Crimen atroz en Áncash contra candidata a Gobierno Regional
Esta mañana abordamos, trágicamente, un nuevo caso de violencia política que cobró la vida de la periodista y candidata al Gobierno Regional de Áncash Susy Aponte Polo en manos de un sicario. Todo eso y más en el Newsletter de Comité.
Estamos lunes 21 de setiembre y estos son los titulares que desarrollo en el podcast de la mañana:
- La periodista y candidata a gobernadora regional de Áncash Susy Aponte Polo, más conocida como la “china Polo”, fue asesinada el sábado a Caraz mientras realizaba una actividad de campaña a plena luz del día.
- Rafael López Aliaga de Renovación Popular le saca diez puntos de ventaja a Carlos Bruce de Somos Perú en la más reciente encuesta de Datum de cara a la elección municipal de Lima Metropolitana.
- Rafael Rey renunció al cargo de ministro de Transportes y Comunicaciones aduciendo problemas de salud.
- El BCR recortó de 3,4% a 3,2% su proyección de crecimiento para la economía peruana debido al impacto esperado del Fenómeno El Niño que tendrá una magnitud extraordinaria y golpeará al agro, la pesca y la manufactura.
- El partido de Vladimir Putin ganó con más de 57% de los votos las elecciones parlamentarias en Rusia, en medio de denuncias de irregularidades por parte de las fuerzas políticas de oposición.
Recuerda que puedes escuchar el podcast completo en Spotify cliqueando aquí.
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LA NOTICIA DESTACADA
Crimen atroz en Áncash cobra la vida de Susy Aponte Polo, candidata a gobernadora regional
Un nuevo caso atroz de violencia política acaba de ocurrir, en plena campaña para las elecciones regionales y municipales, en una región que justamente se caracterizó por esto en el pasado cercano, y me refiero a Áncash.
Susy Aponte Polo, periodista más conocida como la “China Polo” que hacía destapes de casos de corrupción en dicha región, y que había decidido incursionar en la política postulando para gobernadora regional de Áncash, después de una fallida candidatura al Congreso, fue asesinada el sábado por un sicario, a plena luz del día minutos antes de la 1 de la tarde, cuando estaba en una actividad proselitista en un mercado de Caraz.
Todo fue capturado por una cámara, pero no quisiera describirles los hechos ni mucho menos recomendarles que busquen las imágenes. Es realmente atroz.
Este atentado, por cómo se dio y por haber Aponte Polo advertido días antes que la estaban amenazando, inclusive responsabilizando de ello al general de la Policía y jefe de la Dirincri Víctor Revoredo, ha generado pues la especulación de que tuvo un móvil político o de silenciar a la víctima, quien ya preparaba -y de hecho había anunciado- un nuevo destape que supuestamente comprometía a un político de Alianza para el Progreso.
No podemos ser todavía concluyentes sobre lo ocurrido, el caso está en investigación. Un persona de nacionalidad venezolana fue detenida en posesión de un arma, pero me imagino que ya le estarán practicando las pruebas de absorción atómica para determinar si fue él quien disparó.
La investigación fue inicialmente tipificada como una de feminicidio, pero esto era erróneo y la fiscalía la ha recategorizado como una de sicariato.
Hay que recordar que en Áncash se tiene como antecedente el asesinato del consejero regional Ezequiel Nolasco, del cual se responsabilizó al gobernador regional César Álvarez, apodado como La Bestia. Fuera de esto, en las recientes elecciones generales, asesinaron en Chorrillos al candidato a diputado por Fe en el Perú Gilberto Infante.
Y si lo encuadramos también, como corresponde, como un asesinato de periodista, pues ahí tenemos más antecedentes, con cuatro periodistas asesinados en los últimos dos años, según recordó Rosa María Palacios.
Lo que ya se ha confirmado es que Víctor Revoredo, quien Aponte Polo había sindicado como alguien interesado en silenciarla, acaba de ser removido de la Dirincri y reubicado en la Dirección de Asuntos Internacionales de la Policía. Revoredo es el policía tristemente celebre porque días atrás se retiró de una entrevista en vivo diciendo que lo estaban llamando por teléfono.
Aponte Polo no era un personaje libre de cuestionamientos, tenía en su haber sentencias por falsedad genérica y otros delitos, pero es una atrocidad que se le haya quitado la vida como ocurrió y ciertamente es algo que no podemos normalizar en la vida del país.

LA REFLEXIÓN DEL DÍA
Entre la indignación y los cuidados necesarios para abordar el caso del Liceo Naval
El caso de la agresión sexual en el Liceo Naval es tan delicado que amerita que reflexionemos no solo sobre cómo evitamos, como sociedad, que se vuelta a repetir, sino sobre cuál es la mejor manera de abordarlo en la discusión pública.
La indignación que nos ha producido es plenamente justificada y necesaria, porque los hechos son atroces y merecen una condena ejemplar, porque hay negligencia inexcusable de quienes debieron evitarlos y socorrer a la víctima, y porque existe un temor -lamentablemente razonable en un país como el nuestro- de que termine habiendo impunidad por las conexiones de los perpetradores que inicialmente se evidenciaron, por ejemplo, en un trato privilegiado de parte de la policía.
Pero incluso en la indignación hay que tener ciertos cuidados. Aun cuando todos los que viajaron en ese bus pueden tener algún nivel de responsabilidad por lo que hicieron, toleraron o callaron, las responsabilidades son diferenciadas, cosa que, por ejemplo, el derecho penal tiene en cuenta.
