Por qué los peruanos debemos sentirnos orgullosos de nuestra gastronomía

Por qué los peruanos debemos sentirnos orgullosos de nuestra gastronomía

Uno de los temas que suelo abordar en las charlas de ciudadanía y civismo que doy para instituciones educativas y empresas, es qué significa sentirse orgulloso del Perú. Como, a pesar de que hay muchísimas cosas que quisiéramos cambiar, también hay otras que nos hacen inflar el pecho y sentir que somos únicos. 

Y cuando pregunto: ¿cuáles son esas cosas de las que nos sentimos orgullosos, que nos unen como peruanos? Quizá la respuesta que más aparece es, naturalmente, la gastronomía. Qué importante ha sido la gastronomía, qué duda cabe, en darnos un renovado sentido de orgullo nacional, que debería trascender y replicarse en muchos otros ámbitos. 

Pero el ejemplo de la gastronomía me sirve también para compartir una reflexión importante. ¿Qué pasa cuando, digamos, viene un artista extranjero al país y le preguntan si ya se comió un ceviche y responde que no es muy aficionado a nuestro plato bandera? Cuando pasa algo así, los peruanos normalmente nos sentimos ofendidos, creemos que esa persona está despreciando nuestra identidad. Quizá sentimos que, precisamente por el orgullo que tenemos de nuestra gastronomía, debemos salir a defenderla de ese “ataque”. 

Pero fíjense en algo que es bien importante. El orgullo no debe venir de la inseguridad sino de la seguridad. Ciertamente, es importante cuando algo que uno valora es validado por terceros, cuando aparecemos en ránkings, cuando los extranjeros hablan de lo rico que se come en el Perú. Pero si uno comprende realmente el valor de lo que uno tiene, esa validación externa es agradable, pero no es que uno dependa de ella para sentirse orgulloso de aquello. 

Sobre todo, si estamos hablando de algo que tiene que ver con los gustos de las personas, que siempre van a ser distintos y uno no va a poder contentar a todos por igual. 

Pero si pensamos en qué exactamente nos hace sentir orgullosos de la gastronomía veremos que es mucho más que solo los sabores. Digamos que esa es la puerta de entrada, pero la gastronomía es mucho más que eso. Es lo que nos conecta con nuestras raíces en la tierra, la que nos hace valorar la biodiversidad del país y, por ejemplo, la vida esforzada del agricultor. La que nos muestra lo extraordinariamente hospitalarios y amables que somos los peruanos cuando atendemos a otros. La creatividad e innovación de nuestros chefs que están todo el tiempo desafiándose e inventando cosas nuevas. El cómo las familias o los amigos se conectan a través de la comida. El liderazgo de quienes han impulsado nuestro boom gastronómico pero también su desprendimiento para darle la posta a las siguientes generaciones y demostrarnos que, aun cuando sus propuestas gastronómicas pueden competir, todos se fajan para avanzar juntos en la promoción del sector y del país como un todo. 

Cuando uno comprende todo esto, y muchas cosas más que seguramente se me están pasando, se da cuenta que el orgullo por la gastronomía no tiene que ver solo con el sabor, sino con todo esto que está detrás. Cuando los vemos así, podemos comprender que los gustos son aleatorios, pero la forma como se manifiesta el compromiso y el amor por el Perú en todo lo que entraña nuestra gastronomía, es incalculable. Y eso no necesitamos que alguien más nos lo diga, porque lo vemos y lo vivimos todos los días. Comensales vendrán y se irán, pero los peruanos siempre tendremos eso para sentirnos orgullosos, si lo seguimos valorando como se debe.

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