La explicación de Datum sobre por qué su conteo rápido fue distinto del resultado final
Uno de los factores que alimentó la discusión sobre fraude en la elección del 12 y 13 de abril, específicamente en lo que concierne a la primera vuelta presidencial, fue que las encuestadoras salieron a destiempo con los resultados de sus conteos rápidos y con resultados que no se traslapaban. Si recuerdan, Datum salió la misma noche del 12, pese a que el Jurado Nacional de Elecciones había invocado a que las encuestadoras no anunciaran conteos rápidos considerando que se iba a extender la votación hasta el día siguiente, por las negligencias de la ONPE, mientras que Ipsos salió el 13 a mediodía, si mal no recuerdo. Y lo que pasó fue que, si bien ambas ponían a Keiko Fujimori en el primer lugar, Datum ubicaba en segundo lugar a Rafael López Aliaga con un margen cómodo respecto del tercero que hacía pensar que pasaría sin problemas a segunda vuelta, mientras que Ipsos al día siguiente mostró más bien a Roberto Sánchez llevándose el segundo lugar por muy poco, que ha sido lo que ha terminado proclamando oficialmente el Jurado Nacional de Elecciones este último fin de semana.
Pues bien, esos dos resultados, el de Datum y el de Ipsos, era incompatibles en lo que respecta a quien ponían en segundo lugar. Esa diferencia no estaba en el margen de error, con lo cual uno podía decir que una de las dos encuestadoras estaba ofreciendo una medición de la opinión pública que se apartaba de la realidad de una forma que no podía justificarse estadísticamente sino que debía responder a un problema de falta de rigurosidad.
Pero claro, mientras no se aclaraba esto, muchas personas que creyeron en la teoría del fraude, utilizaron el resultado del conteo rápido de Datum como un elemento de convicción más de que se había manipulado o distorsionado el resultado de la primera vuelta presidencial, afectando a quien quedó en la segunda ubicación.
Ayer, finalmente tuvimos una explicación de la propia Datum de qué fue lo que pasó, tras conducir dicha empresa una auditoría externa e independiente sobre su proceso de realizar el conteo rápido del 12 de abril.
Lo que encontró esta auditoría, según ha difundido la propia Datum en un comunicado, es que su diseño muestral estuvo técnicamente bien hecho, pero que en la práctica, sus encuestadores se vieron obligados a alterar esa muestra en Lima y otras partes del país porque no pudieron hacer su trabajo en las mesas que tenían previstas y tuvieron que escoger otras en su reemplazo.
Pues bien, esos cambios impidieron tuvieron como efecto que se perforara la solidez técnica de su diseño muestral y que, por tanto, se distorsionara el resultado que anunció la noche del 12 de abril en América Televisión.
Si hubiera mantenido su diseña muestral, dice la auditoría, hubiera dado un resultado coherente con lo que ha dado el Jurado Nacional de Elecciones, dentro del margen de error aceptable.
Fíjense en esto último que es importantísimo. Datum está reconociendo expresamente que el resultado que ha proclamado el Jurado es verosímil, creíble, porque su conteo rápido hubiese mostrado lo mismo si no hubiese incurrido la propia Datum en los errores que ella misma está reconociendo.
Yo sé que en el Perú hay muchas suspicacias sobre el trabajo de las encuestadoras, y la discrepancia entre los resultados de los conteos rápidos de Datum e Ipsos ciertamente alimentó tal cosa. Pero hay cosas importantes que reconocer aquí. Una es que Ipsos sí le chuntó a lo que fue resultado oficial de la primera vuelta con bastante precisión. Ipsos enfrentó los mismos problemas que Datum en lo que respecta a mesas donde no le dejaron contar como tenía previsto, pero lo que interpreto que pasó es que Ipsos tomó acciones para que esa circunstancia no afectara la solidez de su diseño muestral. Digamos que, no quiso correr el riesgo de salir con un resultado que se alejara de la realidad por una cuestión de apuro y de resolver al paso los impedimentos que estaba teniendo de cumplir con su diseño muestral. Esto, yo quisiera decir, habla muy bien del rigor y profesionalismo de Ipsos.
Datum, en cambio, cometió un error en su intento por resolver la situación, como la empresa misma acaba de reconocer. Si bien este es un error inducido por las propias limitaciones que le impusieron las circunstancias, el que Ipsos no hubiese incurrido en el mismo error muestra que pudo hacer las cosas diferente, y ahí hay ciertamente un aprendizaje muy relevante para la propia Datum.
Pero quiero reconocer también, y felicitar, el comunicado que ha sacado Datum que, en una muestra de honestidad intelectual y responsabilidad pública, ha considerado necesario -como de hecho lo era- explicar qué fue lo que pasó, y permitir de esa manera que, con sus hallazgos, se desvirtúen las teorías de fraude. El comunicado no es propiamente una disculpa, y lo entiendo porque el trabajo de una encuestadora seria siempre está expuesto a ir aprendiendo y corrigiendo cosas en el tiempo, pero es suficiente para mí para evidenciar que la empresa entiende su responsabilidad, que le corresponde dar explicaciones públicas y que, como resultado de lo hallado, ya está implementando medidas, como la creación de un comité técnico independiente, de cara a la segunda vuelta.
Como siempre les digo, vivimos en tiempos de posverdad y de desconfianza generalizada, hacia los distintos actores de la sociedad, incluidas las empresas encuestadoras. Pero lo que yo veo esta vez, objetivamente, es que tenemos una encuestadora que fue muy precisa en sus resultados, como lo ha sido consistentemente en el tiempo, y luego tenemos otra encuestadora que ha tenido la valentía de reconocer públicamente que no le achuntó el resultado por errores propios que ha acreditado con una auditoría independiente y que ya está trabajando en enmendar. Estas dos cosas son valiosas y deben servir para contrarrestar el cinismo que muchas veces de apodera de la discusión pública donde se asume que todos mienten o manipulan la realidad a su conveniencia. Yo más bien, quiero felicitar aquí a Ipsos por su precisión y a Datum por su hidalguía en dar una explicación que era absolutamente necesaria.
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