Inaceptable: la cancelación de la Beca Bicentenario
Con todo el escándalo que ha habido por los estudiantes peruanos a los que Probabec ha dejado colgados al cancelar la Beca Bicentenario este año, quisiera tomarme unos minutos para explicar por qué los Estados invierten dinero -y ojo que he dicho invierten y no gastan- en becar a sus mejores talentos o a aquellas personas que, teniendo rendimientos académicos excepcionales, no están en la capacidad de pagar sus estudios.
Algunas personas ven esta situación como si el Estado les estuviese haciendo un favor a los beneficiarios de estas becas, como si estuviese -digamos- privatizando recursos públicos para favorecer a personas en particular. Y, evidentemente, los destinatarios de estas becas se benefician personalmente. Es gracias a esa acción del Estado, a la Beca Bicentenario en este caso, que pueden estudiar en las mejores universidades del mundo.
Pero no es por eso que el Estado invierte en becas, o no específicamente para ayudar a tal o cual persona. Lo hace porque la educación es un bien público en el sentido económico del término. Les explico.
Cuando una persona estudia en una universidad, por ejemplo, eso incrementa sus chances de salir adelante, de alcanzar el bienestar. Pero el que las personas estudien tiene también un efecto sistémico: genera capital humano para el país, trae conocimiento académico y práctico a nuestro país, genera redes y oportunidades que van mucho más allá de la persona individualmente que estudia.
Eso pasa porque el conocimiento es un bien público. Y aquí ojo que cuando digo bien público no estoy refiriéndome a bien de propiedad del Estado. Lo que caracteriza a un bien público en sentido económico es que es difícil o caro excluir a otros de su consumo y el que yo tenga algo no significa que otra persona no pueda tenerlo al mismo tiempo, es decir, es un bien de consumo no rival. Por tanto, la naturaleza de un bien público implica que no solo su titular se beneficia de él sino más personas.
Por eso es que la teoría económica señala que, lo que normalmente ocurre con los bienes públicos, es que van a ser provistos en menor cantidad que la necesaria. ¿Por qué? Porque quien invierte en ellos no puede apropiarse, en sentido económico, de todos sus beneficios, porque estos -como les decía- irradian sus beneficios más allá de quien gasta o invierte en ellos, es decir, producen lo que los economistas conocen como externalidades positivas.
Por eso es que en todas las democracias del mundo, los Estados invierten en alguna medida en la educación del país, porque saben que la educación tiene la naturaleza de bien público. Unos prefieren invertir en la oferta y tener educación provista por el propio Estado, otros prefieren invertir en la demanda y subsidiar el costo de estudiar -aquí entra el tema de las becas- y otros, como el nuestro, hacen las dos cosas. En lo personal, yo creo que es importante hacer ambas cosas, pero sobre todo valoro lo segundo, es decir, que el Estado subsidie la educación.
Esta es la razón por la cual existen becas financiadas por el Estado, y es una razón completamente válida y necesaria. Ahora, algunos se preguntarán: ¿por qué se hace esto con solo unas personas, unas 300 por año en el caso de la beca bicentenario? Pues, porque los países tienen restricciones presupuestarias, y tienen otros ámbitos en los que tienen que financiar otros bienes públicos, como la seguridad ciudadana o la salud pública. Pero, teniendo el Perú un presupuesto que despilfarra recursos en cosas injustificables, es realmente inaceptable que se recorte el financiamiento a las becas ofrecidas. Sobre todo porque el Estado peruano había empeñado su palabra de que iba a entregar estas becas. He visto ayer, por ejemplo, un testimonio de un estudiante afectado que contó que el propio Pronabec asistía a las ferias universitarias con stands en los cuales su propio personal motivaba a los estudiantes a postular a universidades extranjeras asegurando que este año se entregarían becas como siempre. Y varios lo hicieron así, motivados por el propio ofrecimiento del Estado, preparándose y gastando lo que fue necesario para entrar a las mejores universidades del mundo, y ahora les dan la espalda.
El Estado peruano ha decidido no invertir en esos chicos y chicas, para gastar en cualquier otra cosa. Fíjense cómo aquí sí cabe diferenciar entre los términos invertir y gastar. Y al tomar esta pésima decisión, no solo están perjudicando a esos chicos y chicas, sino que están perjudicando a todo el país, porque de su educación nos íbamos a beneficiar todos.
Qué pena realmente. Si algo debiera estar haciendo el Estado peruano es ampliando su financiamiento para becas, no reduciéndolo. Si en alguna capacidad puede suplir el sector privado el vacío que está dejando el Estado este año, pues habrá que aplaudirlo. Pero quiero ser bien claro aquí en decir que esta ES una responsabilidad del Estado y que es vergonzoso que se esté lavando las manos. Vergonzoso e inaceptable.
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