionó mucho fue un pequeño extracto de una entrevista a Rick Beato, quien tiene un estupendo canal sobre música en YouTube, a Flea, el carismático bajista de Red Hot Chili Peppers, una de las bandas icónicas de mi juventud. Flea estaba contando cómo en un momento, estando en Nueva York, lo invitaron a un evento con músicos de jazz muy famosos, y a medida que está contando esta anécdota, él rompe en llanto y le cuenta q Beato que siempre tuvo una inseguridad frente a los músicos de jazz porque sentía que eran mucho mejores que él. Pero al compartir esta inseguridad con un amigo suyo, músico de jazz él, este le dijo: “déjate de tonterías, eres un gran músico”. Y cuando acudió al evento, no se sintió intimidada por nadie sino que percibió que la actitud que imperaba en ese ambiente era la de un grupo de gente compenetrada porque todos sentían que estaban escalando juntos una montaña, la que los llevaba a hacer buena música.
No debe sorprender que veamos que, incluso las personas más exitosas, tienen inseguridades que arrastran de muy atrás. Pero trato de imaginarme el alivio y la alegría que debe haber experimentado Flea cuando, al confrontar esta inseguridad que tan transparentemente le estaba contado -entre lágrimas- a Rick Beto, comprendió que era infundada.
Y conecto esto con lo que les decía minutos atrás sobre Catherine O’Hara para resaltar la importancia de que incluso los ambientes que congregan mucho talento, deben hacer sentido a todos bienvenidos, porque todos están escalando su propia montaña, todos están enfrentando -por más que no lo aparenten en el exterior- sus propias inseguridades. Y sobre eso deberíamos poder empatizar, más allá de cuánto talento tenga cada uno.
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