El gobierno y el continuismo en la policía
Yo puedo entender cuando un gobierno se sincera y dice que, aunque va a poner toda su atención y recursos en enfrentar un problema, la solución a este no va a ocurrir de la noche a la mañana. Lo puedo comprender racionalmente, aunque si sucede que es un problema que afecta a otros compatriotas muchísimo más que a mí, como la inseguridad, puedo entender también la indignación y apoyar el reclamo por acciones inmediatas y mayor sentido de urgencia. Lo que no puedo apoyar en ningún caso es que un gobierno decida manipular información para engañar a la ciudadanía sobre lo que realmente está pasando, y que ella experimenta en carne propia, y recurrir al populismo penal para inflamar la indignación existente sin proponer nada efectivo para resolver la situación de fondo.
Esto es lo que yo sentía que pasaba, por ejemplo, cuando estaba de ministro del Interior, Juan José Santiváñez, en el gobierno de Dina Boluarte, este venía siempre con relatos inverosímiles sobre cuánto avanzaba supuestamente la lucha contra la inseguridad, con números increíbles de cuántas organizaciones criminales supuestamente iba desbaratando. Y ocurría también, sospechosamente, que el prófugo más prominente del país, Vladimir Cerrón, eludía con demasiada facilidad a la policía que supuestamente lo estaba buscando. Sobre Santiváñez existía además la suspicacia de su pasado como abogado defensor de policías denunciados por manchar el uniforme.
Óscar Arriola, el actual comandante general de la Policía, ya formaba parte de los altos mandos que acompañaban a Santiváñez como jefe del Estado Mayor de la Policía. Y si bien ha habido dos gobiernos cortos luego de la caída de Dina Boluarte, lo que yo veo ahora al seguir estando alguien como Arriola en el máximo cargo policial, es el continuismo de aquellas gestiones que, por un lado, parecían hacerse de la vista gorda respecto de prófugos prominentes a los que había que capturar, y por otro, mostraban cifras u operativos inverosímiles para trabajar mejor en el terreno de las percepciones que en el de la realidad.
Cuando César Astudillo fue elegido ministro del Interior en el actual Gobierno, hubo cuestionamientos por venir este de las Fuerzas Armadas más que del ámbito policial, pero yo pensé, porque además lo conozco y le tengo aprecio como héroe nacional, que ojalá tuviera la capacidad de romper con ese continuismo en el sector Interior.
Yo no soy partidario necesariamente de acciones que han tomando gobiernos anteriores que han mandado al retiro de golpe a un número altísimo de generales de la policía, porque entiendo cómo esto puede romper la institucionalidad de dicha entidad, pero mucho menos estoy a favor de tomar una postura en la que no resignemos a seguir con quien está si no es la persona o las personas que van a poder generar cambios significativos en la lucha contra la inseguridad.
En los últimos días, a propósito de este caso del secuestro y asesinato en Trujillo que hemos venido comentando, he visto al gobierno más interesado en manejar las percepciones que en otra cosa. Jugando con la ambigüedad respecto de si la policía tuvo un rol en la liberación del empresario minero, difundiendo una foto ridícula en la que se ve al ministro de Defensa supuestamente interrogando a uno de los delincuentes capturados, y generando bastantes dudas sobre si las personas detenidas son en verdad las que cometieron los delitos.
El propio Astudillo ha estado vacilante y dubitativo sobre su posición frente a Arriola. Pues bien, yo creo que él y el Gobierno tienen que tomar una decisión. ¿Van a seguir gestionando el problema de la inseguridad como si fuera simplemente un asunto de percepciones o van a tomar acciones de verdad? ¿Está el Gobierno convencido de que puede hacer esto con Óscar Arriola a la cabeza de la policía o va a cerrar filas pública y transparentemente en torno a la necesidad de cambiar el liderazgo policial? Yo no voy a desdeñar nunca el argumento de la institucionalidad, pero este tampoco debe ser absoluto. En un país que sufre tanto por la inseguridad, no podemos resignarnos a no tener a la mejor persona que podamos a la cabeza de la policía.
Si para el Gobierno Arriola es esa persona, pues tiene que salir a explicar por qué. Y si no lo es, pues tienen que hacerlo evidente y usar las herramientas políticas y legales que tienen a la mano para cambiarlo. Y espero que ya se hayan dado cuenta de que esto no puede esperar.