La proclamación de Keiko Fujimo
Mucha gente pensó que el fujimorismo no volvería a tener el control formal del Gobierno. Aun cuando están convencidos de que “gobernaba” desde el Congreso, creían que su antivoto siempre iba a ser suficientemente amplio como para que nunca pudiese conformarse una mayoría en el electorado que les permitiese volver al Ejecutivo. Y eso es lo que acaba de ocurrir, por una diferencia minúscula ciertamente, pero suficiente para que Keiko Fujimori sea proclamada hoy presidenta de la República. Esto tiene que ver indudablemente con el antivoto que también existía frente a su rival de turno Roberto Sánchez, quien deliberadamente se presentaba como la continuidad del gobierno de Pedro Castillo. Sin embargo, yo sospecho que un número pequeño pero determinante de votantes, debe haber pensado que, después de cuatro intentos, pues ya había llegado la momento de darle una oportunidad a Keko Fujimori. Que, aunque marginalmente, las cosas habían cambiado como para ponerla a ella en la condición de mal menor, algo que nunca se le había dado desde que es candidata presidencial.
Yo creo que es importante recordar que esta no es la primera gran oportunidad de reivindicación o enmienda que se le da al fujimorismo. Esa fue, más bien, en el 2016 cuando Fuerza Popular obtuvo 73 escaños en el Congreso tras una derrota en las presidenciales contra Pedro Pablo Kuczynski que Keiko Fujimori no tuvo la madurez política de procesar y que derivó en una mayoría congresal aplanadora y obstruccionista que cobró venganza contra ministros competentes como Jaime Saavedra, desaprovechó su votos que le permitían de sobra hacer las reformas de segunda generación que el país tanto necesita, y abrió la caja de Pandora del ejercicio frívolo e irresponsable de la vacancia presidencial que nos acompañó por los siguientes 10 años. No se impreciso decir que este caos de 9 presidentes en 10 años se origina en buena medida en las decisiones que tomó esa bancada fujimorista luego de perder la elección presidencial del 2016.
Y luego, en el periodo 2021-2026, tras caer por deméritos propios el gobierno de Pedro Castillo en el 2022 habiéndose desintegrado antes la bancada oficialista, Fuerza Popular tuvo un rol determinante como primera y más influyente minoría en el Congreso para hacer cosas que yo he criticado largamente en este podcast, como la designación ante metitocrática y a manera de “repartija” de altos funcionarios en organismos constitucionalmente autónomos, como el Tribunal Constitucional o la Defensoría del Pueblo, la irresponsabilidad con la cual se le han generado nuevos gastos al Estado desde el Congreso por decenas de miles de millones de soles, la aprobación de las llamadas “leyes procrimen”, varias de las cuales yo he calificado de inaceptables, y quizá la manera cómo se ha buscado -logrado en parte- transgredir la independencia del sistema de justicia con las denuncias constitucionales que se impulsaron y lo que ha hecho la Junta Nacional de Justicia con la nueva conformación que le dio este Congreso. Para ser justos, hay cosas que yo sí le reconozco a Fuerza Popular en este tiempo (aunque veo que muchos no lo hacen): eligieron institucionalmente no negociar el indulto de Alberto Fujimori con PPK, lo que más bien hizo subrepticiamente Kenji Fujimori comprometiendo los votos de un grupo de congresistas que se escindieron de la bancada de Fuerza Popular, y asumieron una posición política favorable a convocatoria anticipada a elecciones cuando cayó Castillo y asumió el poder Dina Boluarte.
Pero incluyendo esto también en el análisis, creo que es muchísimo lo que Fuerza Popular tiene ahora la oportunidad y la responsabilidad de enmendar. Aun cuando lo ocurrido en los noventas es un antecedente muy relevante a considerar aquí, fundacional del antifujimorismo que ha enfrentado Keiko Fujimori todo este tiempo, yo creo que lo que ella tiene que enmendar principalmente tiene que ver con sus propios errores y carencias en los últimos 10 años en los que fue la lideresa indiscutible de su partido. Superar la incoherencia de exigir responsabilidad fiscal en la campaña y dilapidarla desde su bancada en el Congreso, de ofrecer una lucha frontal contra la delincuencia cuando desde el actual Congreso se han aprobado leyes que han favorecido de manera sistemática a la criminalidad organizada, de calificarse como “más institucionalista” que su padre y, sin embargo, haber permitido que su bancada debilite tan visiblemente la meritocracia en varios organismos constitucionalmente autónomos y no tenga reparos en atentar contra la independencia judicial, como cuando se sancionó a fiscales por el sentido de sus decisiones o se buscó sacar de un plumazo a todos los miembros de la Junta Nacional de Justicia anterior. Keiko Fujimori tendría que mostrar en adelante, una madurez política que no ha sido característica de su accionar en los últimos diez años.
Yo no soy de las personas que desean que los gobiernos sean exitosos o fracasen según sus afinidades políticas. Yo quiero que todos los gobiernos en el Perú mejoren la situación de los peruanos independientemente de su color político. Y soy, además, una persona que cree en la capacidad de enmienda, en la posibilidad de reivindicar los errores de pasado, si esto se hace por genuino interés de no pasar a la historia por lo cuestionable que se hizo en el pasado sino por cómo se buscó revertirlo hacia el final. Esta vez ha salido elegida Keiko Fujimori, y como con cualquier presidente legítimamente ungido por el voto popular, mi deseo es que su gobierno deje en mejor situación a los peruanos. Creo que ella va a tener la capacidad de convocar a un gabinete ministerial técnico y competente, pero creo que tiene una cuenta pendiente muy significativa en lo que respecta a tener en el Congreso una bancada, ahora oficialista, que se comporte con madurez política y con real apego a las formas democráticas, que, junto con lo que se haga desde el Gobierno, muestre un genuino compromiso por corregir los errores cometidos por el fujimorismo, o por el keikismo si prefieren, en los últimos diez años, que son muchos. Es, realmente, una oportunidad histórica, según lo veo yo, de contribuir a la reconciliación de los peruanos. Lo peor que podría hacer el fujimorismo, ahora en el poder, es desaprovecharla y terminar dándole la razón a sus detractores.