Gobierno anuncia nuevos lineamientos de disciplina para escuelas
Ayer la presidenta Keiko Fujimori, junto con su ministro de Educación José Antonio Chang, anunció un conjunto de lineamientos para combatir el bullying y restablecer el orden en los colegios. Sobre esto y más hablamos hoy en el Newsletter de Comité. ¡Empecemos!
Estamos martes 13 de octubre y estos son los titulares que desarrollo en el podcast de la mañana:
- La presidenta Keiko Fujimori anunció junto con su ministro de Educación José Antonio Chang nuevas medidas disciplinarias para restablecer el orden y combatir el bullying en los colegios.
- Oswaldo Molina, José Ricardo Stok y José Antonio Fernández-Baca se perfilan como los candidatos con mayores posibilidades de ser nombrados directores del BCR tras la evaluación de la Comisión de Procedimientos Especiales del Senado.
- Volodimir Zelensky denunció que ataques rusos contra la infraestructura energética de Ucrania continúan pese a que Donald Trump anunció una tregua energética entre Rusia y Ucrania y reanudó las compras de diesel ruso por parte de Estados Unidos.
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LA NOTICIA DESTACADA
Gobierno anuncia nuevos lineamientos disciplinarios para restablecer el orden y combatir el bullying en los colegios
La presidenta Keiko Fujimori anunció ayer en un evento en Chaclacayo una serie de medidas destinadas a combatir el bullying y restablecer el orden en los colegios. Lo hizo acompañada de su ministro de Educación José Antonio Chang y en respuesta al caso sonado del Liceo Naval, que sigue generando repercusiones.
¿Qué fue lo que dijo la presidenta al respecto? La cito aquí textual: “por unos pocos estudiantes malcriados no vamos a perturbar la tranquilidad de la gran mayoría de estudiantes que vienen aquí para aprender y formarse”.
Los cambios propuestos incluyen, según detalló el ministro Chang, que exista una nota de conducta de 0 a 20, y que por debajo de 11 debe considerarse desaprobatoria. También se considera como falta grave usar indebidamente teléfonos celulares en clase, acumular tres faltas leves o tres tardanzas, incitar a otros a retos peligrosos o humillantes, entre otras cosas. En estos casos se podrá proceder a la suspensión del estudiante.
Y por encima de ello están los casos de faltas muy graves, donde se incluye el bullying, formas de extorsión, la piromanía, la discriminación, la grabación de contenidos que violan el derecho a la intimidad, la apología de la violencia, entre otros. En estos casos sí se podrá expulsar definitivamente al alumno.
Chang destacó que lo que ha venido pasando es que “ante la falta de una medida correctiva, los padres retiran al alumno que ha sido agredido para no encontrarse con el agresor y eso no es lo correcto". Es decir, quien lleva la carga termina siendo la víctima y no el victimario.
Finalmente, se anunció -según leo en Perú21- que habrá en la escuela pública lineamientos relacionados con la apariencia personal: no se permitirá el maquillaje, las uñas pintadas, el cabello excesivamente largo o teñido, y las faldas muy cortas. Todo esto entrará en vigor en los siguientes 30 días, pasado un proceso de consulta y levantamiento de observaciones.
Yo encuentro esta última parte, de la que se ha hablado mucho en las redes, quizá un tanto exagerada. Hay ciertas expresiones personales que no son un reflejo de indisciplina sino simplemente de cómo una persona quiere ser vista.
Dicho esto, el restablecimiento de sanciones como la suspensión o la expulsión de estudiantes, sí es algo que me resulta razonable. Uno podría decir que nos habíamos ido quizá a un extremo, negando la pertinencia de dichas sanciones frente a conductas graves o muy graves en las que incurrían los estudiantes.
En este aspecto, sí considero positivo el nuevo planteamiento pero al mismo tiempo hay que decir que ello no impide que las escuelas se preocupen diligentemente por ayudar o resocializar a los estudiantes infractores.

REFLEXIÓN DEL DÍA
¿Cuánto ha progresado económicamente la humanidad en las últimas décadas?
Quiero contarles sobre un artículo bien interesante que leí este último fin de semana en el Washington Post, escrito por el profesor de economía de la Universidad de Pennsylvania Jesús Fernández-Villaverde.

Fíjense. Según sus cálculos, la mediana de la población mundial en 1990, es decir, hace muy poco, era una persona que vivía con 4.29 dólares por día, y dos siglos antes era una persona que vivía con 2 dólares por día. En doscientos años pasamos de 2 dólares a 4.29 dólares por día. ¿Y qué ha pasado en los últimos 36 años? Pues, hemos pasado de esos 4.29 dólares en 1990 a 11.66 por día en el 2026.
Esas cifras pueden parecer bajas pero muestran un cambio muy significativo. Fíjense qué ocurre si miramos la situación en términos de pobreza extrema, que es definida por el Banco Mundial como vivir con menos de 3.6 dólares al día.

En 1990, es decir, hace muy poco, había 2,300 millones de personas viviendo en pobreza extrema en el mundo. Para el 2026, esa cifra se ha reducido a 826 millones. Sigue siendo altísima, pero es un cambio muy relevante en menos de 40 años, sobre todo si consideramos que en ese mismo periodo, la población mundial aumentó de 5,300 millones a 8,200 millones de personas.
Es verdad que China es componente muy importante de esta historia, pero como dice el profesor Fernández-Villaverde, no es el único. Si excluimos a China, la pobreza extrema ha pasado de 1,400 millones de personas en 1990 a 826 millones en 2026. El cambio sin China sigue siendo muy notable.
Y la pregunta importante es, por supuesto, qué causó este cambio. Fernández-Villaverde menciona tres causas. La primera: la aceleración del desarrollo tecnológico. Para dar algunos ejemplos, secuenciar un genoma costaba 100 millones de dólares en el 2001 y ahora apenas algunos cientos de dólares. El precio de la energía solar es un décimo de lo que costaba en 2010.
El segundo factor es la apertura de los mercados. Y ahí tenemos a China, India y muchos otras economías -la peruana incluida-, que decidieron liberalizarse a partir de los años setenta del siglo pasado. Los gobiernos ciertamente deben jugar un rol en establecer reglas básicas, pero la constatación es que los mercados funcionan cuando hay mayores niveles de libertad económica.
Y el tercer factor es un orden internacional basado en el Estado de derecho, el libre comercio y la cooperación multilateral. Los humanos, dice Fernández-Villaverde, mostramos lo mejor de nosotros cuando podemos interactuar pacíficamente bajo reglas claras y estables.
El problema es que estos tres factores están actualmente bajo ataque. Hay creciente desconfianza en el desarrollo tecnológico, en los mercados libres y en el Estado de derecho. El propio Fernández-Villaverde reconoce que algunas críticas frente a ellos tienen base. Pero necesitamos solucionarlas, no destruir los pilares del sistema que nos ha permitido tener tanto progreso económico.
Porque, si seguimos en la ruta que marcó los últimos 36 años, y la proyectamos a los siguientes 36 años, podríamos terminar, según los cálculos de Fernández-Villaverde, con un mundo en el que la mediana es una persona que gana ya no 11.66 sino 31 dólares por día, es decir, casi 10 veces por encima de la actual línea de pobreza extrema. No tendríamos por qué contentarnos con menos que eso.
