La juramentación de los nuevos congresistas

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La juramentación de los nuevos congresistas

Hoy inauguramos un nuevo Congreso, con la juramentación de los diputados y senadores que nos representarán en los siguientes 5 años. No sería demasiado duro de mi parte decir que, en principio, no debería resultarles muy complicado hacer un mejor papel que el Congreso saliente, que ha tenido un desempeño francamente penoso en muchos aspectos.  

Yo tengo cierta confianza en que la restablecida bicameralidad ayudará a controlar en alguna medida la capacidad destructiva que han tenido los últimos Congresos, particularmente este que acaba. Pero eso dependerá de que se deje de lado el espíritu de cuerpo que ha permitido que, entre bancadas ideológicamente muy distintas, se apañen todo tipo de transgresiones. Yo mismo dije en su momento que el Congreso que acaba se comportaba como un cartel, en el sentido económico del término, porque había un concierto de voluntades, a pesar de las diferencias políticas, para aprobar cosas o dejar pasar otras que les convenían a ellos personalmente pero no precisamente a los ciudadanos que los eligieron. 

Ha sido penoso, por ejemplo, ver cómo el escándalo de los congresistas “mochasueldos” ha trascendido líneas partidarias. Lo concesiva que ha sido, una vez más, la Comisión de Ética Parlamentaria, que está pintada. La manera obscena como se ha incrementado el presupuesto del Congreso. Las gollerías que se permiten los congresistas y trabajadores parlamentarios. Los viajes que hacen por placer y que resultan irrelevantes para sus electores. La manera como desnaturalizan la semana se representación para irse de vacaciones pagadas. El ausentismo en el hemiciclo por haberse aprobado una regla absolutamente laxa de virtualidad. El que haya habido congresistas que se mandaron a mudar a otros países y supuestamente ejercieron el cargo desde allá. Los eventos ridículos que se hicieron en la instalaciones del Poder Legislativo por parte de congresistas que no tienen nada más importantes que hacer. En fin, hasta aquí solo estoy hablando de ejemplos de aprovechamiento del cargo sin entrar todavía al fondo de lo que aprobaron. Ah, y me olvidaba, esta es la primera vez que vi que se denunciara que una red de prostitución operaba en el Parlamento, caso que todavía no se ha esclarecido, pero que dejó una muerte muy sospechosa de una trabajadora parlamentaria sindicada en esta denuncia. 

Yendo más a temas de fondo, el Congreso saliente ha creado un forado fiscal impúdico, sabiendo que sus integrantes no tienen iniciativa de gasto por mandato expreso de la Constitución, pero aprovechándose convenientemente de una interpretación contraria a la literalidad del texto que aplicó sistemáticamente el Tribunal Constitucional que ellos mismos eligieron. Ha sido un Congreso que ha tenido una valla bajísimo en términos meritocráricos para elegir a altos funcionarios del Estado. No se explica cómo Josué Gutiérrez, ex abogado personal de Vladimir Cerrón, llegó a ser defensor del Pueblo sino fue como parte de una repartija o cuoteo de espacios de poder entre las bancadas, incluyendo la que ahora va a ser oficialistas. Esto ha sido particularmente reprobable por cómo que conformó una Junta General de Justicia a la medida y cómo se quiso antes expectorar a todos los miembros de esta y cómo sí se terminó sancionando a fiscales por el sentido de sus decisiones, todo lo cual revela un intento bastante evidente de afectar la autonomía del sistema de justicia y, por tanto, el principio de separación de poderes. No recuerdo un Congreso que haya buscado abusar tanto de su poder usando indiscriminadamente la herramienta de la denuncia constitucional. 

Y luego están, por supuesto, las llamadas leyes pro crimen. Yo les he dicho que no todas son cuestionables en igual medida, pero lo que es muy evidente es la intencionalidad de estos cambios no ha sido crear un sistema de justicia más garantista, sino habilitar algunas modificaciones que beneficiaban directamente a los políticos procesados penalmente o a sus partidos. Han legislado con tremendo conflicto de intereses y lo han hecho desfachatadamente. 

En fin, no me quiero extender mucho más, aunque habría material para hacerlo, pero sí quisiera decir que menciono todas estas cosas para hacer escarnio de un poder del Estado sino al contrario, porque creo que el Parlamento es el corazón de una democracia, y genuinamente quiero que rompamos esta tendencia en la que cada nuevo Congreso es peor que el anterior. Así que, a los nuevos parlamentarios que juran hoy, asuman esta responsabilidad con sentido histórico y genuino deseo de representar a sus electores antes que a sus intereses personales. Y hagan reformas, de manera transparente y en diálogo con los especialistas y la ciudadanía, pero empujen cambios trascendentales. No leyes pro-crimen o pro-gasto, sino leyes pro-derechos, pro-formalidad o pro-democracia. Ahí lo dejó, ojalá en cinco años no tengamos que repetir que el Congreso saliente fue peor que el anterior.

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