El sesgo de confirmación y la discusión que estamos teniendo sobre fraude
Quiero aprovechar las conversaciones que estoy teniendo con algunos de ustedes sobre la alegación de fraude electoral para explicar un concepto importante: lo que de conoce como el sesgo de confirmación.
Fíjense. Varias personas que me han escrito para contarme por qué sí consideran verosímil la hipótesis de fraude en la elección del 12 de abril, construyen su argumento de la siguiente manera. Primero me hablan de alguna versión de cómo se habría hecho el fraude. Esto ha ido cambiando en el tiempo, porque al inicio solía ser el que un millón de personas o medio millón de personas fueron impedidos de votar en Lima porque a propósito se abrieron tarde muchas mesas en la capital. Ahora último, esta parte de la argumentación suele estar más relacionada al supuesto esquema de manipular las famosas mesas de centros poblados con numeración que empieza en 900. Estos son los argumentos que más salen, pero también hay otros.
Y luego, en la segunda parte de la argumentación, sale típicamente un argumento como el siguiente: “además, si no hacemos nada, va a pasar el candidato tal a la segunda vuelta y eso sería nefasto para el Perú porque ese candidato es así y asá, está proponiendo tal o cual cosa, o se está rodeando por tal o cual persona”.
Lo que hace esta segunda parte del argumento, creo yo, es revelar el sesgo de confirmación. Este es un sesgo inconsciente que hace que las personas valoremos más la información que confirma nuestras ideas previas que aquella que las contradice. Dicho de otro modo, hace que seamos menos objetivos al evaluar la evidencia porque nuestro cerebro está buscando patrones que retroalimenten lo que nosotros ya concluimos. Entonces, como uno no quiere que tal candidato pase a segunda vuelta, me lo están diciendo textualmente, entonces todo lo que aparece que da a entender que sí eso pasa es porque ha habido trampa, pues les resulta más creíble a estas personas. Les termina siendo más fácil avalar una teoría conspirativa, de fraude en este caso, que asumir simplemente que ha habido más gente que votó por ese candidato que por el otro que disputa con él el segundo lugar, aunque esto sea bastante verosímil. Luego volveré sobre esto.
Lo que hay que entender aquí es que estas son discusiones distintas. La discusión sobre si tal candidato entraña riesgos para el país o para aquello en lo que uno cree o defiende, es una conversación completamente válida. Yo encuentro valioso que cualquiera de ustedes me escriba y me cuente sobre qué le hace pensar que cualquiera de las tres personas que pueden terminar estando en la segunda vuelta es un peligro para el país o cómo construyen su propia argumentación de quien es, para ustedes, el mal mayor. Esta es una discusión de preferencias políticas donde la discrepancia es completamente válida, y es una discusión que genera posiciones muy intensas porque se alimenta de las identidades anti que son tan prevalentes en la política peruana. el anti comunismo, el antifujimorismo, etc.
Pero la primera parte de la discusión no depende de preferencias políticas. No es una donde debiera entrar a tallar el sesgo de confirmación, porque es una pregunta de hecho. O bien hubo fraude, o bien no hubo fraude. La respuesta no tiene nada que ver con mis preferencias ideológicas o políticas, es una pregunta sobre un hecho, y por tanto la categorización que usemos para responderla debe ser verdadero o falso, no conveniente o inconveniente. En el anterior dilema es normal que haya discrepancias en función de gustos, aquí no. Aquí lo único que manda es la evidencia. Lo correcto sería que nos aproximemos a la pregunta sobre si hubo fraude como si no supiéramos quiénes son los protagonistas implicados en la denuncia, fijándonos simplemente en lo que se pueda demostrar fehacientemente.
Por tanto, sería una demostración de honestidad intelectual que uno diga: discrepo rotundamente con este candidato, pero debo reconocer que ganó sin hacer trampa. Yo pensé que podría haberla hecho, pero hice el esfuerzo de revisar racionalmente la evidencia disponible y no encontré ninguna prueba en ese sentido que haya sido concluyente, solo sospechas no fundamentadas.
Ser ciudadanos en democracia exige que podamos distinguir preguntas sobre hechos -por ejemplo, si hubo o no fraude- de preguntas sobre preferencias políticas -por ejemplo, si quiero que tal candidato pase a segunda vuelta o gane la elección. Cuando resolvemos las primeras utilizando las respuestas que corresponden a las segundas, probablemente estemos siendo presas del sesgo de confirmación.
