Post mortem: la segunda vuelta presidencial

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Post mortem: la segunda vuelta presidencial

Es difícil hacer una reflexión del día inmediatamente después de una segunda vuelta presidencial cuyos resultados definitivos estamos lejos todavía de conocer, por la estrechísima diferencia en lo que han proyectado los conteos rápidos, y el hecho de que al 92% del conteo oficial, todavía está para cualquiera. Pero quisiera igual compartir algunos comentarios que creo que son válidos independientemente de quién termine siendo proclamado presidente. 

En las largas semanas que transcurrieron entre la primera vuelta y la segunda vuelta de ayer, tuvimos principalmente a Keiko Fujimori liderando las encuestas, cosa que se revirtió después del debate presidencial una semana antes a la elección, volvió a estar ella arriba en los simulacros de los últimos días, también en las encuestas de boca de urna tras el voto, y finalmente volvió a estar ligeramente por detrás de Roberto Sánchez en los conteos rápidos de Ipsos y Datum. 

Es decir, ha habido movimiento en la intención de voto sobre todo en la última semana, como suele ser el caso en las elecciones en el Perú, pero insólitamente, el resultado final, si se confirman los conteos rápidos, va a ser prácticamente idéntico al de la segunda vuelta del 2021, solo que habiendo sustituido a Pedro Castillo por Roberto Sánchez. Quienes observan nuestra política desde fuera deben pensar que esto es alucinante, no solo que esos dos bloques hayan permanecido casi iguales, con todo lo que ha pasado en los últimos cinco años, sino que el Perú parezca un país que cultiva el  desafortunado hábito de tener segundas vueltas presidenciales que son 50-50, como tirar una moneda al aire, con la consecuente angustia de tener que esperar muchísimo para conocer los resultados y propiciando un contexto en que se lanzan imputaciones de fraude o cosas por el estilo. 

Si Keiko Fujimori está buscando una explicación a porqué no ganó esta elección con holgura (todavía no sabemos a ciencia cierta si la perdió pero pregunto por qué no la ganó con la holgura que mostraban en un principio las encuestas), pues hay varias. Pese a su experiencia (lleva a cuestas cuatro segundas vueltas), no ha desarrollado capacidades diferenciales como candidata. El antifujimorismo, que se convierte en su caso en un antivoto duro muy elevado, venía en cierta medida debilitado por razones como que el indulto a su padre, Alberto Fujimori, ya no era un asunto a discutirse en la campaña. Las encuestas previas a la segunda vuelta, como dijimos, no le eran desfavorables. Sin embargo, lo que fue un punto de inflexión fue su performance en el debate presidencial. 

En el debate de equipos técnicos, la campaña de Roberto Sánchez pudo demostrar que se había reforzado con algunas figuras que le hicieron frente a los técnicos de Fuerza Popular y no permitieron que estos se llevaran una victoria fácil pese a que, para ese momento, tenían un plan de gobierno inmensamente superior. El debate de equipos técnicos, en mi opinión, quedó empatado o con una ligerísima ventaja para Fuerza Popular, cuando lo que se esperaba era un triunfo fácil para la campaña de Fujimori. 

En el debate presidencial ese efecto fue mucho más pronunciado. Es sabido que los debates no son el fuerte de Keiko Fujimori como candidata, pero ella asumió una estrategia muy conservadora para enfrentar este debate en particular, y si bien Sánchez no tuvo mucho que ofrecer en cuanto a propuestas de fondo se refiere y dijo una serie de falsedades, en términos de performance estuvo bastante mejor que Fujimori. Y lo que creo que terminó siendo muy favorable para él fue que, cuando se lanzó al ataque, Fujimori no estaba preparada ni dispuesta a responderle. 

Lo que ella transmitió allí es que no sabía cómo proteger sus flancos débiles. Y esto, me parece, fue lo que reagrupó al antifujimorismo. No es que hubiesen descubierto nuevos argumentos, sino que se transmitió la imagen de que Fujimori había encajado algunos golpes y que era momento de ir por el knock-out. Y en paralelo a esto, hay que decir que Sánchez jugó muy astutamente sus cartas. Fue muy exitoso en mostrar endoses de último minuto que, si bien individualmente podían parecer poco relevantes, transmitían la idea de que estaba siendo muy fácil para él conseguirlos. Y más allá de los respaldos de ex candidatos presidenciales por ejemplo, esto terminó incluso con endoses explícitos de figuras como Salvador del Solar que se tomaron el trabajo de sacar videos en redes sociales para respaldar su candidatura.

