Simulacros dejan margen para sorpresas en disputa por Lima

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Simulacros dejan margen para sorpresas en disputa por Lima

Si bien ya entramos en la semana de silencio electoral de cara a las elecciones regionales y municipales de este domingo, hoy reseñamos los últimos simulacros que se pueden comentar sobre la elección para la alcaldía de Lima. Sobre esto y más hablamos hoy en el Newsletter de Comité. ¡Empecemos!

Estamos lunes 28 de setiembre y estos son los titulares que desarrollo en el podcast de la mañana:

  1. A una semana de las elecciones regionales y municipales, los últimos simulacros que se pueden difundir muestran algunas discrepancias respecto de cuán apretada está la lucha entre los candidatos que van segundo y tercero en el caso de Lima Metropolitana, es decir, quién es el rival con mayor capacidad de desafiar al puntero.
  2. El gobierno de Keiko Fujimori está preparando un proyecto de ley para buscar que el Congreso apruebe un nuevo crédito suplementario por S/8.000 millones para enfrentar el Fenómeno El Niño, incrementar Pensión 65 y combatir la inseguridad.
  3. Las lluvias torrenciales que golpean Tailandia obligaron este domingo a evacuar a cerca de 4,900 personas en Bangkok, donde alrededor de 52,000 hogares resultaron afectados por las inundaciones.

Recuerda que puedes escuchar el podcast completo en Spotify cliqueando aquí.

O aquí abajo si prefieres verlo en YouTube:


LA NOTICIA DESTACADA

Los últimos simulacros dejan margen para sorpresas en la disputa por la alcaldía de Lima Metropolitana

Entramos nuevamente en la recta final de una elección, regional y municipal en este caso, y volvemos a enfrentarnos con la prohibición de difundir encuestas realizadas en la semana que acaba con el día de la votación, que es este domingo 4 de octubre. Esta es una restricción que, a mi criterio, no beneficia sino que perjudica al votante y al proceso electoral en general, porque fuerza al ocultamiento de información que podría ser valiosa para la toma de decisiones de los votantes, y ahora les voy a explicar por qué. 

Pero, primero veamos los últimos simulacros de la semana pasada. Como estos se midieron e hicieron públicos antes de que entrara en vigencia el plazo de silencio electoral, sí los podemos comentar. En lo que respecta a la elección de la alcaldía de Lima Metropolitana, Datum muestra a Renovación Popular arriba en su simulacro más reciente, con 25.8% en votos emitidos en setiembre versus 24.7% en agosto. Ahí está Rafael López Aliaga como candidato expectante, porque postula a primer regidor pero no hay candidato a alcalde por la renuncia de Luis Rubio.

Luego está Somos Perú con Carlos Bruce como candidato, que alcanza 15% en setiembre versus 15.8% en agosto. Tercero está Avanza País con Francis Allison, que pasa de 9.8% en agosto a 11.3% en setiembre. En cuarto lugar, Podemos Perú con Daniel Urresti, que pasa de 5% a 6.2%, y luego Fuerza Popular con Samuel Daza, que más bien cae de 6.2% a 5.5%. Todos son movimientos dentro del margen de error, hay que decir, pero lo llamativo quizá es que no ha habido cambios relevantes.

Por su parte, Ipsos Perú muestra en su simulacro a Renovación Popular con 26.1% en votos emitidos, luego Somos Perú con 13.5%, Avanza País con 13.1%, Podemos Perú con 7.6% y Fuerza Popular con 5.9%. El orden es el mismo pero en Ipsos el segundo y tercer lugar, es decir, Bruce y Allison, están mucho más pegados, virtualmente empatados. En su encuesta, que recordemos que es algo distinto al simulacro, se evidencia un crecimiento de 4 puntos de Allison de agosto a setiembre, mientras que Bruce sube solo 1 punto, y López Aliaga también sube 4 puntos. 

Finalmente, en el simulacro de CPI, Renovación Popular sale con mayor intención de voto todavía, 27.2% en votos emitidos, mientras que Somos Perú va segundo con 15.2% y Avanza País tercero con 10.4%. Aquí la diferencia entre el segundo y el tercero es más parecida a lo de Datum. 