Cuando alguien dice que hay que mirar con detalle el caso y determinar quiénes tuvieron un rol directo en la agresión, quiénes fueron testigos sin hacer algo al respecto y si acaso pudo haber alguien que no advirtió lo que ocurría, entiendo que esto pueda percibirse como si quien lo plantea fuese un agente en favor de la impunidad, pero no lo es necesariamente. De hecho, eso es exactamente lo que tiene que determinar la policía y la fiscalía.
Ahora bien, dado que muchos -como decía- temen que haya impunidad en caso, lo que asumen es que deben contribuir a que los involucrados sean sancionados ya mismo, y que por tanto conviene exponerlos en las redes sociales para que estas se encarguen de ir castigándolos.
Aquí, fuera de las consideraciones legales que limitan la exposición de las identidades de menores de edad, con lo cual podemos estar o no de acuerdo (de hecho, yo estoy en el campo de quienes consideran que el sistema se ha vuelto muy laxo con este tipo de situaciones y que se ha perdido principio de autoridad), es importante recalcar lo que decía hace un instante: uno debe tener cuidado en no presentar a todos como igualmente responsables, si hay razones para pensar que no todos intervinieron de la misma manera.
Está reflexión va, por ejemplo, para quienes están compartiendo imágenes donde aparecen las fotos de todos 10 estudiantes que fueron en el bus, con sus nombres y en algunos casos hasta sus DNI.
Y mucho menos hay que exponer la identidad de la víctima. He visto que una periodista con mucho alcance lo hizo en la transmisión de su programa y, cuando le hicieron notar que esto podría tener implicaciones legales, han aparecido quienes quieres presentarla a ella como víctima de una supuesta sobrerreacción.
Esa periodista tiene suficiente experiencia como para entender lo que estaba haciendo. El daño que genera una revelación de este tipo es tan grande que no se trata de una pequeña equivocación que se arregla con una disculpa en público. Podríamos estar hablando, literalmente, de una situación de vida o muerte. No es por capricho que se protege la identidad de las víctimas, y los periodistas más que nadie debemos saberlo.
En fin. Nos ha tocado vivir una época en la que todos podemos intervenir en una discusión pública como esta en las redes sociales, y eso es positivo en muchos sentidos (porque la presión, en efecto, reduce las probabilidades de que haya impunidad, y yo sospecho que, de no haberse hecho tan público este caso, no se habría recluido ya a los presuntos autores directos en Maranguita, que, en mi opinión, es lo que correspondía). Pero, al participar, debemos entender que hay dilemas éticos que no dejan de ser relevantes por la magnitud de nuestra indignación, por más genuina que esta sea.
Por ejemplo, algo que he visto ocurrir en este caso, con estupor, es que se ha instrumentalizado esa indignación para hacer publicidad comercial. Yo soy el primero en invocar siempre a las empresas a que deben pronunciarse sobre los problemas de fondo que afectan a la sociedad, pero hay maneras constructivas de hacerlo y otras que simplemente son una forma sacar provecho de una tragedia para posicionar una marca.
Si hubiera que aplaudir a una empresa por solo “generar conversación”, pues estaríamos poniendo la valla muy baja, considerando que esa conversación ya se está dando con o sin la marca, y esta no parece tener nada más inteligente que decir que plantear metáforas alusivas al consumo de su producto.
Las redes sociales muchas veces se agotan en lo que se conoce en inglés como "virtue signaling" o señalamiento de la virtud propia: "si yo manifesté públicamente mi indignación, pues ya cumplí mi labor". En lugar de ayudar, yo me atrevería a decir que eso nos lleva al facilismo de concluir que ya hicimos lo que nos tocaba.
Y, en realidad, tendríamos que estar haciendo mucho más. Tendríamos que estar convirtiendo esa indignación en acciones concretas. Quienes somos padres o madres de familia, tendríamos que estar exigiendo a los colegios de nuestros hijos que nos expliquen cómo están previniendo situaciones como la ocurrida en el Liceo Naval. Tendríamos que estar preguntándonos -y esto es muy difícil pero hay que hacerlo- si nosotros mismos estamos criando niños y niñas capaces de hacer algo así, o si estamos contribuyendo a que se desenvuelvan en un entorno en el que no tienen límites y nosotros mismos les inducimos, pues, ese sentido de impunidad.
Los cambios de fondo no son fruto de la indignación espontánea. Ocurren cuando, como resultado de esta, nos ponemos a pensar en estrategias para cambiar aquello que debemos corregir en la sociedad. Nadie espera que tengamos cabeza fría inmediatamente después de producido un hecho tan abominable como el que estamos comentando. Pero en algún momento tenemos que hacerlo.
No podemos asumir que lo único moralmente exigible de todos nosotros es que hagamos un post indignado en nuestras redes sociales. Tenemos que empezar a cambiar, en pequeña escala, lo que está a nuestro alcance, partir por reconocer que el problema del abuso y de la impunidad es uno con el que seguramente convivimos a diario, y que probablemente aceptamos como un hecho de la realidad.
Nuestra indignación no puede ser solamente performativa, tiene que convertirnos en agentes de cambio. Es así como cambian las sociedades: cuando un grupo suficientemente grande de personas decide pasar de la indignación a la acción.
