Gobierno ofrece "eliminar la ideología" en la educación
En la presentación de su plan quinquenal para el sector educativo, el Gobierno anunció ayer que va a "eliminar las ideologías" en la educación, lo cual ha abierto un debate sobre qué exactamente implica tal acción. De eso y otras cosas más hablamos en la edición de hoy del Newsletter de Comité. ¡Empecemos!
Estamos martes 15 de septiembre y estos son los titulares que desarrollo en el podcast de la mañana:
- El Gobierno anunció un plan quinquenal para el sector Educación que, entre otras cosas, busca “erradicar la ideología” del sistema educativo, refiriéndose por ejemplo al uso del término “conflicto armado interno” en lugar de hablar de “época del terrorismo”.
- La Comisión de Procedimientos Especiales del Senado ya inició la evaluación de 12 candidatos planteados por seis bancadas para que se elija a los tres directores que falta designar en el directorio del BCR hasta el 2031.
- La Corte Suprema de Estados Unidos rechazó las restricciones que buscaba implementar Donald Trump al voto por correo de cara a las elecciones de mitad de mandato en noviembre.
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LA REFLEXIÓN DEL DÍA
¿Es posible "eliminar la ideología" de la educación? ¿Qué es razonable exigir en este aspecto?
El Gobierno presentó ayer en Santa Anita su Plan Nacional de Educación 2026-2031 pero, más que hablar sobre cómo revertir los malos resultados de la reciente Prueba PISA o las deficiencias históricas del sistema educativo peruano, la discusión pública en las últimas horas se ha centrado en lo que dijo aquel sobre el rol de la ideología en la educación.
Por ejemplo, el ministro de Educación Jose Antonio Chang señaló que “vamos a retirar de la currícula nacional todo tipo de ideología. No debe haber una interpretación ideológica de la historia”. Aquí se estaba refiriendo, y lo reconoció explícitamente, a que los textos escolares recurran, por ejemplo, al concepto de "conflicto armado interno" en lugar de hablar de la "época del terrorismo", que él considera que es una forma de falsear la realidad.
La propia presidenta Keiko Fujimori, que estuvo en la presentación, dijo que “la currícula debe modernizarse, no tiene que tener ideología. Tiene que tener datos, estadísticas, información real”.
Esto ha generado reacciones en sectores críticos del Gobierno en el sentido de que está buscando “reescribir la historia” para librar de responsabilidad política al Gobierno de Alberto Fujimori, padre de la actual presidenta, por los crímenes cometidos por miembros de las Fuerzas Armadas durante su mandato.
El encuadre de este debate, debo decir, me resulta algo extraño, porque parte de un entendimiento equivocado del término ideología. Ideología es un conjunto organizado de ideas, creencias y/o valores a partir de los cuales una persona o grupo de personas explica cómo es la realidad o cómo quisiera que sea. Desde esta definición, defender la democracia o el libre mercado es defender una ideología.
A este término se le asigna una connotación negativa que no tiene, que lleva a la conclusión equivocada de que es posible separar por completo las ideologías de la educación. Quizá sería más fácil de entender este debate si la crítica estuviera dirigida a profesores que hacen activismo político porque, en lugar de enseñar que en torno a ciertos temas puede haber una pluralidad de interpretaciones o ideologías, eligen solo enseñar aquella que a ellos los moviliza políticamente. O textos escolares que minimizan ciertas interpretaciones porque son disidentes de un relato político predominante.
Es normal que en un país afloren discrepancias en la interpretación o la calificación de los hechos, porque distintas personas parten de posiciones ideológicas divergentes. Ese es un aspecto inevitable de vivir en democracia, aunque tenemos que, en efecto, buscar ponernos de acuerdo cuando menos sobre los hechos, más allá de que tengamos valoraciones distintas sobre ellos.
El problema que yo encuentro aquí está relacionado a qué puede hacer un Gobierno con el poder político que tiene para influir en el contenido de la educación. Un Gobierno podría querer promover loablemente ciertas cosas, como la educación cívica, o podría querer aprovechar ese poder indoctrinar a ciertas audiencias, que es lo contrario a promover una educación cívica basada, pues, en un pensamiento crítico que valore la pluralidad ideológica y el debate de ideas.
En esa línea, me puedo imaginar una realidad en la que, con cada nuevo gobierno, dado el control que tiene este sobre el Ministerio de Educación, se pretenda cambiar los textos escolares para acomodarlos a su interpretación política de los hechos. Uno podría estar de acuerdo si coincide ideológicamente con el gobierno de turno, pero el que le siga podría querer hacer lo mismo en sentido contrario, y así sucesivamente. Casa uno dirá que está corrigiendo los sesgos ideológicos del anterior, pero estará imprimiendo los suyos, voluntaria o involuntariamente.
¿Cómo resuelven esto otros países? Pues, parten por reconocer que una tarea como la definición del currículo o los textos escolares es algo que no debe estar sometido al ciclo político sino tratarse en foros técnicos, pero donde los especialistas convocados representen también una pluralidad de posiciones ideológicas. Porque, si sacamos a los políticos de la ecuación pero le encargamos la tarea a especialistas que representan a un mismo sector ideológico, entonces tampoco resolvemos el problema. Seguiremos sin ser capaces de gestionar la diversidad política en la educación.
