Por qué los políticos no toman en cuenta los intereses de niños y niñas
Quiero celebrar esta mañana que el Gobierno haya corregido el despropósito de obligar a los colegios a pasar a clases virtuales para supuestamente ahorrar gas natural. Esto nunca debió hacerse porque los niños y niñas del país deberían ser los últimos en verse afectados por una situación como esta, porque su educación, distinto a lo que dio a entender la primera ministra, es un servicio esencial del Estado, y no da igual que las clases sean presenciales o virtuales.
Pero quiero aprovechar este caso para explicar un par de cosas importantes sobre la política. Lo primero es que en toda sociedad siempre va a haber intereses distintos, muchas veces incluso en conflicto, y a la política le corresponde tomar decisiones tratando de compatibilizarlos o congraciarlos en la mayor medida posible. El problema surge cuando uno de esos intereses tiene que ver con un grupo de personas que no votan, por ejemplo, los menores de edad en este caso. Los políticos suelen ser sensibles a cómo sus decisiones impactan en los votantes, sobre todo si estamos en época electoral, pero cuando los afectados por una decisión son los niños o niñas del país, el político puede pensar que su decisión no va a tener un costo político inmediato y por eso prefiere perjudicar a los niños antes que a los adultos que sí votan.
Esto es un problema también cuando los políticos toman decisiones que generan un beneficio en el corto plazo pero crean un problema más adelante, como cuando sobreendeudan a un país o permiten que se destruya el medio ambiente, porque eso va a afectar en mayor medida a las generaciones venideras y quizá ellos ya no estarán en el poder cuando estas reclamen por ello. En la política, no solo se deben tomar en cuenta los intereses que están en pugna en el presente, sino que también se tiene que tener una visión intergeneracional y proteger los intereses de quienes vendrán después.
Pongo otro ejemplo para explicar el problema. En el Perú, la tasa de anemia en niños supera el 40%. ¿Ustedes saben qué pasa con un niño o una niña que padece anemia en sus primeros tres años de vida? Pues, como consecuencia de ello, el cerebro de esa persona no se desarrolla cognitivamente como debiera y los efectos de ellos no se pueden corregir no importa qué haga uno después. Es decir, si la política no se preocupa por los niños con anemia, literalmente los estamos condenando a un futuro con menos oportunidades para alcanzar el bienestar.
Les comparto todas estas reflexiones porque el hecho de que los niños no voten en el corto plazo, genera estructuralmente una situación en la que los políticos pueden pensar es más conveniente sacrificarlos a ellos que a los adultos que sí votan. Y creo que esa es una de las razones por las cuales un gobierno como el actual llega a la conclusión de que, si alguien tiene que pagar los platos rotos por la crisis energética, pues que sean los niños.
Esto no debería ser así. Para empezar, creo que los padres y madres en el Perú podríamos -deberíamos- ser más vocales y alzar la voz cuando un Gobierno quiere sacrificar la educación de nuestros hijos. Pero no solo los padres de familia sino la sociedad en general debe entender que, precisamente porque no votan y no tienen cómo defenderse ellos mismos, los demás tenemos un deber de cuidado y una responsabilidad especial con los niños y niñas del país. No pueden ser la última rueda del coche. No pueden ser la parte débil por la cual se rompe la pita.
Pocas veces a uno le toca celebrar un triunfo de los niños y niñas del país, pero eso es exactamente lo que ha sido este retroceso del Gobierno, porque ha habido suficientes adultos dispuestos a exigir airadamente que no se les perjudique. Y en buena hora por eso, porque esa es la responsabilidad que tenemos los adultos.
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