La polarización en la campaña

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La polarización en la campaña

Quiero compartirles hoy un comentario sobre la polarización. De un tiempo a esta parte, hemos caído en cuenta de que la polarización es un fenómeno peligroso para las democracias, que puede llevar a que los ciudadanos de un país se vean entre sí como si fueran enemigos, que tienen posiciones políticas tan distintas que son esencialmente incompatibles, que una anula a la otra y que, por tanto, si yo permito que gane una elección, por ejemplo, un candidato que representa la opción contraria a la mía, eso supone un riesgo existencial no solo para mis ideas sino para mi forma de vida. 

Ok. Es importante empezar diciendo que la polarización no es un fenómeno peligroso en todos los casos, que debamos rechazar en todas sus manifestaciones. Previo a la primera vuelta presidencial que acabamos de tener, lo que teníamos era difícilmente algo que yo calificaría de polarización en sentido estricto, porque la ciudadanía estaba dividida en 36 o 35 candidaturas. Pero al pasar a la segunda vuelta, sí entra el país claramente en una dinámica de polarización, porque ahora estamos forzados a tomar postura respecto de dos opciones y estas tratan de presentarse como alternativas mutuamente excluyentes. 

Pero, pensemos que tenemos una segunda vuelta donde los candidatos deciden enfocarse en el debate de ideas, prescinden de los ataques personales, mantienen una base mínima de respeto en sus interacciones y en lugar se despreciar a los votantes de su rival, eligen tratar de convencerlos para que se pasen a su lado. Ese proceso termina con uno de ellos triunfando y el otro concediendo la derrota, pero ambos con la frente en algo, ambos con representación relevante en el Congreso, con lo cual tienen trabajo que hacer uno como Gobierno y otro como oposición, y sabiendo que en cinco años va a haber otra elección, porque la democracia es así, a veces se gana pero la mayoría de veces se pierde, como en los deportes. 

Lo que les quiero decir con esto es que el electorado de un país se puede dividir, se puede polarizar en dos opciones de cara a una segunda vuelta presidencial, pero eso no tiene que funcionar ni sentirse como si en el país se iniciara una guerra entre dos bandos que necesitan eliminarse entre sí. 

Cuando pensamos en la polarización como un problema es porque nos estamos imaginando un tipo de polarización, que ya conocemos bien en el Perú, que se vuelve tóxica, que hace que sintamos que nuestras identidades políticas son completamente incompatibles y excluyentes entre sí, de manera que cualquiera que piense o vote distinto que yo solo puede ser mi enemigo. Y al entender esto como una cuestión de identidad, se vuelve tan fuerte que incluso puede llegar a sobreponerse a temas que normalmente consideraríamos muy importantes, como nuestras relaciones familiares, amicales o de trabajo. Fíjense también que cuando uno siente que la persona que tiene enfrente es el enemigo, las formas y los buenos modales dejan de ser relevantes, porque al enemigo hay que castigarlo sin compasión y anularlo por completo. 

El miedo que le tenemos, espero, a este último tipo de polarización, que se ve fuertemente magnificada además por el efecto que tienen las redes sociales en cómo consumimos información y cómo debatimos, debería hacernos entender, más temprano que tarde, que es muchísimo mayor el daño que le hacemos al país y a nosotros mismos cuando entramos en esta dinámica. 

La alternativa no es, sin embargo, que debamos asumir que no tenemos discrepancias ideológicas grandes, que sí las tenemos. No podemos vivir tampoco en la ilusión de que no hay temas de fondo que polarizan, que llevan a que personas asuman posiciones muy distintas. Lo que debemos entender más bien es que, precisamente porque esa polarización se va a dar, necesitamos encauzarla de una manera que nos dañe lo menos posible, que evite los ataques personales y la ridiculización del que piensa distinto, que nos recuerde a cada paso que todos somos ciudadanos con iguales derechos y que hay formas de dialogar constructivamente aun cuando no nos pongamos de acuerdo y nos dividamos en el voto, que más allá de nuestras afiliaciones, seamos siempre capaces de reconocer la verdad, sea que esté en nuestro campo o en el rival, que no seamos soberbios o autosuficientes en el triunfo ni malos perdedores en la derrota. 

Todas estas son, dicho sea de paso, el tipo de virtudes cívicas que se requieren en un país para que haya una cultura democrática. Así que en los días sucesivos, que van a ser muy intensos, seamos conscientes del tipo de polarización que deberíamos evitar en nuestro país.

Si quieres ver la Reflexión del día en video, la encuentras aquí abajo:

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