La juramentación de los nuevos congresistas (parte 2)
El viernes pasado vimos jurar a los nuevos congresistas y, como siempre, la ceremonia estuvo plagada de todo tipo de invocaciones a presidentes de antaño, otros que se busca indultar, causas de lo más diversas y mucho histrionismo. Pero, ¿saben quiénes no suelen aparecer en los juramentos? Pues, los votantes y los distritos electorales a los que representan esos parlamentarios.
Se entiende que un congresista, al jurar, invoque a su dios, a sus padres o a sus mentores políticos, porque es como decir: dejo mi palabra empeñada en respeto a ellos, a quienes no pienso defraudar. No está mal, tampoco, que aludan a las causas que estuvieron presentes en su campaña, pero sería extraño ciertamente que esas causas no tuvieran nada que ver con los distritos electorales en los que postularon.
Es muy evidente que el Perú tiene una crisis de representación muy severa en lo que respecta al Congreso. Pero, en mi opinión, no es solo un problema de las personas que elegimos como congresistas. En mi opinión, el marco legal genera en parte ese problema porque, por un lado, dispone que los congresistas sean elegidos por distritos electorales, pero luego dice expresamente que aquellos representan a la nación y no a esos distritos electorales. Luego, al decir de manera general que no tienen mandato imperativo, es decir, que nadie los puede obligar a nada, terminan leyendo esto como si tuviera derecho a ignorar incluso lo que les exigen sus propios votantes.
Además, el sistema genera esta coexistencia confusa entre senadores que se eligen por regiones y otros que se eligen a nivel nacional, generando dos vínculos de representación distintos en una misma cámara. Y, luego, los distritos electorales a los que representan los diputados tienen cantidades muy diferentes de curules asignados, como Tumbes que tiene 2 y Lima 32. Es decir, un votante en Lima, por ejemplo, no tiene cómo saber cuál es “su” congresista.
Para mí, el problema que todo esto genera es que, en lugar de fortalecer, debilitamos el vínculo de representación entre el congresista y el distrito que lo elige, cuando debería quedar clarísimo, no solo cuando jura sino durante todo el periodo que ejerce el cargo, que su vínculo de representación es con esos votantes, que se debe a ellos y ellas.
Hay algunas reformas de fondo que yo creo que se tienen que hacer para corregir esto. Yo rediseñaría en mapa electoral para que en diputados haya distritos electorales más pequeños (binominales o uninominales) y modificaría el artículo de la Constitución que dice que los congresistas representan “a la Nación” para precisar que representan a los distritos electorales por los que postularon.
Y por lo mismo, en lugar de promoverse que los congresistas digan lo que les provoque cuando asumen el cargo, yo sugeriría cuando menos cambiar el texto oficial de la juramentación, que ahora es totalmente genérico, para que mencione explícitamente al distrito electoral que elige al congresista y que lo fuerce a jurar en nombre de sus votantes.
Un congresista que “representa a la Nación” tiende a ser uno que no representa a nadie, o, peor aún, uno que solo se representa a sí mismo.