La imagen de la visita que le hizo Keiko Fujimori a Pedro Pablo Kuczynski
Este fin de semana se difundió una fotografía de una visita que le hizo Keiko Fujimori a Pedro Pablo Kuczynski, luego de que el ex presidente fuera absuelto de uno de los procesos judiciales en su contra. Esta imagen, uno podría pensar, responde a un intento de Fujimori de evidenciar un cambio respecto de lo que fue su actitud cuando perdió la elección presidencial de 2016 y su ella y su partido asumieron una actitud confrontacional y obstruccionista con el gobierno del segundo. Otros podrían considerar que ambos han sido víctimas en alguna medida de excesos cometidos por la fiscalía y convalidados por el Poder Judicial que derivaron en que les impusieran prisiones preventivas o detenciones domiciliarias en casos que, a la postre, han venido cayéndose, porque la fiscalía imputó delitos que no correspondían o que no pudo probar, de formas increíblemente forzadas como cuando a Kuczynski los presentaron como líder de una organización criminal que incluía a su secretaria y a su chofer. Insólitamente, el responsable de esos excesos en la fiscalía, José Domingo Pérez, es ahora parte de la campaña rival de Roberto Sánchez y abogado del ex presidente Pedro Castillo, sentenciado en primera instancia por haber intentado cometer un golpe de Estado, muy similar en su planteamiento, dicho sea de paso, al golpe de Estado de Alberto Fujimori de 1992.
De todas las reflexiones que podría motivar esa imagen, la que más me evoca a mí es pensar cuán distinta hubiese sido la última década de la historia política del Perú si esa acercamiento ocurría no ahora, sino inmediatamente después de la elección del 2016, como un reconocimiento de ambos de que en campaña se dijeron cosas que no debieron decirse y que, aun si se excluyese la posibilidad de un co-gobierno y se asumiesen sus partidos como oposición uno del otro, cuando menos hubiese habido un reconocimiento de que los intereses del país estaban por encima de los humores políticos y las rencillas.
Pero, más allá de las oportunidades perdidas en el periodo 2016-2021 donde podrían haberse impulsado grandes reformas con un Congreso que tenía las mayorías suficientes como para acompañar al gobierno de turno o liderar ese camino si hubiera querido, también es cierto que el haberse sentido Fuerza Popular víctima de una persecución desde el Ministerio Público que, hay que reconocer, sí traspasó los límites de la legalidad, el partido respondió movilizando a su bancada para aprobar en el periodo 2021-2026 una serie de normas, en confluencia con partidos que eran en el papel sus rivales ideológicos, buscando debilitar la acción de la fiscalía y del Poder Judicial en la lucha contra el delito porque de esa manera también limitaban su capacidad de procesar a los políticos y sus partidos, tomaron decisiones muy cuestionables e igualmente violatorias de la legalidad para sacar del camino a personajes incómodos en el Ministerio Público o en la Junta Nacional de Justicia, permitieron que hubieran nombramientos muy anti meritocráticos en instituciones importantes como dejar que Perú Libre lograse el nombramiento del ex abogado de Vladimir Cerrón como defensor del Pueblo o respaldar designaciones de personajes cuestionables en la Junta Nacional de Justicia.
Algunas de las voces más recalcitrantes de Fuerza Popular no están mostrándose dispuestas a reconocer esto último, en buena medida porque son directamente responsables de ello, como Fernando Rospigliosi, pero la campaña de Keiko Fujimori tendría que estar pensando que, así como una reconciliación con Pedro Pablo Kuczynski puede mostrar un talante distinto en la candidata y una suerte de propósito de enmienda, hay cosas que han pasado en este periodo parlamentario que también se tienen que reconocer y ofrecer enmendar de alguna manera si ella quiere, por ejemplo, conseguir el voto de quienes fueron votantes de Nieto en esta elección y de Hernando de Soto en la anterior. Quienes piensan que el centro no existe y que los votantes centristas son de alguna manera votantes de derecha agazapados no se dan cuenta que los temores que puede generan la candidatura de Roberto Sánchez, por su cercanía con Antauro Humala, por reivindicar a Pedro Castillo no como un golpista sino como una víctima de golpismo, y por lo dañosa que sería la implementación de su plan económico, no eliminan de un plumazo todos los cuestionamientos válidos que hay desde el centro político hacia el desempeño de Fuerza Popular como partido en los últimos 10 años, que ya no es una crítica al legado del fujimorismo de los noventa, sino más específicamente a Keiko Fujimori como lideresa de ese partido en la última década. Varios opinantes de derecha que están, en teoría, saliendo a respaldar su candidatura, tendrían que haberse dado cuenta ya que esos votantes de centro, para empezar, existen, y, en segundo lugar, que no van a inclinar su voto como resultado de ser ridiculizados o deacalificados. Necesitan seguridades y propósitos de enmienda más claros. Y so Keiko Fujimori se los quiere dar, como parece sugerir su intento de reconciliarse con PPK, pues tiene todavía un buen trecho por recorrer, porque no es poco lo que debe enmendar. Y le queda poco tiempo.
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