Keiko Fujimori, en cambio, tuvo un endose político, el del ex candidato presidencial de Libertad Popular Rafael López Aliaga, que lo hizo peleándose con parte de la militancia de su partido tras sumarse sorpresivamente al equipo técnico de Fuerza Popular, y el de Carlos Neuhaus, quien venía de estar vinculado al PPC. Pero el endose más relevante que necesitaba, el de Rafael López Aliaga, se hizo esperar hasta el último minuto. Y aquí hay que decir también que, aunque no lo haya querido así, todo el problema que armó López Aliaga para denunciar un supuesto fraude en la primera vuelta, que resucitó el fraudismo del 2021, terminó siendo perjudicial para la campaña de Fujimori y, más bien, beneficiando a Sánchez. Había que preguntarse, por ejemplo, cuánto del ausentismo en Lima en esta segunda vuelta, son votantes de López Aliaga que renunciaron a sufragar fastidiados con el supuesto fraude. De poco sirvió que López Aliaga haya declarado el día de la votación junto con Carlos Espá y con un Carlos Álvarez que ya ni es reivindicado por el partido que lo llevó de candidato. Si lo vemos holísticamente, la izquierda jugó mucho mejor sus cartas que la derecha en el mercado de endoses.

Dicho sea de paso, una cosa que perjudicó a Keiko Fujimori en el 2021 y, creo yo, volvió a perjudicarla este año, es haber recibido su candidatura un apoyo tan ausente de crítica, por no decir desfachatado, de algunos medios capitalinos. Imagino que estos o sus dueños piensan que, al sesgar tan notoriamente su cobertura informativa en favor de su campaña, logran nuevos votantes para ella. Yo tengo enormes dudas de que eso sea así. Creo que cuando el ejercicio se vuelve tan burdo, la gente se da cuenta, sobre todo el votante indeciso, y lo rechaza. Y el efecto neto de hacer tal cosa, me dice mi intuición, no es favorable a la candidatura que se está buscando promover sino lo contrario. 

Dicho sea de paso, estoy haciendo una crítica aquí puntualmente a los medios que evidentemente endosaron la candidatura de Fujimori desde su cobertura informativa, pero puedo decir lo mismo de aquellos que lo hicieron con Sánchez. Porque lo que se vuelve muy claro, en ambos casos, es que, debido a que han tomado partido por un candidato, terminan sobredimensionando cualquier cosa crítica que encuentren sobre el candidato rival y, más bien, eligen no tratar ni reconocer ninguno de los aspectos problemáticos de la candidatura que están apoyando. Y, por tanto, las veces en que sí tienen críticas válidas hacia el candidato rival, estas ya no tienen el peso que deberían porque se percibe, de manera general, y justificadamente, que el medio está sesgado o que tiene una preferencia política que elige no transparentar sino, más bien, camuflar en su cobertura informativa. Los medios no van a recuperar credibilidad de manera general si eligen tratar a su lector, televidente o radioescucha, como alguien a ser manipulado, carente de inteligencia.

Pero volviendo a lo que pasó en la última semana, la campaña de Sánchez logró transmitir la idea de que tenía la voluntad de moderarse, y lo evidenció mostrando un equipo de técnicos y un nuevo plan de gobierno. Que eso haya sido genuino o no, todavía está por verse, en caso gane. Pedro Castillo, a quien Sánchez reivindica como referencia (de hecho fue su jefe por largo tiempo siendo este su ministro por casi el íntegro de su acortada presidencia), también sumó técnicos provenientes de sectores más moderados de la izquierda en el 2021. Varios de ellos son los mismos que Sánchez incorporó la semana pasada, y no duraron en su gobierno sino que salieron muy rápido. El nuevo plan de gobierno de Juntos por el Perú se hizo apresuradamente en un ejercicio de “copiar y pegar” de textos preparados por manos distintas, con secciones que no necesariamente conversan entre sí, y metiendo cosas -que después se han querido desconocer- como una propuesta para estatizar una empresa de telecomunicaciones. 

Pero, con todas críticas que uno puede tener al plan de segunda vuelta de Juntos por el Perú, que ciertamente son menores que las que uno podía tener respecto del plan de gobierno original, y con todas las dudas que uno puede mantener sobre cuánta moderación real y sostenibilidad va a poder asegurar el equipo técnico anunciado la última semana o si solo estuvieron allí como artilugio de campaña, lo que sí hizo todo este esfuerzo en términos de imagen pública es convencer a un número de votantes de izquierda progresista de que un eventual Gobierno de Sánchez podría tener un mínimo de solvencia técnica. Y claro, esos votantes tuvieron que taparse los ojos frente al hecho de que Sánchez tuviera en su coalición de campaña a personajes como Antauro Humala u otros que han estado vinculados al Movadef, pero, a juzgar por lo que uno vio en las redes sociales, finalmente lo hicieron. 

Quien no quiso taparse los ojos frente a eso fue Jorge Nieto, el ex candidato presidencial del Partido del Buen Gobierno. Nieto había dicho previamente, lo que le valió críticas de ambos lados, que él invocaba a sus electores a votar viciado. Yo les explique en un podcast anterior que, políticamente, esto tenía todo el sentido para alguien que estaba en su posición, porque era mejor esperar y mover sus cartas cuando ya supiera quién ganó la segunda vuelta. 

