Sánchez o López Aliaga: escenarios de segunda vuelta presidencial

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Sánchez o López Aliaga: escenarios de segunda vuelta presidencial

Uno podría pensar que, si pasa Roberto Sánchez, sería una segunda vuelta más parecida a la del 2021 que enfrentó a Fujimori con Pedro Castillo. Mientras que si pasa Rafael López Aliaga, quizá estemos en un escenario similar al del 2016 con Fujimori enfrentada con Pedro Pablo Kuczynski. 

¿Hasta qué punto es así y qué implicaría eso? La mera posibilidad de que ocurra lo primero ha traído flashbacks, como les comentaba el miércoles, de una disputa que estuvo marcada por el desprecio al votante. En señalar tajantemente que quienes votaban por una opción debían hacerlo por ignorancia y quienes votaban por la otra debían hacerlo por complicidad. Las alternativas se percibían ideológicamente o programáticamente como muy distintas entre sí. Fue una pugna por ver quién podía acumular más anti voto y las opciones fueron presentadas cada una como peligros existenciales para el país. No debe sorprender, entonces, que esa situación se sintió como un enfrentamiento entre peruanos, como si el país se hubiera dividido en dos y el que iba a votar por la opción opuesta a la de uno debía entenderse como el enemigo. El nivel de toxicidad con el que se manifestó esa polarización llevó incluso a que entre familiares, amigos o colegas de trabajo se pelearan a muerte o se dejaran de hablar. 

El escenario del 2016 se presentaba, más bien, como uno en el que las alternativas eran relativamente similares en lo ideológico y programático. Esto infundió al inicio una suerte de calma ingenua porque se pensó que entre los candidatos enfrentados se iban a tratar con cordialidad por su relativo parecido y que incluso podría darse que coordinaran entre sí para hacer una suerte de cogobierno, más allá de quién terminase ganando. Digo que esto demostró ser profundamente ingenuo porque, al no tener mucho espacio para diferenciarse en lo programático, y necesitaban hacerlo porque su objetivo era ganar una elección, lo que eligieron los candidatos en ese momento fue diferenciarse en cuanto a cualidades personales. Y la forma de hacerlo fue intercambiar descalificaciones. Kuczynski, que no era muy dado a esto último, finalmente cayó en el juego y su campaña empezó a presentar a Fujimori como una mala hija, a lo cual la campaña de esta última respondió también con agravios. Llegamos entonces a la insólita situación en la que, una segunda vuelta con opciones bastante parecidas entre sí, terminó generando una dinámica de polarización tan o más agraviante que aquella en la que los candidatos realmente fueron polos ideológicos opuestos. 

¿Qué es lo que les quiero decir con esto? No es mi intención decirles que uno de estos escenarios es mejor que el otro. Ya veremos cuál nos termina tocando y tendremos que gestionarlo. Lo que sí me interesa decirles es que hay muchísimas lecciones que sacar de cada uno. Porque lo disfuncional que ha sido la política peruana en los últimos 10 años se debe, en buena parte, a la dinámica que se generó en esas segundas vueltas que, siendo distintas entre sí, contribuyeron ambas a generar los problemas que ahora tenemos. Así que bien valdría la pena reflexionar sobre ellas y ver qué debemos aprender de cara a la segunda vuelta que se nos viene ahora. 

Si quieres ver la Reflexión del día en video, la encuentras aquí abajo:

https://youtu.be/IckQ0LtG8sY

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