Cómo The Matrix nos ayuda a entender lo que vivimos con las redes sociales

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Cómo The Matrix nos ayuda a entender lo que vivimos con las redes sociales

Cuando estaba en estudios generales en la universidad, un profesor de filosofía nos hizo ver la película The Matrix, que en ese momento era todo un hit, para explicarnos como René Descartes se preguntaba si estábamos viviendo en una suerte de ilusión creada por un genio maligno, que lo que veían nuestros ojos como la realidad podía ser solo un engaño o una simulación.

Y, en efecto, eso es lo que narra la película, una situación en la que los seres humanos estamos conectados a una simulación que sentimos que es real pero en realidad estamos en algún lugar enchufados a esta transmisión que es lo que las máquinas quieren que veamos mientras nos utilizan, en sencillo, como baterías. Y cuando al héroe de la película le hacen ver que esto es así, le dan a escoger entre tomar una pastilla azul, que implicaba quedarse en la comodidad de la simulación, o tomar una pastilla roja y enfrentarse a la realidad. Y Neo, el protagonista, toma por supuesto la pastilla azul, porque es mejor una realidad incómoda o desafiante que vivir en el engaño. 

Pues bien, ¿porque les cuento esto hoy? Porque creo que este símil al que recurría mi profesor de filosofía para explicar a Descartes,  nos sirve ahora para explicar qué implica vivir en las redes sociales. La película The Matrix podría haberse llamado The Algorithm o El Algoritmo y representar cómo lo que vemos en nuestras redes sociales no es la realidad sino lo que alguien más quiere que veamos. En este caso, son otros humanos en última instancia lo que controlan a las máquinas (los algoritmos) que determinan qué vemos en nuestras redes sociales, pero el efecto es parecido en el sentido de que nos hacen vivir un engaño, porque lo que hace ese algoritmo es mostrarnos aquellos contenidos que sabe que nos van a gustar, porque lo que hace es estudiar permanentemente nuestros gustos y darnos aquello que preferimos. Por ejemplo, nos sobreexpone a opiniones que son similares a las nuestras y nos excluye aquellas que piensa que nos van a incomodar, porque el objetivo de ese algoritmo es que uno se quede tanto tiempo como sea posible en esa red social de manera que este uno expuesto a más publicidad y así la empresa dueña de l red social haga más dinero. 

¿Qué es para mí, entonces, el dilema de la pastilla azul y la pastilla roja? Tomar la pastilla azul implica seguir conectado al algoritmo que nos hace vivir en una suerte de engaño donde todos opinan como nosotros y nos volvemos adictos a contenido que entretiene pero nos mantiene entumecidos en la superficialidad de las cosas. Tomar la pastilla roja, en cambio, supone desconectarse del algoritmo y volver a hacer algo que solíamos practicar mucho años atrás, vale decir, tener conversaciones presenciales con gente que no está seleccionada por alguien más para nosotros, sino que responde a nuestra curiosidad de conocer lo que es diferente o, a quienes piensan diferente, para aprender de ello aunque nos produzca algún nivel de incomodidad. 

Uno de los grandes retos de nuestros tiempos, pienso yo, es tomar esa pastilla azul y dejar de vivir en la simulación que nos ofrece el algoritmo, donde todo es entretenido y coincidente con mis prejuicios, y entrar al mundo real, donde hay gente que opina distinto que yo y quizá, quién sabe, hasta pueda tener la razón.

Si quieres ver la Reflexión del día en video, la encuentras aquí abajo:

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