La denuncia periodística de Hildebrandt en sus 13 sobre el vínculo entre la presidenta Fujimori y el empresario argentino Damián Valenzuela
El semanario Hildebrandt en sus 13 publicó el viernes pasado un reportaje sobre la vinculación entre la presidenta Keiko Fujimori y el empresario argentino de 51 años Damián Valenzuela, quien estuvo en el hemiciclo el día del mensaje por 28 de julio y sale en fotografías conversando, por ejemplo, con el ahora ministro de Desarrollo Agrario Marco Vinelli. También mostró que Fujimori y Valenzuela coincidieron hasta cuatro veces en el spa Tomyko antes del cambio de mando.
Esto ha generado dos hipótesis. Una es que Valenzuela es una suerte de asesor en la sombra de Fujimori, y la otra es que es su pareja sentimental. Vinelli se refirió a la primera en una entrevista con RPP en la que reconoce que Velenzuela participó en la campaña pero que él “no sabría decir cuál es el grado de influencia que tiene”, que en todo caso habría que preguntarles a los vicepresidentes Luis Galarreta y Micky Torres.
Luego, la propia Fujimori aludió al tema en su transmisión en vivo de ayer domingo y señaló que ha tenido personas del extranjero que “generosamente han venido a colaborar en la campaña”, como el cubano-estadounidense Carlos Díaz Rosillo, el español Román Cendoya y el mencionado Valenzuela. No aclaró si estuvieron contratados como asesores, como que dio a entender que la apoyan voluntariamente o porque son sus amigos. También dijo que “hace tiempo me inventan relaciones” pero que desde el 28 de julio su compromiso es con el Perú y “ya después, quizá más adelante, podré pensar en otras cosas”. Aquí está respondiendo de una forma que no niega tajantemente una relación sentimental sino que sugiere, más bien, que podría estar en suspenso mientras dure su presidencia.
Finalmente, ayer apareció el ministro de Salud Luis Dyer en el programa de Milagros Leiva haciendo una defensa personal de Valenzuela, señalando que no es propiamente un asesor sino un consejero. Hildebrandt en sus 13 había dicho que Valenzuela o sus empresas tenían antecedentes judiciales en otros países por fraude y estafa, y Dyer mencionó que Valenzuela le había pedido que revele que le está enviando una carta notarial al semanario para que se rectifique pues, según él, no tiene condenas por delitos. Es bien extraño que, en lugar de defenderse él personalmente, pues mande Valenzuela nada menos que a un ministro como intermediario. Efectivamente, genera la sensación de que este personaje es más importante de lo que se reconoce y que hay aspectos de esta relación que no se están contando.
¿Es relevante que la prensa indague más sobre esto? Por supuesto que sí. Es importante saber quiénes influyen oficial o extraoficialmente en las decisiones de la presidenta. Por ejemplo, en la campaña algunas de las personas a las que Fujimori mencionó en su transmisión de ayer hablaban en los medios como si fuesen analistas independientes cuando no lo eran. Aquí había cuando menos un deber de transparencia.
Yo no encuentro mal que la presidenta tenga una relación sentimental mientras ejerza el cargo, si este fuera el caso, pero debe transparentarla o en todo caso reconocer más abiertamente que la está suspendiendo. Y si está siendo asesorada por empresarios extranjeros, es completamente válido preguntar quiénes son y pedir que aclaren sus antecedentes judiciales, si los tienen.
Nada de esto es excesivo. A Pedro Castillo válidamente se le exigió al inicio de su mandato que transparente su relación con Alejandro Sánchez, el empresario dueño de la famosa casa de Sarratea, que luego nos enteramos que era parte de un “gabinete en la sombra”. Si quiere alejarse de cuestionamientos de esa naturaleza, Keiko Fujimori tiene que hacer un mejor trabajo explicando sus amistades que supuestamente fungen de consejeros cuando coinciden en el spa.