Eso es problemático pero hasta cierto punto se entiende porque todos somos presas hasta cierto punto de nuestros sesgos cognitivos, y tenemos que aprender a identiticarlos para que nuestro lado irracional o instintivo no se importa sobre nuestro lado racional o reflexivo.
Pero hay una situación distinta que debo mencionar también. Algunos están formulando una argumentación como la que describía al inicio que no es un resultado no deseado del sesgo de confirmación, es decir, un error de razonamiento que es inconsciente, sino que están plenamente en la capacidad de reconocer que lo más probable es que el candidato que no les gusta sí consiguió más votos que el que preferirían que lo desplace, y están activamente promoviendo la teoría conspirativa del fraude, no porque esté convencidos de que tiene base, sino porque quieren ver hasta dónde puede llegar, si está en las posibilidades que se fuerce que haya elecciones complementarias o que se anulen los votos de quienes sufragaron en las mesas con numeración 900 de los centros poblados. Estas personas están enarbolando una narrativa de fraude como si fuera una posición principista, pero en realidad no le hacen ascos a propiciar ellas mismas que haya trampa pero en sentido contrario, por ejemplo, dejando sin voto a los electores de centros poblados. Esta posición me parece que es incoherente e indefendible. Porque una cosa es que, inducidos por el sesgo de confirmación, algunos resulten más crédulos de la teoría conspirativa del fraude, que son personas con las que se puede discutir con honestidad intelectual, y otra es que estén ellas mismas queriendo cometer un fraude porque no les gusta cómo votaron los peruanos en primera vuelta y quieren manipular ese resultado.
Esta puede parecer una diferencia tenue pero no lo es. En el primer grupo puede haber personas que están evaluando equivocadamente la evidencia, pero en el fondo sí creen en la democracia y en que hay que respetar el derecho de voto de las personas. En el segundo grupo lo que hay es gente que no cree en la democracia, que solo valora el derecho de voto de sus compatriotas cuando sale ganador la personas que ellos quieren que gane.
Y aquí quiero ser bien claro en decir algo. Si cualquiera de nosotros tiene una preferencia política por un candidato o una animadversión muy fuerte hacia el candidato rival, pero tiene en su mismo bando a gente que está haciendo esto último, es decir, tratando de vender una narrativa de fraude que sabe que no tiene base en evidencia, esto último no ayuda a la posición que uno tiene sino que detrae de ella, la perjudica. Porque la gente no es tonta. Dentro del grupo de votantes indecisos ante la posibles opciones de segunda vuelta, que son los que van a definir la elección, es esperable que la mayoría esté en la capacidad de identificar la deshonestidad intelectual de quienes, con la fachada de un reclamo por fraude, en realidad lo que quieren es ellos mismos manipular la elección. Y lo van a castigar. Así que las personas que se están jugando el todo por el todo tratando de implantar la idea de que hay que sacar de carrera a un candidato porque supuestamente se favoreció de un fraude que no pueden terminar de sustentar, lo que van a hacer es inflar a ese candidato, victimizarlo, incrementar sus posibilidades de ganar. Lo que creo que no entienden esas personas es cómo se están disparando al pie. No son conscientes de que ese candidato al que quieren excluir, se beneficia de que se instale una narrativa en el sentido de que desde Lima se está queriendo manipular el resultado para perjudicarlo. Por eso digo que se están jugando el todo por el todo porque, si no ganan en su intento de imponer elecciones complementarias o anular las mesas 900, todo el esfuerzo que han hecho, irónicamente, va a terminar convirtiéndose en combustible para la campaña de ese candidato. Así que, aquellos de ustedes que estén en esa posición, no siempre es bueno tener del lado propio a los que gritan más, sobre todo cuando detrás de esos gritos hay mentiras que el votante indeciso perfectamente puede identificar.
Todo esto que les acabo de explicar es la razón por la cual uno ve que cada vez más líderes de opinión de derecha están desmarcándose del reclamo de fraude que considerar infundado, porque entienden que a quien más está beneficiando ese reclamo es a la candidatura que está más en las antípodas de sus preferencias.
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