Óscar Arriola renuncia a su cargo como jefe de la PNP

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Óscar Arriola renuncia a su cargo como jefe de la PNP

Óscar Arriola anunció ayer que renunciará al cargo de comandante general de la policía y lo reemplazará el actual teniente general PNP Fredy López Mendoza. De eso y otras cosas más hablamos en la edición de hoy del Newsletter de Comité. ¡Empecemos!

Estamos lunes 7 de septiembre y estos son los titulares que desarrollo en el podcast de la mañana:

  1. Óscar Arriola anunció ayer que renunciará al cargo de comandante general de la policía y lo reemplazará el actual teniente general de la policía Fredy López Mendoza
  2. Cuarto Poder denunció una serie de presuntas irregularidades en la contratación y en ascensos a cargos en la Defensoría del Pueblo
  3. Entusiasmo del sector empresarial sobre la economía se moderó en agosto según la Encuesta de Expectativas Macroeconómicas del BCR, que también muestra que el 83% de las compañías encuestadas ya ha tomado o planea tomar acciones para moderar el impacto del Fenómeno El Niño
  4. El partido de derecha radical Alternativa para Alemania arrasó en las elecciones de la región de Sajonia-Anhalt, pero no alcanzó la mayoría absoluta para gobernar en solitario

Recuerda que puedes escuchar el podcast completo en Spotify cliqueando aquí.

O aquí abajo si prefieres verlo en YouTube:


LA NOTICIA DESTACADA

Óscar Arriola anunció que renunciará al cargo de comandante general de la policía y lo reemplazará el teniente general PNP Fredy López Mendoza

El todavía comandante general de la Policía, Óscar Arriola, cuya renuncia había sido pedida por varias fuerzas políticas de oposición e incluso por algún ministro dentro del propio gabinete, finalmente cedió y confirmó que va a dejar el cargo en los próximos días. 

De hecho, se presentó anoche en el programa dominical Punto Final de Latina acompañado de quien será su reemplazo: el actual teniente general de la policía Fredy López Mendoza. 

Las críticas contra Arriola arreciaron con el caso del secuestro del empresario minero Jens Lara y el asesinato de sus acompañantes hace algunos días en Trujillo, pero en realidad los cuestionamientos vienen de más atrás, de la época en la que Arriola no daba con el paradero de Vladimir Cerrón y se sospechaba que había alguien dentro de la propia policía protegiéndolo. 

Pues bien, en la entrevista con Punto Final, Arriola se jactó de haber capturado a 12 miembros de la banda criminal conocida como Los Pulpos, incluido el cabecilla, Jonsson Pulpo. Destacó también que se está trabajando con el FBI en capturas como la de este último. No tuvo mayor autocrítica que hacer.

Mientras tanto, su reemplazante, Fredy López Mendoza, tampoco tuvo mucho que señalar cuando se le preguntó si el ciudadano se siente más seguro últimamente o no. Lo que dijo él en respuesta es que al ciudadano “la policía le va a dar tranquilidad en algún momento”. Es decir, quién sabe cuándo. 

Ahora bien, ¿fue conveniente para el Gobierno que aparecieran Arriola y López Mendoza en esta entrevista? Alguien podría decir que es una buena señal de continuidad institucional. Pero otros podrían decir que, más que continuidad, es continuismo. No es un relevo que suponga un cambio relevante, sino que el nombrado venía trabajando ya en la gestión de Arriola y no es alguien que dispute su estrategia o supuestos logros en público. El que siguiera refiriéndose a Arriola desde una posición de subordinado, retroalimenta esa percepción. 

Por su parte, frente a la pregunta respecto de si tiene suficiente experiencia operativa en la policía o si viene más bien del área administrativa, López Mendoza se defendió diciendo que “tengo 36 años de servicio, he pasado por diferentes direcciones tanto operativas como administrativas”. 

¿Hasta qué punto López Mendoza elegirá desmarcarse de su antecesor o será, más bien, la suya una gestión indistinguible de la anterior? Pues esa es una pregunta que bien vale la pena hacerse. 


LA REFLEXIÓN DEL DÍA

El primer mes del gobierno de Keiko Fujimori

Por estos días, varios comentaristas y analistas políticos están dando sus impresiones sobre lo que ha sido el primer mes del Gobierno de Keiko Fujimori. Yo quisiera compartir también algunas apreciaciones, relacionadas sobre todo a cómo ha estado funcionando su gabinete ministerial. 

No es casual que, a poco más de un mes de iniciado el Gobierno, resulten creíbles algunas versiones en el sentido de que va a haber cambios en el gabinete porque algunos. Es verdad que un gobierno fujimorista o keikista, más allá de las fuerzas de oposición en el Congreso, iba a tener que enfrentar desde el primer día la animadversión del antifujimorismo y el antikeikismo, que representan sectores de la opinión pública que rápidamente se alinean en torno a ciertas narrativas. De hecho, la conformación del gabinete parece haber sido una respuesta a este escenario esperado, un intento de hacerle frente políticamente a ese cuestionamiento con al menos algunos personajes curtidos en esas lides o que no rehuyen a la batalla ideológica. 

Esa puede haber sido la lógica, pero la ejecución claramente no ha sido la esperada. Varios de los ministros designados se están comportando como si estuvieran en campaña presidencial o como si su protagonismo individual fuese más importante que el manejo competente del día a día de sus carteras. Cuando un presidente o presidenta convoca a un político técnicamente competente para liderar una cartera, tiene que darle cierta autonomía funcional, precisamente porque se le está convocando porque sabe lo que tiene que hacer. Pero algunos de los actuales ministros parecen haber entendido que más que autonomía funcional, tienen autonomía política para defender lo que consideren que les conviene más a ellos de cara a futuras campañas o roles políticos. De ahí que estemos viendo peleas entre ministros sobre quién se encarga de qué museo, desavenencias públicas sobre si debe quedarse o irse el jefe de la policía, o unos buscando ansiosamente dar la cara frente a temas que les competen a otros. 

El coordinador de este gabinete, Luis Galarreta, que no es una figura que tenga mayor experiencia ejecutiva de gobierno sino que proviene más bien de la política parlamentaria, parece haber buscado replicar en su consejo de ministros algo más parecido a lo que ocurriría en un Congreso, donde cada integrante siente que tiene un mandato individual y que puede opinar sobre todo para captar hacia sí la atención mediática. No parece que hubiera capacidad del propio Galarreta, o de la misma presidenta Fujimori, de disciplinar los exabruptos de algunos ministros. La impresión que queda es que no están 100% en control de su propio gabinete. 

El problema que tiene Fujimori es que, para no encajar lo que ella podría interpretar como una derrota política prematura al forzar cambios de ministros tan tempraneros, podría cerrar filas con Galarreta y decir que el gabinete está operando tal y como ellos tenían previsto. Pero esa estrategia podría -de hecho, ya- estar fallándoles porque hay algunos ministros cuya continuidad ya es insostenible por su propio afán de protagonismo -como el titular de Defensa, Rafael Belaunde Llosa- que, increíblemente, se está autoexpectorando del cargo u otros que claramente no están muy interesados o habituados a trabajar en equipo y prefieren poner sus agendas personales por delante. 

Pero la gran pregunta para Fujimori no es solo qué ministros individualmente tendría que relevar para asegurar un gabinete más disciplinado y dispuesto a trabajar en equipo. La gran pregunta es si el perfil que ha considerado para liderar ese gabinete es el correcto o si quizá ese es el error original que ha cometido.


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