La discusión sobre posibles fraudes electorales
Quiero hacer un comentario hoy en anticipación a los comentarios que pueden surgir en cualquier elección aduciendo que en esta se ha producido un fraude.
Es importante entender que en todo proceso electoral pueden ocurrir irregularidades y que estas deben ser denunciadas. Pero la interpretación que tengo, de conversaciones que he sostenido en las últimas semanas con personas muy diversas, es que sobreestima el riesgo de que ocurra una manipulación del resultado en una mesa determinada, lo que se conoce como fraude en mesa. Ese riesgo no es cero, pero es mucho menos de lo que mucha gente cree.
¿Por qué? Porque para que ocurra algo así tendría que haber un esquema de colusión que comprometa a actores muy diversos. Todos los miembros de mesa, que son elegidos al azar, tendrían que estar coludidos en la misma trampa, al igual que el personal de los organismos electorales que dan soporte al proceso, los observadores electorales, los personeros, etc. Justamente, el proceso está diseñado para que no haya una sola persona en capacidad de manipular el resultado sin que alguien más esté viendo. Eso hace que el riesgo, si bien no es inexistente, sea mucho más bajo de lo que mucha gente cree. Por ejemplo, cuando ha habido denuncias por supuesta suplantación de identidad, porque se advirtieron aparentes discrepancias entre la firma de una persona en su voto y en su DNI, al menos yo no conozco de ningún caso donde efectivamente se haya demostrado suplantación, y ciertamente no en una escala masiva que pudiese significar la manipulación del resultado presidencial, por ejemplo.
Entonces, como cualquier ciudadano, uno siempre debe ser suspicaz y estar atento a las irregularidades que se puedan denunciar. Pero una cosa es ser suspicaz y una muy distinta es ser crédulo a cualquier teoría conspirativa de fraude que se pueda presentar, sobre todo cuando carecen de evidencia alguna como sustento, sino se basan simplemente en apreciaciones personales sobre si alguien “pudo ser capaz” de cometer un fraude.
Como decía el astrónomo y divulgador científico Carl Sagan, las afirmaciones extraordinarias tienen que ser respaldadas por evidencia extraordinaria. Y en lo que respecta a algo tan delicado como la afirmación de un fraude, siempre debemos exigir evidencia contundente y no solo basarnos en intuiciones o corazonadas. Porque si hay algo que es muy peligroso para una democracia, que incluso puede llevar a la violencia, es que se instale una creencia errada y sin base de que se cometió un fraude electoral.
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