Cómo el mecanismo de obras por impuestos puede servir para desarrollar obras de prevención del Fenómeno El Niño
Ha surgido la idea en el Gobierno de crear una modalidad express del mecanismo de obras por impuestos, que permita abordar temas urgentes como obras que se necesitan para enfrentar el Fenómeno El Niño pero también en materia de seguridad y para aprovechar saldos de obra pendientes de ejecución.
De esta manera, se buscaría reducir plazos al tiempo que se permite un control concurrente de la Contraloría.
¿Es esto bueno o no? Yo tengo, personalmente, una visión muy positiva del mecanismo de obras por impuestos. Creo que se ha identificado correctamente que cuando no existen las capacidades de los niveles subnacionales del Gobierno para sacar adelante proyectos de obra pública, el sector privado puede entrar a tallar desarrollando obras priorizadas por la propia autoridad estatal, siendo supervisado a cada paso para que se haga a costos razonables y con diligencia, y luego aplicar lo invertido como un crédito en el pago de los impuestos. Es decir, el privado hace la obra priorizada por cuenta propia, y luego se descuenta lo invertido del monto de los impuestos que debe pagar.
Dadas las carencias de gestión pública que tenemos en el Perú, esto es algo extraordinario, que incluso uno podría decir que está subaprovechado. Ahora bien, hubiese sido realmente valioso si ese fast-track para obras de prevención de El Niño se aprobaba no ahora sino en alguno de los gobiernos pasados, porque ahora ciertamente es muy tarde. Dudo que vaya a generar un impacto muy significativo en este Niño. Ojalá me equivoque.
Pero, con todo lo extraordinario que es el mecanismo de obras por impuestos, hay dos cosas que es pertinente discutir. Una es cómo darle más flexibilidad a la herramienta, promoviendo que se hagan no solo obras sino servicios por impuestos. A veces, construir solo la infraestructura física ayuda, pero resuelve el problema que tiene el Estado. Por ejemplo, poner una posta médica que no tiene doctores que atiendan, o un colegio que no tiene profesores. Yo creo que la evolución de este mecanismo debe ser hacia remunerar no el gasto en obra sino el resultado alcanzado, es decir, atenciones en salud, niños que reciben educación de calidad, reducción en la tasa de anemia, etc., dando pie a esquemas de asociación público-privada.
Y lo segundo es que el mecanismo de obras por impuestos no debe ser visto, en mi opinión, como una ruta de escape que nos inhiba de trabajar en construir aquellas capacidades de gestión pública que aquel intenta suplir. Eso se debe hacer sí o sí porque no todo se puede desarrollar con obras por impuestos. Que hayamos descubierto este camino, y que sea tan potente, no debería librarnos de la responsabilidad, como país, de tener un Estado funcional que pueda gestionar eficientemente este y otros mecanismos, según corresponda.
Por eso, no hay contradicción, por ejemplo, entre impulsar el mecanismo de obras por impuestos y tener, al mismo tiempo, mucho sentido de urgencia respecto de la necesidad de trabajar en la reforma del servicio civil. Lo ideal es que ambas cosas vayan de la mano.