Esto que les cuento es relevante por lo siguiente. Recordemos que hay votantes que se inclinan por un candidato de forma principista o que simplemente deciden apoyarlo sin importar si lo favorecen o no las encuestas. Es como decir: “yo voto por este porque me parece el mejor, y no me importa si va -digamos- puesto 7 en las encuestas".

Otros electores prefieren hacer lo que se conoce como un “voto estratégico”, vale decir, si no les gusta quien está punteando en las encuestas, esperan hasta muy al final para ver quién está segundo y respaldan esta candidatura pensando que es la que mejores chances tiene para vencer al puntero. 

El problema para este tipo de votante es que, al estar prohibida la difusión de encuestas en la última semana, se le restringe información valiosa para saber quién llega mejor ubicado o con más viada para disputarle el triunfo al puntero. Ese es uno de los costos de la prohibición de encuestas en la última semana, vale decir, que dificulta el voto estratégico, que es una forma perfectamente válida de votar, como también lo es la otra que les mencioné anteriormente. 

Pero, en fin, ya ingresamos al tramo final de la campaña. Con la información a la que acceda cada quien, tendrá que ir armando su decisión para este domingo. Falta ver nomás qué ofrecen los candidatos en sus mítines de cierre de campaña. 


LA REFLEXIÓN DEL DÍA

Sobre la disciplina en los colegios y los incentivos que desprotegen a las víctimas

Estos últimos días he estado conversando con varias personas sobre el tema de la disciplina en los colegios, a propósito de lo ocurrido en el Liceo Naval y en múltiples otros casos de bullying y agresiones de toda índole, que no han tenido tanta visibilidad mediática pero que lamentablemente ocurren todo el tiempo. 

En un momento en el Perú se instaló la idea de que a los escolares que incurren en faltas de disciplina no había que someterlos a un proceso sancionador que fuese punitivo, sino ver cómo se les ayudaba por las buenas, para evitar estigmatizarlos y darles, digamos, una segunda chance para que se reformen, antes que etiquetarlos como niños o adolescentes problema. 

Yo entiendo esto y comparto en buena medida el raciocinio y el sentimiento que está detrás, pero no completamente. Porque si bien este es un buen deseo, este enfoque puede estrellarse con la realidad de que sí existen estudiantes escolares que son un peligro verificable para otros y que, aun cuando haya que preocuparse por cómo ayudarles, esta preocupación no puede estar por encima de la necesidad de proteger a las víctimas y asegurarles el derecho a estudiar en paz. 

Foto: Andina

Lo que varias personas me han contado -y por favor ustedes también compártanme sus impresiones- es que cuando hay casos severos de bullying en algunos colegios, las autoridades de estos no hacen nada respecto de los agresores, pasan los casos por agua tibia y, como legalmente no pueden expulsar a los agresores pero tampoco los pueden controlar, simplemente toleran una situación en la cual estos siguen atormentando a sus víctimas. 

¿Qué pasa entonces? Pues, es la familia de la víctima la que tiene que tomar acción desesperadamente porque el sistema no le da respuesta a lo que legítimamente se reclama, y no le queda más remedio que cambiar de colegio al hijo o hija. 

Fíjense, entonces, lo que hace la regulación tal cual está y como se aplica ahora. Pone la carga sobre la víctima, no sobre el victimario, y básicamente sanciona a la primera diciéndole: esto no lo podemos controlar así que, si no te gusta, pues encuentra otro colegio y ve tú cómo te adaptas. 

Esta, me parece, es una respuesta completamente insatisfactoria a un problema gravísimo como es el bullying. Yo no soy una persona, como saben quienes escuchan mi podcast, con una inclinación al punitivismo, pero tiene que haber límites. Creo que nos hemos ido a un extremo en el que reina la impunidad en muchos de estos casos y los propios profesores andan atemorizados de lo que les pueda pasar si se atreven a controlar la indisciplina de algunos estudiantes, porque incluso los padres les terminan demandando judicialmente.  

En mi opinión, esto se tiene que corregir. Tiene que regresar el principio de autoridad a los colegios, los profesores deben volver estar suficientemente empoderados como para proteger a las víctimas de bullying, y los padres de familia deben alzar la voz no para asegurarle impunidad a los agresores sino para garantizar que en sus comunidades escolares todos los alumnos puedan aprender en paz.

Salvo mejor parecer de ustedes.

