La decisión de Julio Velarde de quedarse en el BCR
La decisión de Julio Velarde de quedarse un periodo más como presidente del Banco Central de Reserva es, sin lugar a dudas, una noticia que infunde mucha tranquilidad. Yo ya les he comentado que, aunque haya algunos despistados preguntándose qué ha hecho Velarde por el ciudadano de a pie, este pensamiento es fruto del desconocimiento porque lo que hace tan magistralmente el BCR que lidera Velarde es permitirle a los peruanos vivir en un país con inflación controlada y tipo de cambio con reducida volatilidad, lo cual es muchísimo. La inflación, vale decir, el incremento sostenido y generalizado de los precios, es de lo peor que le puede pasar en un país a afecta más duramente a quienes están en situación de pobreza. Por eso, me reafirmo en decir que no existe otro funcionario público que haya impactado en sentido positivo en mayor medida que Julio Velarde en la vida de los peruanos en general en los últimos tiempos.
Dicho esto, quisiera ser bien claro en decir otra cosa. Si el Perú crece 3 o 3 y medio por ciento, es por el buen manejo macroeconómico que tiene el país y por la increíble resiliencia de su economía. Pero la verdad es que, con los precios actuales de los principales productos que exportamos, el Perú debería estar creciendo 5, 6 o 7%. Y lograr eso que, repito, está al alcance, ya no es una responsabilidad de Velarde y el BCR, que ya están haciendo todo lo que se necesita de ellos para que eso ocurra, sino que depende de la política, del gobierno y del Congreso, de la capacidad del primero de tener una gestión pública eficiente y técnicamente competente, sobre todo el Ministerio de Economía y Finanzas y en las carteras productivas, del destrabamiento de inversiones y de infundir confianza a los agentes económicos, y del segundo en cuando a las capacidad de impulsar reformas de segunda generación por consenso entre las fuerzas parlamentarias. Ha requerido mucho llegar a tener los niveles de solvencia técnica que hoy tenemos en el BCR; pues bien, ahora necesitamos empujar para que ocurra lo mismo en otros ámbitos del Estado que están muy rezagados o han retrocedido muchísimo en los últimos gobiernos.
Una cosa que digo en mi reciente libro, El Modelo Económico Explicado, y que es bien importante entender, es que en el Perú ha habido un descalce creciente entre los principios que inspiran el modelo económico, lo que llamamos economía social de mercado que básicamente postula que haya tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario, porque ese modelo se confía en la capacidad de los actores privados para invertir y crear valor. Sin embargo, aunque la Constitución propugne eso, la regulación aguas abajo se ha vuelto demasiado controlista y obstaculizadora, frenando así la dinámica de la inversión privada o condenándola a la informalidad.
Yo no estoy planteando que el Estado renuncie a su rol regulador, que es fundamental. Lo que estoy diciendo es que ese rol regulador no debe presumir que la inversión privada es algo que debe ser restringido, sino todo lo contrario, algo que debe ser promovido e impulsado. Lo que hay que controlar o resolver son las situaciones en las que no hay suficiente oferta privada y, por tanto, insuficiente competencia, o las externalidades negativas que pueden generar ciertas industrias, como por ejemplo, aquellas que tienen impactos medioambientales que deben ser regulados o minimizados.
Yo, personalmente, creo en un Estado que no esté sobredimensionado pero que sí sea muy fuerte y efectivo en garantizar los bienes públicos que solo él puede proveer transversalmente, como seguridad, justicia, educación y salud pública, estado de derecho. Con lo que no coincido es con un Estado que siente que la inversión privada es el enemigo o algo que hay que minimizar, sofocar o confiscar. Esta parte del modelo, la que luche contra la informalidad desde la regulación razonable a nivel macroeconómico acompañada del fortalecimiento de la capacidad del Estado en materia de gestión y provisión de bienes públicos, es algo que se desprende de la Constitución pero que, yo creo, no se ha hecho del todo en el Perú. Porque, como siempre digo, el modelo económico peruano requiere del buen engranaje de esas dos piezas: inversión privada boyante y Estado eficiente. Como ya hemos visto, cuando mejor se da esa combinación, más capacidad tenemos como sociedad de reducir la pobreza y ofrecer oportunidades de bienestar para todos los peruanos. Esa es la responsabilidad del nuevo Gobierno y el nuevo Congreso.