Flashbacks de la segunda vuelta del 2021: reacciones a las elecciones del domingo
Si bien no sabemos todavía quién pasa a la segunda vuelta presidencial acompañando a Keiko Fujimori, porque al tiempo de grabar este podcast la diferencia entre Roberto Sánchez y Rafael López Aliaga es de solo 10 mil votos, ayer que el primero superó ligeramente al segundo en el conteo oficial de la ONPE, a juzgar por lo que empecé a ver en varios de mis chats en Whatsapp, fue como si hubiéramos retrocedido en el tiempo a aquel momento de extrema polarización en la que Fujimori disputaba con Pedro Castillo la segunda vuelta en el 2021.
Las segundas vueltas presidenciales dividen al país en dos, así que la polarización per se no es el problema. El problema es el tipo de discusión y de enfrentamiento que surge como resultado de esa polarización, y la experiencia del 2021 nos enseñó -o debió haberlo hecho en todo caso, que con asombrosa facilidad nuestras diferencias políticas pueden llevarnos a agredirnos o despreciarnos incluso en espacios que deberían ser seguros como los que uno comparte con familiares, amigos o colegas de trabajo.
Debimos haber aprendido varias cosas de aquella experiencia, pero al parecer no lo hicimos del todo. Uno ciertamente puede tener opiniones muy intensas sobre los candidatos que terminen pasando a segunda vuelta, puede considerar que alguno de ellos representa en mucha mayor medida un peligro para el país, y eso es válido y se puede defender con argumentos, pero el tipo de conversación que yo he vuelto a ver ayer, y que es la que me preocupa especialmente, es aquella que desprecia o insulta al votante que favoreció a esa candidatura que quien insulta considera que es la más peligrosa.
Porque ayer, tristemente, he vuelto a ver esos mismos comentarios que vi en el 2021 que señalan que los votantes de ciertas zonas del país son demasiado ignorantes para saber lo que les conviene o su nivel de inteligencia no les da como para darse cuenta de que están siendo manipulados. Estoy parafraseando de manera benevolente aquí, porque algunos comentarios que he visto son mucho más ofensivos y revelan, curiosamente, que quienes están siendo manipulados son quienes repiten esas narrativas.
Porque siempre es más fácil insultar o desfogar uno su propio fastidio que tratar de entender. Porque si uno realmente hiciera lo segundo, se daría cuenta que quien vota distinto que uno no lo hace necesariamente desde la ignorancia o fruto de la manipulación, sino desde la plena consciencia de que la opción política que a uno le puede parece la mejor, no se presenta como tal para ellos. Y la única forma de entender eso es poniéndose en sus zapatos.
El Perú es un país muy complejo con múltiples problemas que nos afectan a todos de manera distinta. Es verdad que el voto suele ser más emocional que racional -y esto es cierto de manera general independientemente del grado de instrucción de las personas-, pero no es completamente emocional, es decir, las personas suelen tener razones para votar como votan. Esta costumbre de tener que elegir por el mal menor se da a todo nivel, aun cuando no en todos los ámbitos se perciba por igual cuál es ese mal menor. Entonces, mejor sirve hacer el esfuerzo por entender cómo procesa esa situación un votante que está en una realidad muy distinta a la nuestra que simplemente tratarlo de ignorante.
Lo otro que he visto ayer, y que también es como un flashback al 2021, es gente diciendo que se va a ir del país. Esto me apena mucho escucharlo de personas que ejercen roles de liderazgo y que estuvieron y están en la capacidad de involucrarse más para cambiar las cosas en el país. Porque claro, algunas personas se acuerdan cada cinco años que el Perú es un país de enormes carencias y que eso incide comprensiblemente en la forma como votan los ciudadanos. Las personas que anunciaron en el 2021 que se iban del país y que lo vuelven a hacer ahora deberían preguntarse qué estuvieron haciendo los últimos cinco años y si fue relevante o no para encausar mejor al país.
En fin, lo más curioso de todo este flashback al 2021 es que, como les decía, todavía no sabemos quiénes han pasado a la segunda vuelta. Pero la sola opción de que sea uno u otro candidato, saca a relucir algo que muchas personas tienen contenido, o quizá no tanto, algo que están habituadas a decir, como tildar de ignorantes a quienes piensan distinto, y están tan habituados a que esos comentarios sean bien recibidos en sus entornos que terminan siendo ellos mismos quienes explican con sus actos por qué esos otros votantes votan como lo hacen. Quizá algo tenga que ver el hecho de que, si se sienten despreciados por uno, no van a elegir la opción política que uno mismo les está proponiendo. Al contrario, van a pensar que esa es la opción política que encarna en desprecio hacia ellos.
Más allá de quiénes terminen pasando a la segunda vuelta, si nosotros queremos participar en conversaciones sobre qué opción política es mejor o menos mala que otra, uno debe comprender que para persuadir a quien opina distinto no funciona partir desde el desprecio o la descalificación, sino desde la empatía y la capacidad de entender la perspectiva del otro para uno explicar su postura usando los códigos que conectan mejor con su interlocutor.
Por favor, demostremos que algo hemos aprendido de la última elección presidencial. Que podemos tener un debate muy válido sobre quién es una mejor opción para asumir la presidencia sin encuadrar ese debate como si los peruanos fuésemos enemigos entre nosotros y los que piensan distinto a mí son traidores a la patria o algo por el estilo. Y, dicho sea de paso, todo lo que acabo de decir, aplica para ambos lados.
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