Homenaje a Felipe Ortiz de Zevallos
Felipe Ortiz de Zevallos, FOZ para quienes lo apreciamos o trabajamos con él, acaba de recibir la Orden del Sol en grado de Gran Cruz, que es la distinción más importante que otorga el Estado peruano. Es difícil pensar en una persona más digna de ese reconocimiento.
Yo tuve la suerte de saber quién era Felipe Ortiz de Zevallos muy temprano en mi carrera, porque aunque estaba terminando de estudiar derecho por ese entonces, tuve la gran fortuna de entrar a trabajar al Grupo Apoyo, a la empresa que en ese momento publicaba la revista Semana Económica, donde pasé mi etapa formativa aprendiendo un oficio que no era el mío, de personas que, como Felipe, habían adoptado esta vocación de hacer periodismo pedagógico, de informar para construir mejores personas y mejores ciudadanos.
No me alcanzaría el comentario de esta mañana para contarles todas las cosas que yo he hecho en mi vida profesional que están profundamente inspiradas por lo que ha sido para mí la figura de Felipe Ortiz de Zevallos. Su rol como intelectual público, siempre tratando de central el debate en lo importante y necesario. La manera como hace convivir su enorme sapiencia con su humildad intelectual, que nunca se siente como si estuviera sermoneando sino como alguien que comprendió que el conocimiento está para ser compartido. Su enorme curiosidad intelectual y su capacidad para decir cosas profundas y originales cada vez que escribe una columna o es interesado. Su vocación de crear instituciones que aporten valor a la sociedad peruana, desde todo lo que ha significado el Grupo Apoyo y las distintas empresas u organizaciones que surgieron de él, a las responsabilidad que asumió como presidente de la Asociación Civil Transparencia y como rector de la Universidad del Pacífico. Fue también servidor público con una destacada labor como embajador en Washington DC.
Quisiera detenerme, sin embargo, a hablarles de una de sus creaciones quizá menos conocidas pero que fue importantísima para determinar lo que luego hice yo con las iniciativas que ustedes conocen, y me refiero aquí no solo a Comité sino más específicamente a Recambio, que es la escuela de formación plural de liderazgos públicos y políticos que co-lidero con Gabriela Vega Franco. Felipe creo Kullancha, un programa de liderazgo adaptativo que invitaba una vez al año a un grupo muy diverso de peruanos y peruanas a una experiencia formativa que desafiaba sus capacidades de entender y conectar con quien pensaba distinto y construir sobre esa discrepancia. El yo haber podido ver siendo yo participante de Kullancha que esto era posible, que se podían generar conversaciones constructivas entre quienes pensaban diferente y ayudar a que se acercaran en sus posiciones, fue lo que me convenció de crear inicialmente Comité, que, como algunos de ustedes recordarán, empezó con eventos en los que juntábamos a conversar a personas que estaban en las orillas opuestas del debate público, y luego Recambio, que ofrece programas de formación política desde la pluralidad y diversidad. Es más, en Kullancha conocí a las personas con las cuales creamos Sociedad Beta que es el espacio donde se incubó la idea de hacer Recambio.
Si cualquiera de ustedes ve los pasos que yo he dado y las cosas que he querido hacer con mi vida, y encuentra un no tan velado intento de imitación por ciertos aspectos que han caracterizado la trayectoria de Felipe Ortiz de Zevallos, sepan que eso no es pura casualidad. Es el resultado de mi admiración por quien es uno de mis principales referentes sobre qué significa ser un peruano comprometido. Así que no me sorprende que a ese peruano le hayan dado la Orden del Sol en grupo de Gran Cruz, era algo de lo que yo definitivamente esperaba ser testigo en algún momento de mi vida. Pero por lo mismo, más que felicitar a Felipe Ortiz de Zevallos, que ya lo hice, lo que le toca es agradecerle por todo lo que ha hecho por el Perú y, más a título personal, por la gran inspiración que ha sido para mí. Felicidades FOZ, el Perú te sigue necesitando.