Reflexión del día: ¿Regresa la democracia a Venezuela?
Escribí largo el fin de semana sobre lo que acaba de pasar en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro, pero se me quedaron algunas cosas en el tintero que quisiera aprovechar aquí para decir.
La primera es responder a la pregunta de si, derrocado Maduro, son ahora los venezolanos los que van a poder “decidir sobre su futuro”. Mi respuesta es: evidentemente no en el corto plazo, y quién sabe si en el mediano.
Si ese fuera el caso, lo que estaríamos viendo es a Edmundo González Urrutia asumiendo el poder como legítimo ganador de la más reciente elección presidencial en Venezuela, que Maduro desconoció con un fraude grotesco.
¿Por qué no ocurre eso? Para responder, tenemos que entender primero qué quiere Estados Unidos, y la verdad que no hay que elucubrar mucho sobre eso porque, como dije en mi artículo del sábado, Donald Trump ha sido muy explícito en decir que lo que les interesa en primer término es el petróleo venezolano.
Tengamos claro que no es la democracia ni la soberanía del pueblo venezolano para elegir a sus autoridades. O si quieren hagamos una pequeña precisión aquí: esto último parece ser irrelevante para Trump, pero probablemente sí lo sea, en alguna medida, para Marco Rubio, su secretario de Estado.
Entonces, si lo que quiere principalmente EEUU es el petróleo, ¿en qué escenario es más fácil para ellos conseguir tal cosa, en el plazo más breve y con el menor costo posible?
¿Buscando el desmantelamiento inmediato del chavismo para darle el poder a la oposición con González Urrutia simbólicamente, pero en realidad María Corina Machado a la cabeza, o negociando con alguien dentro del propio chavismo bajo amenaza de que, si no hacen lo que EEUU, les va a pasar lo mismo que a Maduro?
A estas alturas es evidente que es lo segundo. EEUU parece haber evaluado quién era la mejor persona para encargarle un liderazgo bajo amenaza, y descartó a los militares chavistas Vladimir Padrino y Diosdado Cabello, para optar por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, que en realidad es ella y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional.
Es decir, una nueva cabeza en el Ejecutivo, que opera en tándem con la cabeza del Legislativo. Y esto asumiendo que Padrino y Cabello se van a alinear con este esquema porque les interesa defender sus feudos y sus negocios ilegales. Recordemos que en el primero maneja el Ministerio de Defensa en un país que tiene absurdamente más de 500 generales, y el segundo es ministro del Interior y controla a los grupos paramilitares que aterrorizan a los venezolanos para que no se enfrenten al chavismo.
EEUU parece estar haciendo un cálculo aquí de que Padrino y Cabello no van a ser un problema o que los puede controlar. Yo no estoy tan seguro. Pero lo que sí se ve es que, más allá de sus palabras altisonantes al inicio, para fingir molestia por la captura de Maduro, Delcy Rodríguez ya tiene un nuevo discurso menos confrontacional con EEUU y en plan de coordinar con ellos una “transición”.
Entonces, ¿ante qué estamos exactamente? Pues, yo pensaría que ante una maniobra que, por un lado, permite la supervivencia del chavismo, solo que en un escenario en el que ya no está Maduro, porque esa supervivencia parece haber estado condicionada -todo hace parecer- a que ellos mismos entregaran su cabeza. De ahí que haya habido tan poca resistencia al operativo militar del viernes para sábado.
Y, por otro, esa maniobra permite que EEUU, teniendo a esta sucesión del chavismo bajo amenaza, consiga lo que quiera en términos de contratos petroleros, indemnizaciones o lo que fuera. Es decir, EEUU no ha derrocado al chavismo, ha transado con él.
Por eso, no se puede hablar aquí de “cambio de régimen”, término que usa la academia para referirse a lo que hizo el propio EEUU en América Latina el siglo pasado en el marco de la doctrina Monroe. Lo que hay simplemente es una decapitación puntual dentro del mismo régimen.
Ahora, como les decía, yo puedo creer que Marco Rubio sí quiere que haya elecciones en algún punto, y que las gane alguien como María Corina Machado, pero su jefe no lo va a presionar en ese sentido y va a tener, por lo pronto, un incentivo muy fuerte en sentido contrario.
Mientras EEUU crea que una transición hacia Machado o alguien similar va a generar más caos que mantener a Delcy Rodríguez, con el riesgo que eso supone para sus intereses petroleros, no lo van a precipitar. Tampoco parece que las bases del Gobierno de Trump vayan a aceptar que despliegue tropas en Venezuela para asegurar el orden interno en tal escenario.
De manera que, honestamente no veo cómo podría haber una transición democrática en Venezuela en el corto o mediano plazo, cosa que me es muy doloroso mucho reconocer. Deseo fervientemente estar equivocado, pero a esa conclusión me lleva el análisis.
Creo, eso sí, que lo ocurrido le da más chances al pueblo venezolano de reorganizarse y volver a la confrontación con el chavismo, porque lo de Maduro, mal que bien, demuestra que aquel es vulnerable. Y va a haber, naturalmente, un lobby muy fuerte ahora con los congresistas republicanos, y los demócratas, para presionar en favor de -digamos- una posición de Marco Rubio de acelerar una transición democrática.
Pero hay una complejidad adicional aquí. Trump sí está sujeto -supuestamente- a los plazos de su propia democracia. Es decir, en tres años se tiene que ir a su casa, supuestamente, e incluso antes podría perder control del Congreso en las elecciones de medio término. Esto significa que, si el chavismo que ha sobrevivido a la decapitación de Maduro juega bien sus cartas, podría incluso perdurar más que Trump en el poder.
No digo esto porque quiera infundir de pesimismo a mis amigos venezolanos, con quienes me solidarizo al cien por ciento. Creo que lo que acaba de ocurrir es un pacto sobre el futuro de su país en el que sus legítimos intereses no han estado representados.
Y eso es una tragedia. Creo que el desenlace es marginalmente menos malo que el status quo previo, porque implica algo un chavismo debilitado, pero chavismo al fin y al cabo. Y en un escenario en el que EEUU podría tener los incentivos no para presionar para que hayan elecciones que lo desplacen, sino para que dure tanto como sea necesario para que ellos concreten su agenda en temas petroleros.
Esa es mi lectura de la situación. Mañana regresaré con otra reflexión sobre este tema, porque siguen habiendo ángulos que es importante analizar, como la responsabilidad de los otros países sudamericanos en haber permitido que el chavismo siga en el poder hasta hoy. Regreso mañana con eso.
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