El inicio del gobierno de Keiko Fujimori
La historia muestra que el poder puede descarrillar a una persona, cuando no tiene la madurez y el autocontrol para ejercerlo con responsabilidad. La, desde hoy, presidenta de la República, Keiko Fujimori, ha tenido mucho poder en el pasado. Tuvo 73 congresistas, lo
que le dio mayoría absoluta en Congreso unicameral del 2021, y en lugar de aprovechar ese gran poder para proponer cosas, se permitió ejercerlo desde una posición más obstruccionista al inicio, dejándose llevar por el resentimiento de haber perdido la elección presidencial. Este forma de actuar desde el rencor de haber perdido también la exhibió después de perder la elección del 2021, y aunque su bancada en ese Congreso estuvo lejos de la mayoría conseguida en el 2016, sí tuvo bastante dominio sobre la dinámica política en el Parlamento, sobre todo desde que llegó Dina Boluarte al poder, e instrumentalizaron ese dominio para hacer cosas que yo considero muy cuestionables, como un intento no tan velado de sacar o sancionar a actores incómodos del sistema de justicia, debilitar algunos mecanismos que este usaba para perseguir el delito, y elegir personas que no son precisamente independientes o imparciales en altas posiciones en los organismos constitucionalmente autónomos.
Ahora, también es cierto que Keiko Fujimori ha tenido momentos en los últimos diez años en los que el poder pareció habérsele esfumado. Estuvo tres veces en la cárcel con mandatos de prisión preventiva que, en mi opinión, fueron excesivos, en un caso que válidamente ha terminado cayéndose porque, si bien ella y su partido hicieron algo muy cuestionable (no transparentar las fuentes de su financiamiento), esto se quiso hacer pasar como lavado de activos, cuando legalmente no lo era.
Yo no he ahorrado palabras cuando me ha tocado criticar el desempeño del fujimorismo en los últimos años, pero ya les he explicado que no veo un excepcionalismo fujimorista, como ven algunos que miden a este actor político con una vara distinta que la que usan para otros. Veo, sin duda, antecedentes de conductas anti democráticas que preocupan mucho, pero al mismo tiempo reconozco que no ha “capturado” el Gobierno, sino que ha ganado legítimamente una elección, mal que le pese a quienes prefirieron que venciera la alternativa.
Cuando veo las personas que van a estar en la órbita del Gobierno, algunas que están, por ejemplo, en la bancada oficialista en el Congreso, me traen al recuerdo lo más cuestionable del fujimorismo de la última década. Otras que están entrando al gabinete, me generan ilusión porque las conozco bien, sé de su valía y sinceramente deseo que hagan una gran gestión, porque lo necesitamos para corregir el desmadre en el que se han convertido ciertos ministerios que otrora fueron islas de excelencia.
Keiko Fujimori va a ser finalmente quien incline la balanza. Podría gobernar desde una posición defensiva, desde el resentimiento como se le ha visto ejercer en poder en varios pasajes de la última década, o desde un ánimo más bien reivindicativo, como quien quiere demostrar que sí tiene las cualidades y la determinación para enrumbar al país en una ruta de cambios positivos.
Un sector de la opinión pública no le va a dar esa chance y va a estar esperando que falle. No es mi caso, ni respecto de este o cualquier otro gobierno. Yo sí quisiera esperar que la madurez política finalmente ha llegado a Keiko Fujimori, y que esta ha venido acompañada de un accionar más reflexivo que impulsivo, que la lleva a pensar en la trascendencia más que en la pelea menuda. Creo que en la campaña y en lo ocurrido luego de la proclamación, la presidenta electa ya ha mostrado algunas señales de eso. Ojalá se ratifiquen hoy en el mensaje a la Nación, y que un país que se va a aproximar a él desde ópticas ya polarizadas, vea más bien una apuesta por despolarizar y convocar, con garantías explícitas de autocontrol en el uso del poder. Ojalá sea el caso, y si no lo es, pues tocará hacer todo lo necesario para contrapesar ese poder y someterlo, como corresponde con cualquier gobernante al Estado de derecho y al cumplimiento de mínimos democráticos.
Felices fiestas para todos y todas. Ojalá tengamos un quinquenio en el que el Perú avance.