Los diálogos que modero para buscar propuestas de consenso
Hace tiempo vengo haciéndome la siguiente pregunta: dados los niveles de polarización que vemos en el Perú, que a veces hacen pensar que las posiciones en debate son ideológicamente irreconciliables, ¿cómo hacemos para alcanzar consensos que permitan que la política pública avance en frentes que son de enorme importancia para el ciudadano?
Como ustedes saben, el hilo conductor que está detrás de todo lo que hago es habilitar que pueda haber diálogo democrático y debate constructivo entre personas que piensan distinto, precisamente para generar las condiciones para que lleguemos a esos consensos que necesitamos para avanzar. Comité es un medio que busca informar de una manera que no solo inculque valores democráticos, sino que permita que podamos entender la complejidad inherente a ciertas discusiones y de dónde parten los argumentos de quienes piensan distinto que nosotros. En esencia, que podamos dialogar de buena fe con aquellas personas con las que discrepamos. Recambio, mi otra iniciativa, hace algo muy parecido, pero aplicado a la formación de líderes para la política y otros espacios donde justamente necesitamos que quienes ejercen esos roles tengan la capacidad de ponerse de acuerdo para avanzar.
Pero un tercer ámbito en el que he visto que debo trabajar esto es en generar las condiciones para que, en procesos de diálogo entre especialistas ideológicamente diversos, podamos contribuir a que estos se pongan de acuerdo en propuestas de reformas y nuevas políticas públicas que estén dispuestos a impulsar conjuntamente a pesar de sus diferencias ideológicas. Para, de esa manera, poder llegar donde los actores políticos y la opinión pública con planteamientos que tengan la legitimidad de haber surgido del consenso entre especialistas que no piensan igual.
Y así es como empecé a moderar procesos de diálogo entre especialistas para buscar propuestas de consenso en temas fundamentales para el ciudadano. De todas las cosas que hago, esta es, de lejos, la más difícil. Ya se pueden imaginar ustedes que no es nada sencillo ayudar a que personas que han sido convocadas precisamente porque piensan distinto, pues terminen poniéndose de acuerdo en propuestas que tienen que suscribir a la letra, con puntos y comas. Es un trabajo intenso de conversaciones grupales e individuales, idas y venidas, tendido de puentes y generación de condiciones para que el diálogo rinda frutos. Los procesos duran meses, pero si logro que el grupo sienta que lo que está haciendo trasciende sus preferencias individuales y que realmente podemos ayudar a que el país avance si hacemos el esfuerzo por ponernos de acuerdo, la cosa fluye y los resultados son extraordinarios.
Yo no hablo mucho de esta parte de mi trabajo sino hasta que el resultado se ha conseguido, porque en cualquier proceso de diálogo que me toca moderar, el objetivo no está cumplido sino hasta que todos los dialogantes me transmiten indubitablemente su voluntad de suscribir los acuerdos a los que hemos llegado. Pero cuando eso ocurre, y pienso en todo el trabajo que le hemos metido, en todas las horas que he comprometido yo mismo para ayudar a que gente que normalmente discrepa se ponga de acuerdo, la verdad que no hay nada que me haga confiar más y renovar mi optimismo respecto del Perú y su futuro, a pesar de todo. Porque es difícil avanzar, qué duda cabe, pero sí se puede.
Hago esta reflexión el día de hoy, porque acabo de lograr que los participantes de un diálogo que moderé sobre educación básica regular, se pongan de acuerdo en el documento final con las propuestas de consenso. Y eso me permite ya acudir ahora a, por ejemplo, las personas encargadas de los planes de gobierno o la parte educativa de los partidos políticos que están compitiendo en las elecciones y presentarles a todos los que tengan a bien darle audiencia, el resultado de este proceso de diálogo que ha permitido llegar a 11 propuestas de consenso en 5 pilares: el primero, cómo hacemos para poner al estudiante verdaderamente al centro; el segundo, cómo potenciamos la formación docente y la capacitación de los directores de escuelas; el tercero, cómo reducimos lo más rápido posible las inequidades en el sector educativo; lo cuarto, cómo generamos un sistema que le permita a las escuelas adaptarse a su entorno e innovar en materia educativa, y lo quinto, cómo promovemos un arreglo institucional que permita que haya estabilidad en la política pública educativa.
Como se imaginarán, cuando modero estos diálogos, yo no puedo introducir mis propias opiniones en el proceso sino solo limitarme a ayudar a que los dialogantes vean dónde hay posibilidades de consenso. Eso significa que cuando empiezo un diálogo, verdaderamente no sé qué es lo que va a resultar al final. Pero sé que si realmente logramos tener un diálogo democrático, va a valer mucho la pena salir a defender ese resultado. Y eso es lo que me toca hacer ahora con las propuestas de este diálogo de educación básica regular, que pronto les contaré en más detalle.
Pero aún cuando tengo un pequeño respiro por el final de este diálogo, tengo otros más que estoy impulsando desde Recambio en el marco de un proyecto muy bonito con la Red Peruana de Universidades, es decir, que articula a especialista de universidades de todo el país, y me preparo además para empezar el que probablemente sea uno de los diálogos más complejos pero más importantes que me tocará hacer, relacionado a cómo lograr cambios trascendentales para formalizar el empleo en el Perú.
Cada vez que me embarco en uno de estos proyectos, empiezo con sentimientos encontrados: mucho optimismo por un lado por la expectativa de lo que se puede lograr, pero mucho miedo también -si me permiten ser sincero con ustedes- de estar yo a la altura de lo que requiere el proceso. Sé, por ejemplo, que mientras más me exijo en términos de pluralidad, más difícil me pongo la tarea a mí mismo. Pero siempre quiero ir más y más allá, para demostrarme yo mismo y a los demás, que la democracia peruana sí puede gestionar la pluralidad ideológica de forma pacífica y constructiva. Yo suelo ser bien racional en mis pensamientos, pero hay un componente de fe muy grande en lo que hago, de fe en el Perú y en su gente. Y eso es lo que siempre trato de transmitirles a ustedes, procurando que los resultados de mi trabajo hablen por sí solos, siendo muy sincero en decirles que es muy difícil trabajar en estos desafíos que yo he decidido asumir, que lo hago sintiendo permanente frustración por no poder avanzar más rápido, que la posibilidad de fracaso siempre es muy grande y por eso no me verán nunca cantando victoria antes de tiempo, pero que el Perú y su gente lo valen, que no es fácil pero se pueden lograr cosas importantes si uno mantiene la determinación. Muchas gracias a todos los que apoyan los esfuerzos que hacemos. Aunque no lo crean, son esas muestras de aliento que uno recibe en el día a día las que permiten que sigamos perseverando a pesar de todas las dificultades.
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