La discusión sobre cuán relevante para el ciudadano es el BCR
Una de las disputas que ha dejado la primera vuelta presidencial, en tanto candidaturas como la de Keiko Fujimori y la de Roberto Sánchez han buscado diferenciarse entre sí, es que el segundo ha cuestionado públicamente al presidente del Banco Central de Reserva Julio Velarde, dando a entender que, de llegar al poder, buscará sustituirlo desde el primer día por alguien que esté “más cerca del pueblo”.
En reacción a esta disputa, me ha llamado la atención ver comentarios de algunos periodistas diciendo algo así como: por qué el ciudadano promedio tendría que salir a defender a alguien como Julio Velarde si su trabajo está completamente desvinculado de sus preocupaciones cotidianas y es algo que, aparentemente, solo afecta o beneficia a las grandes empresas.
Detrás de interpretaciones como esta, hay que decir, existe profundo desconocimiento no solo por lo que hace el BCR, sino por lo que ha logrado este de cara al ciudadano en general. Ciertamente el banco central opera utilizando una política pública que es compleja de entender para quien no es especialista. Pero el resultado de esa política pública, y de su impecable aplicación por parte del banco central, es poder garantizar que la inflación no sea un problema para los peruanos. Y la inflación o, peor aún, su variante desbocada, la hiperinflación, es, como recordarán quienes vivieron los años ochentas del siglo pasado, lo peor que le puede pasar a un país, un fenómeno que golpea principalmente a los más pobres que tienen menos capacidad de adaptarse a la permanente subida de los precios.
Como dice el Banco Mundial, la inflación opera como un impuesto regresivo que aumenta la desigualdad en un país. Entonces, repito, esta idea de que el BCR solo trabaja para favorecer a las grandes empresas o que está desconectado de los intereses del ciudadano de a pie, es una de las cosas más insostenibles que se pueden decir en el Perú de hoy.
Quizá sea un efecto no deseado del propio éxito del BCR cumpliendo su función. Mucha gente está tan habituada a que haya estabilidad de precios que ha olvidado que ha una institución estatal, la mejor y más meritocrática que tenemos, internacionalmente reconocida por su capacidad y competencia, trabajando efectivamente para asegurar que eso sea así.
Como se dice, uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Yo puedo entender que entre personas que tienen diferentes posiciones políticas, haya preferencias distintas sobre qué perfiles poner cuando haya que elegir nuevos directores del BCR. Pero argumentar que la función de este es irrelevante para el ciudadano de a pie es bien temerario.
De hecho, yo afirmaría exactamente lo contrario: la institución pública que mayor valor le ha generado a todos los peruanos en las últimas décadas es, incuestionablemente, el BCR. Que Roberto Sánchez esté ahora desdiciéndose de lo que dijo en campaña, señalando que respeta la autonomía del banco central, creo que es indicativo de que la toma de conciencia sobre esto trasciende a las diferencias ideológicas. Y en buena hora, porque, independientemente del color político del gobierno entrante, todos necesitan que el BCR siga trabajando tan competentemente como hasta ahora, si de verdad les interesa el bienestar de los votantes.
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