El partido de ayer entre Argentina e Inglaterra

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El partido de ayer entre Argentina e Inglaterra

Quisiera comentarles hoy sobre el partido de ayer entre Inglaterra y Argentina por la semifinal del mundial de fútbol. Quizá a manera de desfogue porque, debo confesar, yo quería que ganara Inglaterra, lo que probablemente me ubica en una minoría de peruanos que prefería ese resultado a la alternativa.

Empiezo diciendo que tengo enorme admiración por Lionel Messi como futbolista, a quien considero el mejor de todos los tiempos. Y siento que Argentina, como equipo, tenía y tiene todo lo necesario para llegar hasta donde ha llegado y para ganar la final. No es un equipo que requiera ayudas especiales, extrafutbolísticas, porque, como les digo, no las necesita. Y, sin embargo, estas sí se dieron a lo largo del mundial y fueron determinantes en varios casos. Enzo Fernández, quien mete el gol con el que Argentina empieza su remontada debió haber sido expulsado en el minuto tres por una agresión contra Anderson por la que ni siquiera recibió amarilla. Lautaro Martínez, quien anotó el segundo gol, podría haber estado suspendido para este partido si le ponían una segunda amarilla en el anterior por celebrar anti reglamentariamente. 

Hay demasiadas “coincidencias” durante el mundial que terminaron favoreciendo a Argentina. El que le hayan tocado rivales con menos jerarquía en la fase de grupos y su camino hacia la final, como si esto hubiese sido a propósito aunque, por supuesto, la FIFA dirá que todo fue el resultado de un sorteo. En que, por un mismo tipo de foul, expulsen a jugadores de otros equipos mientras que a los argentinos no les ponen ni tarjeta amarilla. El que, comprobablemente, haya sido Argentina el equipo más favorecido por el VAR, incluso con anulación tardía de un gol a Egipto mientras que no se revisaron jugadas similares en sentido contrario. La expulsión de Embolo en el partido contra Suiza por una simulación que sí existió pero usándose el VAR con un supuesto de hecho que no aplicaba a su caso. 

No señalo estas cosas para decir que Argentina no haya merecido, futbolísticamente, llegar a la final. Lo hago para explicar que, no siendo mi selección nacional, se me hace difícil simpatizar por el equipo que, todo hace parecer, FIFA quiere que gane el Mundial. Porque se me hace difícil simpatizar con FIFA en general. Siempre he tenido la impresión de que es una organización que se mueve por intereses económicos y que estos inciden en que la cancha no esté nivelada o se violen flagrantemente sus propias reglas. Es muy difícil no ver como un ejemplo de favoritismo, por no usar una palabra más dura, lo ocurrido con Folarin Balogun, la estrella del equipo estadounidense, a quien se le perdonó una tarjeta roja luego de que el mandamás de la FIFA Gianni Infantino recibiera una llamada de Donald Trump, a quien insólitamente se le dio previo al mundial un “premio FIFA a la paz”, pese a su país está bombardeando a otro que también juega el mundial y cuya selección ha sido maltratada de manera infame. 

Pero, en fin, estas son cosas que me han hecho difícil hinchar por Argentina en este mundial, y además porque siempre quiero que gane alguien distinto al que se llevó la copa anterior, y me hubiera gustado que fuera Inglaterra porque aprecio mucho a algunos jugadores suyos, en particular a un tipo extraordinario como Harry Kane, a quien quisiera ver levantando un trofeo, porque Jude Bellingham sé que lo hará más adelante.    

Previo al partido de ayer, se armó una polémica en la prensa inglesa porque el entrenador de su selección, el alemán Thomas Tuchel, fue muy crítico de su performance contra México y dijo que si ganaron fue por pura mentalidad más que por juego. Y luego confrontaron a Bellingham con estas declaraciones pero descontextualizadas, como incitando una pelea entre ambos. 

Pero es verdad que Inglaterra le ganó a México más por mentalidad que por fútbol. Y esa mentalidad fue lo que se necesitó ver ayer pero brilló por su ausencia, curiosamente, después del gol de Anthony Gordon que los puso arriba. Mucho se ha criticado al propio Tuchel, merecidamente creo, por los cambios híper defensivos que hizo, pero estos no fueron inmediatos. El gol de Gordon fue en el minuto 54 e Inglaterra se desmoronó asumiendo que solo le tocaba defenderse en su propia área por largos minutos, hasta que el propio Gordon fue cambiado en el minuto 73. Luego Tuchel sobre pobló su equipo de defensas en el minuto 82. Es decir, entre el minuto 54 y el 73, no fueron los cambios de jugadores sino el cambio de actitud o mentalidad que volteó la historia del partido. Inglaterra, que había empezado muy bien el partido y mostró superioridad clara al inicio del primer tiempo, metió un gol en el segundo y súbitamente se vio a sí misma como un equipo chico, que no podía seguir jugándole de igual a igual a Argentina. 

Y aquí la gran virtud que tienen los argentinos, que yo sí aplaudo y que la han venido evidenciando a lo largo del mundial, es que aún viéndose superado por la jerarquía individual de sus rivales, nunca dan un partido por partido. Lo que les falta a sus rivales, esa mentalidad ganadora, aflora en ellos cuando es más necesaria. Y son contundentes, porque tienen además al mejor jugador de la historia que, bordeando los 40 años, fue determinante ayer en los dos goles que les dieron la remontada. 

Por eso, en lo futbolístico Argentina es un justo ganador. Siempre se podrá discutir qué hubiera pasado si expulsaban a Enzo Fernandez en el primer tiempo, si Lautaro Martinez era suspendido en el parrido previo, etc. Pero lo cierto es que Inglaterra ya había estado en esta situación con México, con 10 hombres es verdad, pero no supo prepararse bien para enfrentarla de nuevo. Y los ingleses sabían perfectamente, por los partidos con Egipto y Suiza, que los argentinos hacen esto, con mucha efectividad además, y que nunca se les puede dar por vencidos. 

Así que, aunque yo no me sienta inclinado a hinchar por ellos, por una cuestión de merecimiento Argentina es un justo finalista. Yo voy a preferir, eso sí, que gane España este Mundial, y que los ingleses se reivindiquen llevándose la siguiente Euro. Veremos, entonces, qué pasa este domingo.

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