Lo ideal, para mí, sería tener una autoridad autónoma, que sea muy plural en su conformación y que no dependa del gobierno de turno, encargada de tomar decisiones sobre temas como el currículo y los textos escolares. Y lo que defina esta debería, a su vez, percolar en la carrera magisterial, con un mandato muy claro hacia los docentes en el sentido de que deben promover el debate abierto basado en argumentos, en lugar de mostrar solo un relato, vale decir, aquel con el cual ellos están personalmente de acuerdo. Esto, en aquellos asuntos que sean debatibles, no en aquellos en los que simplemente haya que reconocer los hechos o la evidencia científica.
Es difícil pensar que exista algo así en el Perú, pero no es imposible. Otros países lo gestionan mucho mejor y deberíamos poder aprender de ellos.
Ahora bien, esta discusión que estamos teniendo ahora es otra manifestación de la controversia que tuvimos semanas atrás relacionada al informe de la Comisión de la Verdad y el Lugar de la Memoria. Aquí reaparece esa clásica disputa que sugiere que los conceptos “conflicto armado interno” y “terrorismo” son mutuamente excluyentes.
Esta es una lectura política porque técnicamente no lo son, aunque es verdad que, el que una persona prefiera uno o el otro tiende a ser indicativo de su posición ideológica, de dónde cree que deben estar puestos los énfasis, y eso es válido.
Quienes están en el campo de los que prefieren hablar de terrorismo, consideran que sus contrapartes ideológicos han tenido mayor capacidad de incidir políticamente en el sistema educativo y han conseguido que este cuente un relato que, por cercanía política, no es suficientemente severo en criticar la base ideológica de los grupos terroristas y, más bien, prefiere hacer una falsa equivalencia para poner en el mismo nivel los excesos y/o delitos cometidos por las fuerzas del orden.
Quienes prefieren hablar de conflicto armado interno, creen que los del otro grupo tienen una agenda negacionista y que, si se les reconoce el poder de hacer cambios en el currículo o los textos escolares, invariablemente van a pretender reescribir la historia para librar de responsabilidad a quienes fueron políticamente responsables por violaciones a los derechos humanos cometidas por agentes del Estado, y van a minimizar el hecho de que, al no saber al inicio cómo distinguir al enemigo del resto de la población, el Estado se permitió atacar a quienes eran ciudadanos inocentes y que él mismo había dejado en el olvido.
Yo no espero que esta discrepancia se resuelva en los próximos años, quizá hasta se profundice. Pero lo que no quisiera que ocurra, es que la educación se convierta -todavía más- en un frente de la llamada "batalla cultural" y que a los políticos les interese más eso que los aprendizajes de los escolares o que, en general, reciban la educación que merecen sin que esta esté supeditada al activismo político de los gobernantes de turno.
Dicho todo esto, hay un ángulo adicional a este debate que vale la pena mencionar. ¿Por qué el Gobierno de Keiko Fujimori abre esta discusión ahora mismo? ¿Ese siempre fue el plan o es una medida para desviar la atención de otras cosas, como el hecho de que el pedido de facultades delegadas no está fluyendo como ellos hubiesen querido? ¿Están buscando inflamar a su base para que luego sea más fácil explicar una derrota ante la Cámara de Diputados?
Si el objetivo del Gobierno en estos días es conseguir votos suficientes para que se apruebe el pedido de facultades en la cámara baja, pues abrir un debate sobre este tema puede generar el aplauso de quienes piensan igual que el Gobierno en este asunto, pero sospecho que en lugar de facilitar que se consigan esos votos que faltan, más bien lo va a dificultar aún más.

LA IMAGEN DEL DÍA
"El Modelo Económico Explicado" ya es parte de la colección de la Biblioteca Renzo Rossini del Banco Central de Reserva
Espero me disculpen por aprovechar este espacio para tratar una noticia sobre nosotros, pero nos causa enorme alegría que la Biblioteca Renzo Rossini del Banco Central de Reserva del Perú nos haya pedido que nuestro libro "El Modelo Económico Explicado", publicado por Comité en alianza con la Fundación Manuel J Bustamante de la Fuente, se incorpore a su colección y sea difundido por ellos también en formato virtual. Desde aquí, le enviamos un agradecimiento muy especial a Giovana Vega y Emily Fajarlo, quienes tuvieron la gentileza de recibirnos el viernes pasado.


MIS RECOMENDACIONES
- Sebastian Mallaby, el autor de "The Infinity Machine: Demis Hassabis, DeepMind, and the Quest for Superintelligence", ha publicado un artículo interesante en el New York Times en el que celebra el ensayo publicado este último fin de semana por Dario Amodei, el CEO de Anthropic, sobre la necesidad de hacer una pausa y regular mejor la industria de la inteligencia artificial, pero que incluso en estos planteamientos, Amodei se queda corto. Encuentran el artículo aquí.
- Aprovechando que estamos hablando esta mañana sobre el rol de las ideologías en la educación, comparto este artículo de Dana Stangel-Plowe que encontré en el Washington Post que cuestiona cómo en el ámbito de los docentes en EEUU está popularizándose la idea de que el profesor debe entenderse como un activista político. Encuentran el artículo aquí.
- Y si quieren profundizar más en el tema de las ideologías políticas, les comparto aquí un video explicativo que hice hace algunos años que puede ayudar a entender mejor el tema:
