Mi visita a Hortifrut, una de las principales productoras de arándanos del Perú
Ayer me tocó estar de visita por Chao, en La Libertad, porque me invitaron a dar una charla sobre ciudadanía, democracia y voto informado, en Hortifrut. Tenía mucho interés en conocer más en detalle lo que hace esta empresa porque no solo tiene allí el que es conjuntamente el fundo de producción de arándanos más grande del mundo, sino porque Hortifrut es una empresa B, es decir, una compañía que pone la preocupación por importar positivamente en la sociedad y por cuidad el medio ambiente, al mismo nivel que la rentabilidad para sus accionistas. Dicho en sencillo, una empresa que concibe su éxito no solo en términos financieros sino sociales y ambientales. Como ustedes saben, yo también estoy vinculado al movimiento de las empresas B porque soy parte del directorio de Sistema B Perú.
Hay muchas cosas que vi ayer en Chao que me impresionaron. Conocí, por ejemplo, el Cuna Más más grande del Perú, que implementó Hortifrut mediante el mecanismo de obras por impuestos. El centro médico desarrollaron en Nuevo Chao, el trabajo que hacen en materia educativa con Enseña Perú, el impulso al deporte, en fin, muchas cosas.
Pero hay una en la que me quisiera detener porque creo que es realmente excepcional. El negocio agrícola es uno de naturaleza estacional, es decir, hay momentos del año en los que la empresa puede operar con 2,000 personas, y otros en los que necesita 20,000 personas, porque se activa la parte más intensa de la cosecha.
En Chao, y en general en los alrededores de Trujillo, hay varias empresas agrícolas muy relevantes: Camposol, Mission, Laredo, Danper, entre otras. Todas necesitan poder asegurar que, en el momento requerido, puedan contar con la cantidad de trabajadores necesaria para sacarle el máximo provecho a la cosecha. No solamente deben recurrir a quienes viven en las inmediaciones sino que viene gente de muchas partes del país para cubrir esa demanda de empleo. Y, naturalmente, se produce una competencia muy intensa por la oferta de trabajadores disponible, que hace que las compensaciones estén, en algunos casos, tres o cuatro veces por encima del sueldo mínimo aplicable al sector.
Pero no basta con ser competitivos en materia de compensación. Horrifrut entendió que, siendo el trabajador el que podría escoger con qué empresa trabajar dada la demanda, necesitaban ver este desafío de manera distinta. Había que pensar en el trabajador de manera similar a como una empresa piensa en un cliente al que quiere fidelizar.
Y lo que me impresionó de lo que vi ayer es la manera como esto se llevó a la práctica. Hortifrut hizo un estudio etnográfico muy profundo con sus trabajadores que les mostró que prácticamente todos tenían acceso a un teléfono inteligente. Y, por tanto, digitalizó su relación con ellos, de manera que todos tienen en un app sus contratos, boletas de pago y todas la información que necesitan saber sobre sus derechos y beneficios sociales.
También se dieron cuenta de que esa difícil para muchos de ellos acceder a ciertos bienes que realmente le cambian la vida a las familias, como tener acceso a ciertos electrodomésticos, o que incluso pueden activar oportunidades de emprendimiento. Por tanto, creo un sistema de fidelización que le permite al trabajador ir acumulando puntos en función de su productividad en el campo, y con esos puntos puede ir a un almacén y canjearnos de una variedad muy amplia de opciones. Cuando visité el almacen, justo un trabajador había canjeado un carrito sanguchero, y estaban todos felices esperando a poder entregárselo.
La empresa ha implementado también un sistema logístico espectacular no solo para el traslado de sus trabajadores, lo cual es una exigencia particularmente importante dado que esta es lamentablemente una zona del país con serios problemas de inseguridad, sino también para la logística de las comidas, que ofrece opciones a cargo de empresas concesionarias con nutricionistas y demás, sino que también opera centros de acopio que funciona con lectores de QRs para que las propias familias cocinen para los suyos y ellos puedan llevarle su almuerzo a cada persona donde sea que estén en el fundo.
Y claro, uno siempre puede escuchar esto de los gerentes de la empresa, pero es muy distinto cuando se pasea y conversa con los propios trabajadores, todos ellos provistos con la indumentaria requerida, y uno ve que, en efecto, aprecian lo que la compañía les ofrece y cómo se les cuida.
Entonces, uno se para sobre el mirador que tiene el fundo, viéndolo en toda su extensión, maravillado porque pueda existir algo así en pleno desierto, pero valorando por sobre todas las cosas que una operación así pueda impactar en las vidas de tantos compatriotas, no por inercia, no como efecto colateral, sino porque esa es la responsabilidad que la misma empresa ha asumido hacia su entorno.
Bien por eso. Bien por Hortifrut y ojalá haya cada vez más empresas así en el Perú.
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