¿Qué es lo que realmente está bajo amenaza de la civilización occidental?
Una de las ideas que alimenta el apoyo a figuras como Donald Trump en Estados Unidos es que hay fuerzas que están impulsando activamente la destrucción de lo que conocemos como la civilización occidental, y que carcomen sus cimientos desde adentro. Por eso, estas posturas suelen tener un rechazo tan fuerte a la inmigración, a la que ven como un factor corruptor de su pureza. Por eso, no es extraño encontrar discursos no solo nativistas (es decir, enfocados en beneficiar a los supuestos nativos de un lugar), sino también racistas entremezclados con esto.
Lo interesante acá, sin embargo, es que podamos preguntarnos qué exactamente se está perdiendo o “borrando” de lo que podríamos llamar la civilización occidental, que debería preocuparnos.
Fareed Zakaria, el comentarista internacional que escribe todas las semanas en el Washington Post, da una respuesta muy atinada. Él dice en su columna más reciente —y lo cito aquí— que la característica definitoria de Occidente no ha sido una solidaridad tribal o religiosa —que sí describe a buena parte del mundo—. El logro más precioso y casi único de Occidente ha sido la limitación del poder del Estado”.
La tradición occidental que se remonta a la Carta Magna de 1215, aquel documento que limitó el poder absoluto de la monarquía británica y reconoció derechos a sus súbditos, la nobleza en ese momento. Pero lo que ocurrió en adelante, con documentos como la Constitución estadounidense que entró en vigencia en 1789, o la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano del mismo año, es parte de una larga tradición que ha propendido al reconocimiento universal de derechos individuales y al control del poder sobre todo de quien tiene el monopolio sobre la violencia, vale decir, el Estado. Una tradición que algunos asociamos con el término liberalismo clásico y que, como dice Zakaria, ha sido central para que haya democracia y prosperidad en el mundo occidental. También es lo que ha permitido —añade Zakaria— que haya estabilidad, porque los ciudadanos pueden disentir, las empresas invertir y la sociedad civil florecer, ejerciendo sus libertades teniendo al Estado de derecho como marco.
Entonces, lo que verdaderamente está en riesgo con este “borrado civilizacional”, con liderazgos como el de Donald Trump, es esta tradición liberal y de sometimiento del poder a la ley, que está en el corazón del desarrollo occidental.
Es verdad que el enemigo está adentro. Pero es, curiosamente, el que dice estar queriendo salvar a Occidente de sí mismo, él quiere liberar de controles al Estado para hacerlo crecer según su propia conveniencia, a costa de los derechos individuales de las personas. El poder ya no está constreñido por la ley, sino por el capricho de un déspota cuya benevolencia no está garantizada. Ahí es donde está verdaderamente el peligro.
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