¿Qué tan relevantes son los planes de gobierno en una campaña presidencial?

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¿Qué tan relevantes son los planes de gobierno en una campaña presidencial?

He visto comentarios en las redes sociales, uno de ellos de Ronald Cross por ejemplo, quien es podcaster con Comité, en el sentido de que se discute mucho ahora sobre planes de gobierno pero difícilmente puede esperarse que estos se implementen, porque los partidos los ven más como un formalismo, ni siquiera es que se trabajen orgánicamente sino que para elaborarlos se recurre a técnicos que están fuera del partido, y que no necesariamente se van a quedar para llevarlos  a la práctica si el partido con el cual están trabajando llega al poder. De un tiempo a esta parte, se ha incorporado además la figura de la “hoja de ruta” o el plan de gobierno “de segunda vuelta”, que en algunos casos sirve como una opción para renunciar al plan de gobierno original, aquel que, en teoría, orientó el voto de los electores en primera vuelta, o se convierte simplemente en un ejercicio performativo para evidenciar moderación buscando el apoyo de un votante distinto para ganar la segunda vuelta. 

Todo esto lleva a la reflexión, ¿sirven los planes de gobierno para algo o son puramente formalismos que no compelen a los partidos a ir por un determinado camino? Porque, si fuesen lo segundo, se trataría pues de una suerte de publicidad engañosa.  

Algunos dirán que en un sistema político donde los gobiernos elegidos suelen tener respaldo insuficiente en el Congreso, es muy difícil o muy poco realista pensar que aquellos van a poder llevar a cabo a plenitud sus planes de gobierno porque simplemente no van a tener los votos suficientes para sacar adelante las reformas legislativas que requerirían para ello. 

¿Todo esto debe llevarnos a pensar que los planes de gobierno son irrelevantes? Pues, de ninguna manera. En nuestros tiempos proliferan lo que se conoce como “partidos atrapatodo”, es decir, los que van cambiando sus planes según las audiencias porque no tienen un compromiso de coherencia ideológica, sino simplemente una determinación de ganar elecciones a como dé lugar. 

Yo creo que los partidos sí deben representar ideas y principios, para darle claridad al elector sobre qué defiende cada uno. Encuentro completamente razonable que un partido busque moderar ciertas posiciones o incluso entrar en acuerdos de cogobierno donde ceda ciertas posiciones maximalistas, no solo para ganar una elección sino para tener gobernabilidad ya estando en el poder. 

Pero me resulta difícil de aceptar cuando lo que vemos no es un ejercicio de moderación sino una suerte de transmutación de un partido para convertirlo en algo completamente distinto de lo que fue para sus electores de primera vuelta. Este es el caso de Juntos por el Perú. Yo pienso que muchas personas que se han sumado al nuevo equipo técnico de Roberto Sánchez tienen genuinamente posiciones más moderadas que las de su primer plan  de gobierno, pero es válido preguntarles qué seguridades tienen de que este ejercicio de hacer un “plan de gobierno de segunda vuelta” es algo en lo que genuinamente cree el candidato y no solo un recurso político para ganar la elección que luego desconocerá. Porque algunos de esos mismos técnicos ya hicieron exactamente lo mismo en un intento por moderar en ese entonces al gobierno de Pedro Castillo, y ya sabemos cuánto duraron en él. Es válido preguntarse qué es distinto esta vez. 

Y en el caso de Fuerza Popular también corresponde hacer una crítica que es merecida. Fuerza Popular ha sido más coherente en el sentido de que no ha cambiado el plan de gobierno que presentó originalmente y ha hecho campaña ciñiéndose estrictamente a sus planteamientos. Pero lo objetable de Fuerza Popular es que, al mismo tiempo que existía ese plan, su bancada en el Congreso ha estado comportándose de manera incoherente con él, particularmente en lo que respecta a garantizar la salud fiscal del país. Y eso no es menor, también les genera un problema de credibilidad. 

Los planes de gobierno deben ser instrumentos relevantes de cara al elector. No pueden ser un saludo a la bandera. Los partidos y sus candidatos no pueden ser veletas que, así como dicen un día una cosa, el otro dicen lo contrario. Si hay un ejercicio de moderación, debe hacerse evidente que el candidato y el partido están cambiando de opinión y no simplemente acomodándose. Y si ese candidato o partido ya tienen actualmente una posición de poder, en el Congreso, es válido preguntarse qué parte de tu plan de gobierno estás haciendo valer con tu bancada parlamentaria.

Y eso me lleva finalmente a una pregunta muy relevante que es, a quienes se va a empoderar para implementar los planes de gobierno que se están defendiendo. A estas alturas, pienso yo, ya deberíamos conocer las opciones de los partidos en disputa respecto de a quiénes pondrían como titulares de las carteras ministeriales. Podemos intuirlo en algunos casos pero no es definitivo. ¿Por qué? Porque esos potenciales ministros no están dispuestos a comprometerse antes de saber que la opción que apoyan ha ganado la elección. Porque, en el fondo, no son cuadros orgánicos de los partidos, y eso también es un problema. Pero tener esa información nos permitiría tomar una decisión pudiendo evaluar la solidez de los planes de gobierno por un lado, y la credibilidad o trayectoria de quienes se encargarían de implementarlos desde el Poder Ejecutivo. Así que eso exigiría yo ahora mismo, en esta última semana previo a la segunda vuelta, que los candidatos adelanten quiénes van a ser sus ministros de salir elegidos. Ese, pienso yo, es el compromiso que debe asumir un técnico que ha sido incorporado para hacer un plan de gobierno: estar dispuesto que su nombre figure en una lista pública de posible gabinete ministerial. 

Si quieres ver la Reflexión del día en video, la encuentras aquí abajo:

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