MIS RECOMENDACIONES

Este último fin de semana dediqué mi columna en El Comercio a abordar la relación entre la sostenibilidad empresarial y la democracia. La dejo por aquí en caso sea de interés.

¿Sostenibilidad sin democracia?

Por Augusto Townsend, fundador de Comité y co-fundador de Recambio

Esta semana se está realizando en Lima la Cumbre de Perú Sostenible, el principal evento del año en materia de sostenibilidad empresarial. Cada vez son más las empresas que participan en este encuentro y muestran las iniciativas que están desplegando para impactar en sus comunidades y reducir su huella ambiental. Me entusiasma ver cómo la intensidad de los compromisos va aumentando con cada nueva edición. 

Quisiera, sin embargo, plantear una pregunta que puede resultar desafiante pero oportuna en ese contexto de mayor exigencia. ¿Debe la democracia figurar de alguna manera en las estrategias de sostenibilidad de las empresas?

Quizá convenga partir diciendo que ese no suele ser el caso. Las empresas que desarrollan estrategias de sostenibilidad suelen considerar tres pilares básicos: uno relativo a personas, que normalmente se enfoca en cómo valorar y beneficiar en mayor medida a quienes trabajan en la compañía; un segundo relativo a sociedad, que enmarca las iniciativas filantrópicas o de impacto que se desarrollan; y uno tercero relativo a medioambiente, que establece objetivos para ir disminuyendo o eliminando la afectación de la empresa en su entorno. Algunas que están en rubros con problemáticas muy específicas añaden un cuarto o quinto pilar según corresponda. 

Pero, ¿suele haber algo relativo a institucionalidad o democracia más concretamente? Tal vez en algunos casos contados pero no es frecuente. La explicación quizá esté en que no conviene tener en una estrategia algo que no se puede gestionar, y mucha gente en el sector empresarial piensa que la disfuncionalidad de la democracia es un tipo de problema que no se puede contribuir a resolver con las herramientas que típicamente tiene a la mano una organización empresarial.  

Yo no creo que este sea el caso. Muchas empresas ya tienen capacidades desarrolladas para gestionar desafíos con enormes niveles de complejidad. Varias operan en industrias con marcos regulatorios difíciles de navegar y con voceros o gremios representativos que necesitan intervenir técnicamente en el debate de políticas públicas aplicables a sus negocios. No saber qué hacer no parece una excusa razonable si uno realmente valora aquello que necesita hacer funcionar. 

O tal vez esté operando lo que los economistas conocen como “free-riding” o comportamiento del polizón. Algunos líderes empresariales podrían pensar que quienes deben ocuparse de los problemas más complejos o transversales son quienes tienen los bolsillos más profundos. Y aquí también estarían equivocándose. La disfuncionalidad de la democracia tiene que ver con problemas de oferta política, pero también de demanda, es decir, con el hecho de que los ciudadanos no ejercemos responsablemente nuestros deberes de cara a la sociedad.

Las estrategias de sostenibilidad suelen comprometer a las empresas con el desarrollo personal y profesional de sus trabajadores. Entonces, yo me pregunto: ¿no supone eso que se preocupen también de formarlos como mejores ciudadanos? ¿Que promuevan pensamiento crítico y reflexiones convocantes sobre el tipo de país que queremos y qué nos toca hacer para conseguirlo? ¿Que hablemos sobre los anti valores que son problemáticos para la empresa pero también, de manera general, para la vida en sociedad?

La democracia no solo requiere de reformas para fortalecerse. Necesita, sobre todas las cosas, de valores cívicos y de una cultura democrática que se impulse desde casa, desde la escuela y, por supuesto, desde el lugar de trabajo. Yo no creo que exista una sola empresa en el Perú que no esté en la capacidad de contribuir a ello, cuando menos promoviendo valores y dando el ejemplo.    

¿Sostenibilidad sin democracia?
Esta semana se está realizando en Lima la Cumbre de Perú Sostenible, el principal evento del año en materia de sostenibilidad empresarial. Cada vez son más las empresas que participan en este encuentro y muestran las iniciativas que están desplegando para impactar en sus comunidades y reducir su huella ambiental. Me entusiasma ver cómo la intensidad de los compromisos va aumentando con cada nueva edición.

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