Pero Nieto hizo algo que yo no me esperaba. No sé hasta qué punto fue a propósito, pero cuando en un programa de streaming le hicieron una entrevista, y el conductor, más que entrevistarlo, quería muy evidentemente llevarlo a que dijera que Fujimori era el mal mayor frente a Sánchez, Nieto insistió en que él no iba a hacer tal discriminación porque él también encontraba cosas muy cuestionables en Sánchez, como su cercanía con Antauro Humala y el hecho de tener en su campaña a gente vinculada al Movadef. 

Si bien esto pasó un par de días antes de la elección, fue un pequeño punto de inflexión después de una semana en la que el antifujimorismo había estado a la ofensiva. Nieto le regaló al otro bando lo que desde la propia campaña de Fujimori no pudieron decir con igual contundencia, y esto, me parece, hizo que ella repuntara en los últimos simulacros lo suficiente como para volver a ponerse en la delantera. 

Esto generó una reacción histérica en Juntos por el Perú y sectores afines. Quisieron decir que Nieto estaba mintiendo y que los estaba “terruqueando”, cuando tanto su afirmación sobre la cercanía de Antauro Humala como aquella de que hay gente en la campaña de Sánchez que ha tenido incluso cargos directivos en Movadef, son comprobables. Pero, en su desesperación de atajar esto a último minuto, se empezó a atacar a Nieto y a sus votantes de forma virulenta. Por un instante, pareció como si Fujimori hubiese salido de la película y la segunda vuelta era entre Sánchez y Nieto.

Y la reacción más penosa de todas fue la del ex fiscal José Domingo Pérez, quien sacó un video diciendo que iba a denunciar penalmente por difamación a Nieto, y haciendo un juego de palabras, que luego suscribió en un comunicado su propio partido, que daba a entender que Nieto estaba actuando aquí como, o respondiendo al vínculo familiar que tiene con, Vladimiro Montesinos. Es decir, lo acusaron de montesinista. 

Lo que demostró todo esto sobre José Domingo Pérez, puntualmente, cosa que ya se sabía pero que quedó ilustrada muy vívidamente, es cómo hace uso de la persecución política para atacar a sus rivales. Antes se le celebraba cuando un sector de la opinión pública consideraba que lo estaba haciendo por motivos que lo trascendían a él y a sus sesgos, que estaba actuando -en el buen sentido de la palabra- como un operador de la justicia, pero todo lo que ha hecho después de su salida de la fiscalía, su incursión en el streaming, su decisión de ser abogado de Pedro Castillo y su incorporación a la campaña de Juntos por el Perú, han terminado por revelar, con enorme contundencia, que Pérez nunca fue un operador de la justicia ecuánime sino una persona que actuaba en función de las inclinaciones políticas que ahora revela sin mayor empacho. A él lo cuestionaban por haber judicializado la política y, ¿qué hace ahora cuando siente que tiene algo de poder por estar en una campaña que podría llegar al Gobierno? Pues, judicializa la política. No recuerdo un caso de una persona que haya confirmado tan patentemente con actos propios los cuestionamientos que pesaban sobre él, como ha sido el caso de José Domingo Pérez.

 

Pero, en fin, volviendo a la campaña, hay algo que debe ser señalado. Keiko Fujimori no hizo nada -políticamente hablando- en la última semana para merecer un repunte. Todavía no sabemos si le fue suficiente para ganar o no, pero en la última semana ella eligió no competir. Que Nieto le haya facilitado un repunte fue algo completamente fortuito, porque Nieto no estuvo ni está endosando la candidatura de Fuerza Popular, solo tuvo la capacidad de decir en voz alta lo que muchos votantes de Fujimori, y algunos indecisos, necesitaban escuchar para reafirmar o definir su voto. Pero eso, tan tarde, podría no haberle sido suficiente. Si Nieto hacía ese mismo comentario, dos o tres días antes, quizá le hubiese resuelto las cosas. No hay cómo saberlo. 

Les dije que iba a compartir unas reflexiones que me parecen relevantes al margen de quien termine ganando la segunda vuelta. Tengo varias más que me gustaría compartir, pero ya me extendí bastante, así que las guardo para mis reflexiones de los siguientes días de la semana. La incertidumbre sobre el resultado todavía va a demorar un tiempo, así que tomémoslo con calma, asumiendo que cualquiera de los dos puede ganar que, en cualquier caso, va a haber que respetar democráticamente el resultado y, sea que nos guste o no, vamos a tener que seguir trabajando desde donde nos toque por sacar a nuestro país adelante.

Si quieres ver la Reflexión del día en video, la encuentras aquí abajo:

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By Kenneth Sanchez