El debate en torno a la reducción de la tasa de natalidad

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El debate en torno a la reducción de la tasa de natalidad

He visto cómo se ha generado ayer mucha polémica en X a propósito de un video que ha sacado el ex director del Banco Central de Reserva y economista vinculado al IPE Diego Macera sobre el fenómeno de la reducción de la tasa de natalidad en el Perú y otros países del mundo. Él dice que este es “el asunto más importante que vamos a tener que enfrentar en las siguientes décadas como país” y luego pasa a explicar algunos aspectos de cómo se está manifestando esto en la práctica, sin entrar tanto en detalle sobre cómo va a golpear esto económicamente, sino señalando en términos generales que es más difícil para una economía crecer cuando su población está reduciéndose. Antes había publicado una columna en El Comercio donde sí explicaba con mayor profundidad, decía que las causas de este fenómeno no son negativas, vistas individualmente, sino al contrario, como la mayor participación femenina en el mercado laboral remunerado, pero las consecuencias son enormes. Ya decíamos que disminuye el potencial de crecimiento de un país pero, por lo mismo, genera una presión muy grande sobre los Estados para financiar, por ejemplo, los sistemas de pensiones y de salud. 

Las reacciones que he visto en redes a este video, por un lado, me alegran y, por otro, me frustran. Si empiezo por las segundas, he visto una cantidad alucintante de argumentos ad hominem y falacias de hombre de paja. Para lo que no están familiarizados con estos términos, el argumento ad hominem es cuando se ataca a la persona más que a la idea, y la falacia del hombre de paja es cuando uno deliberadamente ridiculiza el argumento que quiere atacar para que sea más fácil desbaratarlo. Esta última es una estrategia argumentativa de mala fe porque no se está respondiendo a lo que realmente ha dicho la otra parte sino a cómo uno preferiría que lo hubiese dicho para que su argumento sea más débil. Aquí he visto gente diciendo que Macera quiere, digamos, instrumentalizar a las mujeres porque solo las ve como máquinas reproductoras, o que le gustaría que haya más nacimientos para ensanchar la disponibilidad de “mano de obra barata” que él desea que nuestra economía siga explotando. He visto incluso a personas sugerir que preocuparse por la natalidad es algo que hacen los regímenes fascistas, sugiriendo que la preocupación de Macera viene de un impulso totalitario. También podría sumar aquí la falacia de apelación a las emociones, que he visto formulada como diciendo que Macera es un desalmado porque, al preocuparse por la natalidad, está obviando otros que van a impactar muy duramente también -digamos, el cambio climático-, como si él estuviera sugiriendo que son irrelevantes. Hay también una línea de cuestionamiento que surge de un entendimiento de la política identitaria en el sentido de que Macera no puede hablar de natalidad porque no es mujer. Yo ciertamente entiendo que existe muchísimo valor en destacar la perspectiva de quien afronta en carne propia una determinada problemática, y que un observador externo debe tener mucho cuidado de interactuar con esas perspectivas antes de concluir categóricamente sobre ellas, pero este argumento identitario llevado al extremo anula el diálogo público porque implica que nadie puede analizar u opinar sobre algo que les pasa a otros. El ejercicio del debate y del diálogo abierto se da precisamente para que interactuemos con las ideas de quienes se aproximan a un asunto desde ópticas distintas a la nuestra. Y, dicho sea de paso, da la casualidad de que Macera está hablando no sobre la maternidad sino sobre las consecuencias económicas de la reducción de la tasa de natalidad, que es algo que sí yace dentro de su especialidad. 

Pero les decía al inicio que había aspectos de esta discusión sobre el video de Diego Macera que he encontrado de enorme valor. Entre quienes han reaccionado a este, he visto opiniones muy bien argumentadas -con las limitaciones que impone X- sobre aspectos de este debate que Macera no aborda y que resulta absolutamente esencial discutir. Cómo preguntarnos qué causa esa tasa de natalidad declinante o qué hace más o menos fácil que una mujer decida tener hijos. Y esta discusión no es ajena a Macera como economista, porque existen explicaciones también económicas en ese sentido, como el hecho de que nuestros sistemas económicos no estén diseñados para remunerar el trabajo que hacen las madres para cuidar y criar a sus hijos, o el que persista la discriminación por género en el ámbito laboral debido al diferencial del descanso post natal para las madres, y el hecho de que las remuneraciones de estas se desacoplan de la tendencia alcista de los sueldos de los hombres desde que aquellas tienen a su primer hijo. Yo he tenido algo de experiencia trabajando en temas de desarrollo infantil temprano y es increíble lo que nos cuesta como país conseguir la voluntad política para, por ejemplo, impulsar un servicio de guarderías que aspire a tener alcance general. Todos estos temas, y muchos otros más, por supuesto, alimentan una discusión que es mucho más valiosa y oportuna que cualquier cosa que haya podido capturar un economista, por más competente que sea, en un video de algunos minutos. Y el Perú necesita tener esa discusión. Mi problema, como explicaba al inicio, es cuando esta se da no porque se quiera realmente tener un intercambio de ideas para avanzar un debate sobre un asunto importante, o desafiar constructivamente aquellas opiniones con las que uno discrepa o criticar firmemente enfoques que uno considera equivocados, sino caer en una lógica mucha veces censuratoria de quien entiendo como vocero de un segmento de la opinión pública distinto del mío, o de dar riendo suelta a falacias de todo tipo y estrategias argumentativas de mala fe para ridiculizar a quien se percibe como un contrincante ideológico. Porque cuando esto pasa, creo que perdemos oportunidades de discutir a profundidad temas en los cuales hay discrepancias válidas y puntos ciegos en las distintas posiciones en controversia. Y siendo aquellos tan importantes, pues merecen ser mejor debatidos.

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