Los 100 años del nacimiento de Fidel Castro
El jueves de la semana pasada se cumplieron 100 años del nacimiento de Fidel Castro, el dictador cubano que estuvo en el poder desde 1959, cuando destronó a otro dictador, Fulgencio Batista, mediante una revolución, hasta 2008, en que le cedió el poder a su hermano Raúl. Falleció en el 2016, con 90 años de edad.
El caso cubano es, para mí, la demostración más palpable de cómo se puede romantizar una dictadura si uno comulga con la narrativa que la sostiene. En la cobertura periodística sobre los cien años del nacimiento de Fidel, he visto que muchos medios no se refieren a él como dictador, autócrata o tirano, todos términos que lo describen apropiadamente, sino como líder histórico, gobernante o, a lo mucho, personaje controversial.
Yo no tengo nada bueno que decir sobre el dictador que lo precedió, o sobre cómo EEUU intervenía en países latinoamericanos para asegurar que el poder estuviera en manos de resultase conveniente sus intereses. No apruebo tampoco los excesos de un embargo que nunca logró su cometido y terminó golpeando a los cubanos de a pie más que al régimen.
Pero me parece alucinante que utilicen eufemísticamente términos como “dignidad nacional” o “derecho a la autodeterminación”, que siempre aparecen en esta discusión, para justificar una dictadura. La narrativa del antiimperialismo no puede servir de carta blanca para que un régimen conculque a su antojo los derechos de sus ciudadanos. Si realmente creyese en la autodeterminación, pues habría elecciones.
Veo también que se utiliza para defender a la dictadura cubana el argumento de que tiene buenos indicadores de salud y educación, mientras que hay democracias que no lo hacen tan bien en estos aspectos. Una dictadura puede performar bien en ciertos ámbitos, pero si uno cree en los derechos humanos, no puede admitir que por enfocarse en unos, a una dictadura se le permita vulnerar por completo otros. Si los cubanos estuviesen dispuestos a aceptar esa transacción, puede deberían poder expresarlo en las urnas.
Por lo demás me resulta evidente que no es el caso, si uno revisa los flujos migratorios. No es que haya habido, desde que yo recuerde, muchísima gente queriendo entrar a Cuba, sino lo inverso. La economía cubana se va a contraer 6.5% este año y, según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, la pobreza alcanza al 94% de la población, repito, 94%.
Y claro, los apologistas de la dictadura cubana dirán que este se debe exclusivamente al embargo. Noam Chomsky solía decir que el objetivo de este último era evitar que se viera el “éxito” del modelo económico cubano. Mi crítica al embargo no es solo porque golpea al ciudadano de pie más que al régimen, sin porque ha servido -equivocada pero convicentemente en algunos ámbitos de la opinión pública- como sostén de una estrategia de victimización que no es tal, porque la razón central por la cual Cuba es un desastre económico es por tener una economía centralmente planificada, como en los regímenes verdaderamente comunistas de los solo sobreviven aquellos que operan como tiranías. Si pudo sobrevivir, de manera agonizante, por tanto tiempo es porque fue sostenida por subsidios de la Unión Soviética en un momento, y luego de la Venezuela chavista.
Cabe recordar que Cuba fue, en la época preindustrial del siglo 19, uno uno de los países más prósperos de latinoamérica, gracias a sus exportaciones de tabaco, azúcar y café. A mí no me convence en lo absoluto la romantización de Fidel Castro y la revolución cubana. Una Cuba democrática estaría mucho mejor que con esta dictadura que sigue vendándole los ojos a tantos.