Semblanza sobre Ramón Barúa Alzamora
Me enteré ayer del fallecimiento de Ramón Barúa Alzamora, quien fue por mucho tiempo gerente general del grupo Intercorp. Estaba por cumplir los ochenta años. Es una noticia que me produce mucha tristeza, pero también mucho sentido de responsabilidad de celebrar el legado de un peruano notable.
Podría hablarles de cómo contribuyó Ramón a construir lo que hoy es Intercorp, de cómo impulsó la diversificación del grupo y de cómo ha creado valor en tantos rubros, dentro de los cuales yo destaco con genuina admiración lo que han hecho en el sector educación, con iniciativas como Innova Schools, UTP, Zegel Ipae, entre otras.
Pero quisiera hablarles más a título personal, porque tuve la fortuna de interactuar en buena medida con Ramón cuando yo estuve en el mundo corporativo.
De todos los líderes empresariales que he podido conocer en el Perú, creo que ninguno estaba siquiera cerca de Ramón Barúa en lo que respecta a su compromiso con la institucionalidad y la democracia. La dedicación y el esfuerzo que tuvo con organizaciones como Asociación Civil Transparencia, el Consejo de Reparaciones, el Ceplan, la Policía Nacional del Perú, y muchas otras más, fue algo extraordinario. Cuando me tocó a mí impulsar la creación de una institución empresarial para atender a las víctimas de los desastres naturales, que hoy se llama Hombro a hombro, una de las primeras personas con las que discutí esta idea fue Ramón Barón, y él resolvió apoyarla desde el inicio.
Aprendí mucho de Ramón producto de las conversaciones que tuvo a bien regalarme, en las que hablamos sobre cómo los gremios y otras instituciones empresariales debían trabajar sobre la base de principios y orientarse a los grandes intereses nacionales.
Ramón entendía que ser empresario en un país como el Perú venía con una responsabilidad especial: él veía a las empresas como agentes de cambio positivo en la sociedad que debían sumarse a la construcción de un futuro digno para todos los peruanos.
Viniendo de él, esta no era una pose o una expresión de buenos deseos: realmente lo creía y no tenía tiempo para dar vueltas sin rumbo. Estaba determinado a que las cosas pasaran, sin exigir para él ningún tipo de felicitación o reconocimiento personal. Lo hacía por genuina convicción.
Representaba, ciertamente, a una generación distinta a la mía, pero siempre que me recibió para conversar, sentía que podíamos discutir sobre el cómo, pero que podía dar yo por descontado que el bienestar del Perú y de los peruanos estaba en el centro de sus motivaciones. Ese es el lado de Ramón Barúa Alzamora con el cual yo tuve el privilegio de interactuar, y por el cual le agradezco.
Por todo ello, lamento mucho su partida, y le hago llegar mis más sentidas condolencias a sus familiares, amigos y a todos aquellas personas que pudieron trabajar con él y conocer de primera mano su valía y calidad personal. Ramón Barua Alzamora merece, creo yo, un capítulo especial en la historia del liderazgo empresarial peruano, y ojalá entre quienes lo sucedan haya muchísimos que honren su legado.
Si quieres ver la Reflexión del día en video, la encuentras aquí abajo: